Pienso en Portugal constantemente y sus similitudes con Chile. Países que dan frontera al mar, mirando a sus continentes desde el sur del territorio.
Ambas tierras lograron formar su identidad con la palabra escrita. No todos poseen epopeyas, que en versos escriben la construcción de una aventura como nadie otro vivió. Dos ediciones de Los Lusiadas y La Araucana podrían ser puestas en una mesa mirándose una a la otra, y entre ellas se comunicarían. Mismo vértigo hacia lo infinito.
La conexión entre ambas naciones es más profusa cuando pensamos que Magallanes fue el primero en recorrer el estrecho que lleva su nombre, y su presencia forjaría la identidad del extremo sur. Posteriormente, Portugal reconoció la independencia de Chile en 1821. Al acercarnos a inicios del siglo XX Portugal crearía un profundo lazo con esta tierra, forjado gracias a la literatura.
Carlos George Nascimento, nacido en la Isla de Corvo en abril de 1885, la más pequeña del Archipiélago de las Azores, terminó emigrando a tierra sudamericana. Era uno de los seiscientos habitantes de su isla, y provenía de una familia con once hermanos. Su bisnieto, Pablo, dirá en una conferencia que ocho de esos hermanos ya estarán viviendo en Norteamérica cuando Carlos George vino al mundo el mismo año que se funda la Academia Chilena de la lengua.
Su arribo a este país no fue casualidad. Como parte de la esencia de los habitantes lusitanos, el viaje conforma más que una decisión, un destino. Navegantes noveles que miran el Atlántico buscando extender la vista hasta el Pacífico. Juan Nascimento, tío de Carlos, llegó primero a Chile a finales del siglo XIX, siendo dueño de una librería ubicada en el casco histórico de la capital. Sin querer seguir el mismo rumbo que sus hermanos en Estados Unidos, emprende aventura propia. Carlos George arribó en 1905 al puerto de Valparaíso. Ya en Chile, el lazo filial no fue suficiente para que su tío le ofreciera un trabajo, por lo que emprende por su cuenta, formando una familia en la capital del Biobío. Años más tarde, la muerte de Juan hará que el sobrino herede legalmente el negocio, al ser el único familiar directo en el país. Una casualidad que tendrá por consecuencia un hito trascendental en el campo literario local.
Conocido en Portugal como el “editor de Neruda”, Nascimento estuvo detrás de la publicación de los dos premios Nobel que posee Chile. Para ello el apoyo del portugués azoreño fue fundamental.
En 1924, Neftalí Reyes, verdadero nombre del ilustre poeta nacido en Parral, pero criado en Temuco, es un joven universitario aún inédito para las grandes masas. Ese mismo año, Nascimento publica 20 poemas de amor y una canción desesperada, considerado el libro de poesía en español más vendido de la historia, con millones de copias, reediciones y traducido a más de 35 idiomas. La relación entre poeta y editor se mantuvo hasta la muerte de Nascimento en 1966, oficiando Neruda de escritor de prólogos, antologador y traductor. Su ojo crítico fue siempre bien recibido por el editor, quien escuchó sus recomendaciones.
Durante su dirección, la editorial publicó más de cinco mil títulos, una cifra que se extendió durante la mitad del siglo XX apoyando no sólo al autor de Canto General, obra publicada en 1950, el mismo año que apareció en México, enfrentando la censura que existía con el otrora senador comunista. El portugués también fue el editor de la versión nacional de Desolación, primer conjunto de poemas de Gabriela Mistral, al publicar en 1923 a la profesora afincada en México, que ofreció al público por primera vez un compilado mayor de su obra lírica un año antes por el Instituto de las Españas, perteneciente a la Universidad de Nueva York, Estados Unidos.
Si hasta ahora el rol del portugués suena fascinante, su legado sigue siendo un secreto de pocos especialistas. Recién en 2013, el escritor chileno Felipe Reyes F. publicó la primera biografía del isleño, titulada Nascimento. El Editor De Los Chilenos, trabajo que casi una década después tuvo una nueva edición de la mano de la prestigiosa editorial Lumen, sin hasta ahora ser traducida al portugués. El libro da luces, tras una extensa investigación, de su relación con el ambiente literario local, dado que el migrante portugués dejó pocas pistas de su trabajo como editor. Podemos pensar en poetas como Huidobro, con quien publicó Vientos Contrarios (Nascimento, 1926), un libro de ensayos y aforismos, mientras que, con Nicanor Parra, eximio físico y antipoeta, presentaron a la luz Poemas y antipoemas (Nascimento, 1954), logrando que el panorama literario cambiara para siempre, tras tomar el lenguaje coloquial y común y golpear la mesa de la tradición poética.
Otro de sus grandes aportes fue su determinación de dar espacio a voces femeninas dentro de la literatura en un país machista y conservador. Una observación que no es hecha al azar. Mistral recibió el Premio Nobel de Literatura en 1945, siendo la primera escritora de América Latina en obtener este galardón. Pero recién en 1951 fue reconocida con el Premio Nacional de Literatura de Chile, siendo la primera mujer en recibir esta distinción, y la última poeta en más de setenta años, hasta el reciente galardón de Elvira Hernández en 2024.
Nascimento también publicó la primera novela de la también Premio Nacional, Marta Brunet, siendo Montaña adentro (1923) un retrato fiel del criollismo, mientras que María Luisa Bombal tuvo su respaldo con La amortajada, que apareció por Nascimento en 1938, y fue la primera novela en describir un orgasmo desde la versión femenina.
José Donoso, Oreste Plath y muchísimos otros escritores nacionales formaron parte de la larga lista. Un detalle no menor es que, hasta el cierre de la editorial en los años 80, 25 de los 27 premios nacionales de literatura aparecieron en alguno de sus libros, según la investigación de Reyes.
En Santiago, en el Paseo Ahumada 125, donde alguna vez estuvo la librería Nascimento hasta el año 1986, actualmente existe un café. Ninguna placa rememora que por allí pasaron las grandes mentes de la literatura nacional, y que en ella se reunían para hablar de literatura, historia y poesía. Lo mismo pasa en Concepción, donde no existen rastros del paso de Nascimento.
Pareciera que todos estos hitos harían de Nascimento un personaje a quien buscar cuando se necesita inspiración, alguien a quien admirar por su aporte voluntario y magna contribución al desarrollo de nuestra literatura, en una época marcada por el aparataje de la dominación cultural extranjera, mientras él apostaba por los escritores locales.
Uno acostumbraría a estereotipar que los países europeos saben honrar la memoria de los ciudadanos que han dejado huella a lo largo del mundo. Pero el navegante literario no ha recibido el mismo trato, ni siquiera en su tierra natal.
En julio de 2017, el periódico portugués Correio da Manha publicó que el Gobierno de las Azores decidió no adquirir la casa de la isla de Corvo donde nació Carlos George Nascimento. La razón que entregó el Ejecutivo regional a una petición hecha en la Asamblea Legislativa por Paulo Estêvão, diputado electo por Corvo, fue que la vivienda familiar “no justifica su adquisición en un futuro próximo”.
Por ahora, la biografía escrita por el chileno Felipe Reyes F. es el más completo homenaje que se ha realizado en honor al legado cultural de este gran editor. Si bien los chilenos nos describimos como un país con poca memoria, los lazos que atan a estas dos naciones debiesen ser suficientes para relevar a quien con humildad tomó una tarea que nunca imaginó, pero para la cual se preparó toda su vida, leyendo todos los libros que alguna vez llegaron a la Isla de Corvo. Quien alguna vez se tope con el nombre de Carlos George Nascimento, sepa que él es sinónimo de Portugal, Chile y literatura.




