Renovar tópicos desde la cotidianeidad


A todo esto. Arturo Tendero. Pre-Textos. Valencia, 2023. 80 pp.

La cotidianidad ha estado muchas veces envuelta de un halo de sencillez, de tono cercano y coloquial, transparente en su léxico, que obedece al motivo de que el poema, entregado a la inmediatez, ejerza de efectivo hecho comunicativo a los lectores, y, por ello, ha estado ligada, equívocamente, a una poesía poco cuidada. En efecto, hay una poesía de la cotidianidad que no resta ni un ápice de laboriosidad, de conocimiento prosódico y retórico, aunque este sólo se aprecie al rasgar con una lupa analítica.

En estas lindes sobrevuela la poesía de Arturo Tendero (Chinchilla, 1961), quien, además de mantener a raya la actualidad poética con reseñas, ha publicado, fruto de la obtención de premios, entre otros los siguientes libros de poemas: Adelántate a toda despedida (2005), La memoria del visionario (2006), Cosas que apenas pasan (2008), Alguien queda (2013). Una trayectoria jalonada, incluyendo este último libro, con nueve publicaciones poéticas es un hito notable. De ahí que se deduzca que el poeta ha ido manteniendo un buen nivel en sus obras, logrando publicar en las grandes editoriales de poesía de mayor postín en el ámbito hispánico.

A todo esto (Pre-Textos, 2023) muestra desde el título ese afán que caracteriza al discurso poético de Tendero de cercano y coloquial. Nos invita a formar parte del poemario.

Consta el volumen de una cuarentena de poemas titulados, breves (sin exceder los cuarenta versos, que se agrupan entre una y seis estrofas). Su cohesión temática es orgánicamente unitaria.

Se trata de una poesía que trasciende la anécdota rutinaria por cuanto los lectores podemos comunicarnos con la experiencia del sujeto poético. Como señala atinadamente el crítico y profesor universitario, Ángel Luis Luján Atienza, “lúcida, límpida y precisa como es la de Arturo Tendero […] una poesía de la cercanía que […] nos acompaña con su acallamiento y su fidelidad, en la cotidianidad en la que nos reconocemos”.

Subyace en el motivo del fluir inexorable la condición de fragilidad y carencia del ser, la absoluta provisionalidad de la realidad. El modo en que Tendero transmite esa transitoriedad es directo, desnudo, alejado de los retoricismos románticos. Más cercano en su decir a Antonio Machado o Jaime Gil de Biedma. Por ello, en ocasiones, Tendero parte de un lugar común o frase hecha para llevársela a su terreno, invirtiéndola y, al cabo, actualizándola con un guiño irónico generando cierto humor, como podemos ver en la segunda época de Ángel González.

El empleo de la primera persona de plural nos hace partícipes a los lectores desde la primera composición. Incluso, el uso de la voz como un coro aporta condición de identidad dialogada, así concluye el poema inicial: “A veces no me entiendo con mis muertos / igual que no me entiendo muchas veces conmigo / pero aquí estamos juntos en este cuerpo todos, / lo mejor que podemos, en quien vive, hacinados”.

Incluso en la tarea cotidiana, el paso del tiempo está presente. Reténgase el ritmo al final de la lectura, pues Tendero muestra tendencia a romper endecasílabos, pensando, quizá, en una lectura más pausada, más cercano también al propósito de coloquialidad, de diálogo directo. Sea como fuere, el poeta albaceteño muestra predilección por el ritmo dactílico: “Yo era un niño / perdido / en el bullicio / de la gente esperando / un autocar o un tren”.

La mirada sobre sí mismo coloca al hijo en el espejo sin excesos dramáticos en una versión del Tempus fugit: “Por eso puedo ahora mirarte como ajeno / y juzgar que eres noble / tal como yo quisiera haberte modelado / si la vida no hubiera fluido tan deprisa / y tan descontrolada”. La rapidez de los hechos puede causar engaño, según leemos en el poema “Veloz”. El hecho de aprovechar el instante ofrece el asombro bastante como para renovar el Carpe diem, en “Espejo mágico”, uno de los poemas más líricos del conjunto: “Después de andar creyendo en tantas cosas, / apenas he aprendido / que la única magia de este instante / es mi anhelo de magia, / la intensidad de estar quieto mirando”.

De los poemas coloquiales, donde se muestra la confesión del sujeto, uno de los mejores tal vez sea “Relación de dones” donde asume una existencia azarosa y afortunada. Hecho que se corresponde con la conclusión de “Hombre de ningún sitio”, donde plantar el hogar ofrece el bien en la humildad de sus conciudadanos, como un replanteamiento del Beatus Ille. En correlación, la contemplación detenida de una pintura natural le revela una lección de la realidad, como se lee en “Hiperrealismo: que por fin logro ver: lo he descubierto”.

En clave literaria cabe entender “Montañero”: “Me apuesto todo entero en el afán / de auparme a una repisa, de emprender / un sendero seguro, una rutina / que me calme y conforme”. Y en clave crítica, “Abierto 24 horas”.

En otro magnífico poema lírico, “Heraldos”, dedicado a los basureros, el aprovechamiento del instante no impide que lo esencial se esfume, y con las cosas la misma existencia: “Dejadme que me halle, / mes estoy hallando al fin. / Muy pronto empezaré / a olvidarme en las cosas / pasajeras e inútiles”. A veces el lirismo del contraste que ejerce lo contemplado del exterior con el interior tiene su analogía entre el anhelo o deseo y su confrontación con el hecho o la realidad, en “Mayday”: “Como un corcho me alejo / con lentitud de ahogado / cada vez más adentro / en esta mar de plástico”. Es curioso que la sobreexplotación de realidad convierte al sujeto en irreal, como la visión fantasmal que ocurre en el poema “Buscando aparcamiento en zona franca”: “Que nada familiar me encuentre ahora / que me siento tan dueño / de mi propio extravío”.

La pieza erótica destaca en “Pleamar” de manera sutil, donde lo corpóreo asumen la energía que embarga al poema en endecasílabos. La pieza tierna se cifra en “Pietat”: “No tienes en los brazos a tu hijo. / Simplemente / no está y son Navidades. / Su vida es una estrella que reluce, / pero lejos”.

Bien, A todo esto, resulta poesía hecha al día, cercana, reelaborada con sutileza por Arturo Tendero, hasta dar la impresión de sencillez tras la que se ocultan reelaboraciones de mitos y un tratamiento clásico de la prosodia.

Autor

  • Jesús Cárdenas Sánchez

    Jesús Cárdenas es licenciado en Filología Hispánica, Programa de Doctorado de Ciencias del Espectáculo (Universidad de Sevilla) y Máster en Formación e Investigación Literaria y Teatral en el Contexto Europeo (UNED). Es autor de los libros de poemas: ‘La luz de entre los cipreses’ (2012), ‘Mudanzas de lo azul’ (2013), ‘Después de la música’ (2014), ‘Sucesión de lunas’ (2015), ‘Los refugios que olvidamos’ (2016), ‘Raíz olvido’ (2017) y ‘Los falsos días’ (2019). Varios de sus textos se han traducido al inglés, francés, portugués e italiano. Como crítico literario y periodista cultural colabora con diferentes revistas literarias.

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