Se hable de orígenes (asunto más controvertido) o de antecedentes, de la celebración de la entrada de mayo tenemos noticias remotas en las Floralia, fiestas que en Roma celebraban los tres primeros días del mes en honor de la diosa Maia, madre de Mercurio. Con mucho más detalle de la configuración actual de estas fiestas pueden documentarse ciertos ritos desde el siglo XIII, y de manera contundente desde el siglo XVI.
En buena parte de España, Portugal y Latinoamérica la bienvenida a mayo ha repartido sus alegrías entre tres elementos: el árbol de mayo, el mayo-canción y la maya-dama, coincidentes los tres en la interpretación de este mes como símbolo del emparejamiento amoroso, de la fecundidad y de la renovación de la vida.
Sabemos que desde hace al menos quinientos años en las plazas de villas y ciudades se “plantaba el mayo”, esto es, un pino alto y erguido, exento de ramas y hojas, que se constituía como eje de la fiesta y explicaba con fantasía el significado de la verga a todos cuantos a él se acercaban. Alrededor del árbol de mayo tuvieron lugar ritos decisivos: el sorteo de parejas (que, a veces atinadamente, resolvía timideces eróticas) y los corros de jóvenes que, saltándose las estrecheces de la moral cotidiana, podían darse la mano y comprobar si el tacto deseado era correspondido.

Al son de estos corros de mayo creció y se multiplicó el mayo-canción, que o bien exaltaba la emoción que en el cuerpo –y sólo en el cuerpo- produce el florecimiento de la primavera, o bien se decantaba hacia la alabanza de los atributos físicos de la mujer anhelada. De la primera vertiente son testimonio temprano los versos del Libro de Alexandre (siglo XIII) que en la rigurosa métrica del mester de clerecía dejan ya constancia de ello: “Sedié el mes de Mayo / coronado de flores, / afeitando los campos / de diversas colores, / organando las mayas / e cantando d´amores, / espigando las miesses / que sembran lavradores”. De la segunda opción quedan en la tradición oral sones memorables, muchas veces recluidos en los corros infantiles, como un Retrato de la dama que recogí en Jerez hace pocos años.
La maya-dama, reina de las fiestas primaverales, era una niña a punto de ser mujer a la que se encumbraba en un pagano altar, rodeada de flores y de tributos a lo que está a punto de nacer. Quien desde esta imagen evoque la silueta de las niñas de primera comunión que hoy andan por nuestras calles domingueras no anda descaminado.

Con estos mimbres campesinos y laicos se tejió la celebración de mayo hasta el siglo XIX. Hacia 1840 se añadió la advocación de mayo a la Virgen Madre de Dios, viniéndose a nombrar a mayo como mes de María o mes de las flores, y también por la misma época vino a sacralizarse definitivamente la fiesta, convirtiendo en cruces floreadas lo que hasta entonces habían sido fértiles y fálicos árboles. Es curioso anotar que en el mismo tiempo el primer día de mayo vino a erguirse como símbolo de las clases oprimidas, y que hasta 1936 los primeros de mayo se celebraron con meriendas y bailes campestres organizados por los primeros sindicatos.
Porque la verdad es que, sin que le estorben cruces y cultos marianos, el pueblo ha seguido dando la bienvenida a mayo con bailes, rondas, canciones, amor y panderetas. Por eso Miguel Hernández, a quien nunca encarcelaron la palabra, cantó en su Romancillo de mayo no las epifanías ni las virginidades, sino el olor a paja del amor en los establos, el suspirar de los asnos por las asnas, las noches de vidrio, las mañanas de miel, las serenatas y el aire rondando faldas.


Comentario de Aniceto Delgado (Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico): «Como siempre, un artículo magnífico. Corto, pero contundente. Me encanta».
Me gusta mucho como tratas el tema. Siempre me ha parecido que era una manifestación de ternura.
Precioso artículo que, como todos los tuyos, nos ayuda a comprender mejor los orígenes de nuestras tradiciones. Gracias por compartir tantos conocimientos.
Muchas gracias a todos. Escribir para caoCultura es un honor y un ejercicio de libertad. Sobre os mayos amorosos -para quien esté interesado- es imprescindible leer la obra de José Manuel Fraile Gil, «El mayo y su fiesta en tierras madrileñas». Saludos. ¡Viva mayo!
Una preciosidad de artículo. Con su permiso lo comparto
Muchas gracias a todos. Escribir para caoCultura es un honor y un ejercicio de libertad. Sobre los mayos amorosos -para quien esté interesado- es imprescindible leer la obra de José Manuel Fraile Gil, “El mayo y su fiesta en tierras madrileñas”. Saludos. ¡Viva mayo!
Cada vez que leo sus artículos aprendo algo.Gracias
Muchas gracias. Escribir para caoCultura es un honor y un ejercicio de libertad. Sobre los mayos amorosos -para quien esté interesado- es imprescindible leer la obra de José Manuel Fraile Gil, “El mayo y su fiesta en tierras madrileñas”. Saludos. ¡Viva mayo!