Un bello corte de mangas a la infamia

Las luces y sombras del ser humano palpitan sobre las tablas del Gran Teatro Falla de Cádiz en la primera de las cinco sesiones del exitoso musical ‘Cabaret’.

“¿No es curioso que siempre acabe de la misma manera?”, se pregunta a sí misma y al mundo Sally Bowles, la pizpireta primera bailarina del cabaret berlinés Kit Kat Klub, un micromundo refugio de la abyección del entorno real, un reducto de jolgorio despreocupado donde la libertad está constreñida únicamente al ánimo de sus protagonistas, a sabiendas de que la existencia es un eterno regresar hacia ninguna parte. La huida pasa por sobreponerse al vértigo constante de la sinrazón.

Una historia de luces y sombras, reales y figuradas, que clama tanta actualidad que deviene en una agridulce paradoja mojada en ginebra cumplido ya medio siglo desde su estreno en Broadway (1966). Frente al escenario de este insólito Cabaret ha pasado público de toda edad y condición y en la noche del 27 de abril, la primera de las cinco sesiones programas en el Gran Teatro Falla de Cádiz, volvió a abrir sus puertas para mostrar al respetable de hoy un trozo de vida en una decadente Europa no muy alejada de las de las páginas de los periódicos de ayer.

El maestro de ceremonias interpretado por Armando Pita.

El maestro de ceremonias interpretado por Armando Pita.                                                                           Foto: Julio Sampalo.

Con un repertorio clásico y el frenesí incorporado en la figura del maestro de ceremonias, un espléndido Armando Pita en esta versión en español, Cabaret es un gran espejo donde se reflejan las luces y sombras del ser humano en un período muy concreto de nuestra historia reciente narrado a través de melodías, neón y alcohol, amores y desvaríos. Una amalgama de conceptos resumidos en la protagonista Sally Bowles, una Teresa Abarca magnífica y con unas cualidades interpretativas y vocales más que notables para dar alma a la evasión ante el mundo, en la primera parte del montaje, y al dilema de renunciar o seguir, ya en el tramo final de la obra. Le proporciona la réplica Alejandro Tous como el soñador racional Cliff Bradshaw, un escritor estadounidense de paso por Berlín en busca de las musas que acaba por convertirse en el anclaje de Bowles a la realidad, la horma de sus confiados tacones.

La acompañan en el trayecto hacia la infamia y perversión de valores que supuso el ascenso al poder de los nazis una reseñable Amparo Saizar como la casera Fräulein Schneider, Enrique del Portal como el frutero Herr Schultz y Ángel Padilla como el vil Ernest Ludwig. Por el camino composiciones deliciosas que se conjugan bajo la dirección de Jaime Azpilicueta y relatan lo frágil de la felicidad vivida sin condicionantes morales ni compromisos políticos. Un oasis del que tarde o temprano despertar agitado.

Un momento del conocido musical en el Teatro Falla.

Un momento del conocido musical en el Teatro Falla.                                                                                      Foto: Julio Sampalo.

Y en la memoria casi aforismos que nos llevan a pensar que en el Cabaret de nuestra vida en algún momento hay que atreverse a ser el primer actor o actriz de nuestra propia función. “¿Qué otra elección tengo?”, “Con dinero puede usted comprarse hasta el amor de su vida” o “No hay virtud si no hay que comer” son algunas de las máximas que los personajes de este celebrado musical lanzan como dardos hirientes al público entre escenas y casi sin percibirse, obnubilados por la majestuosidad del montaje. Pero el mundo continúa ahí respirando, acechante y siempre en un frágil equilibrio solo roto por unos enormes aplausos que dieron cuenta del éxito que está cosechando esta producción por los escenarios de todo el país.

“La vida es un Cabaret no hay más”. El resto son circunstancias, condicionantes y voluntades tan manejables o no como el destino al que de tanto en cuanto hay que hacerle un corte de mangas en aras de la supervivencia. Y si es a través del teatro como lo hace el elenco de Cabaret, aún es más gratificante.

Foto de portada de Julio Sampalo.
Julio Sampalo

Autor/a: Julio Sampalo

Julio Sampalo (Cádiz, 1983) es periodista, fotógrafo y licenciado en Publicidad. Durante más de una década, ha desarrollado su labor profesional en la prensa local de su ciudad, con una especial pasión: el ámbito cultural y sus protagonistas.

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