Clásicos básicos: ‘Trans Europe Express’ de Kraftwerk

Sus apariciones en espacios como el Museo Guggenheim Bilbao (2016) o el neoyorquino MoMA (2012) certificaron por enésima vez la perdurabilidad y consistencia de ese cordón umbilical que conecta al techno actual con su seminal proyecto. Ralf Hütter –único miembro original de la actual nómina– continúa rigiendo los destinos de la central eléctrica desde los estudios Kling Klang, ensanchando una leyenda cuyo primer viaje reseñable –antes publicaron una trilogía de dubitativos aunque crecientes álbumes– fue Autobahn (1974). Tras la detonación contenida en Radio-Activity (1975), su consagración creativa recayó en…  Kraftwerk. Trans Europe Express. EMI, 1977.

Abrieron los ojos como grupo en 1970, tutelados por los abiertos contornos estilísticos ligados al krautrock aunque sin volver la cara a la primigenia influencia de los Pink Floyd de Ummagumma y a las tendencias más pujantes de la música contemporánea, ligadas a referentes como Terry Riley o John Cage. Sus iniciales álbumes patentizaron la formación artística del tándem integrado por Hütter y Florian Schneider aunque la plasmación de sus ideas no lograra esquivar un irregular experimentalismo pendiente de mejor concreción. Autobahn anticipó la preeminencia del factor electrónico en detrimento de la ortodoxa instrumentación. Al año siguiente Radio Activity, su primer álbum publicado en Estados Unidos y registrado (con versiones en alemán e inglés, al igual que el resto de su discografía) en su propia base de operaciones, los estudios Kling Klang de Düsseldorf, ilustró una suma de electrónica y conceptualización donde el binomio hombre-máquina se fundía en un solo ente generador.

Cuajaba entonces el interés por el mundo de la comunicación como antítesis a la postura autista y autárquica, regida por los rigores de una rutina productora casi laboral. Y si coches y radios fueron los vehículos elegidos para escenificar la esencia comunicativa de precedentes álbumes, el tren simbolizó la consumación de su propuesta más dinámica e integral, definida desde una plena perspectiva electrónica en cuya trama se cruzaban sugerentes melodías e implacables ritmos. En mayo de 1977, Trans Europe Express mostraba en su portada a Ralf Hütter, Florian Schneider, Karl Bartos y Wolfgang Flur impecablemente vestidos y maquillados, dueños de una estética pulcra y austera, algo mesiánica e irónicamente sublimada, que se oponía, por estilo y sentido, a todos los paradigmas del convencionalismo rock y del coetáneo punk. Música, mensaje e imagen ensamblados en una personalidad inédita que destrozaba los arquetipos de la década.

De la danzante rebelión de los maniquíes de “Showroom Dummies” al cadencioso compás de ese viaje entre París y Viena con regreso a Düsseldorf que bautizaba el álbum –y donde se citaba con sutileza a Iggy Pop o al mismo David Bowie–, las siete composiciones exhibían una modélica conjunción entre minimalismo y pop sin prescindir de una pátina romántica destinada a realzar unos valores europeístas sintetizados en la explícita “Europe Endless”. Su claridad expositiva, libre de todo barroquismo y complejidad, unida a la efectividad del enlace entre ritmo, orquestación y melodía, resaltando su potencialidad de cara a la pista de baile, les abrieron las puertas de las listas de ventas, aportando al grupo un impacto inédito para un grupo de sus características. Un estatus social que normalizaría la estancia de la electrónica entre amplias audiencias, facilitando la posterior eclosión de algunos de sus alumnos.

Robots, ordenadores y calculadoras de bolsillo prolongarían en otros trabajos su singular relación con las máquinas, ensanchando las dimensiones de un modelo erigido en sincrético punto de partida del rico universo electrónico pop. Asumiendo con pleno derecho el rol electrónico que los Beatles jugaron en el pop, la incalculable nómina de corrientes y grupos influidos por sus enseñanzas sigue todavía hoy sumando partidarios.

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Salvador Catalán

Autor/a: Salvador Catalán

Desde hace más de veinte años desarrollo mi labor profesional en el ámbito de la gestión cultural universitaria. Durante este tiempo también he abordado una permanente colaboración como crítico musical en medios generalistas (Diario de Cádiz, Diario de Sevilla, La Voz de Cádiz,...) y especializados (Rockdelux) y como programador de festivales y ciclos musicales.

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