Psicópatas en el poder

Aunque la gente suele confundir al psicópata con Hannibal Lecter, la mayoría de los psicópatas no son asesinos en serie, sino gente normal que pasa por la calle. En realidad muy pocos psicópatas llegan a matar a alguien, aunque muchos hacen daño de diversas maneras a quienes los rodean, de una forma cotidiana y poco llamativa. Los hay en todas las esferas de la vida; pueden ser tus vecinos o el policía de barrio. Yo mismo conozco a un poeta, con bastantes seguidores, que es un psicópata de manual, aunque estoy seguro de que no guarda cinco cadáveres en su desván. Aún así, es alguien con quien no recomiendo relacionarse.

51f98f4c008dc_620x0
Anthony Hopkins interpretó al psicópata caníbal Hannibal Lecter

El psicópata se distingue por su deshonestidad, su ausencia de empatía y de remordimientos, su pobreza emocional, un comportamiento irresponsable, un egoísmo extremo y la tendencia a mentir y manipular a los demás en beneficio propio, entre otras muchas características. Los hay que llevan una vida normal y hasta triunfan en su profesión y son respetados, aunque nunca dejen de propagar sus pequeñas pero devastadoras insidias. En fin, el hijoputa de toda la vida, con un matiz: el psicópata suele pasar inadvertido y a menudo parece encantador. Es un camaleón.

En este interminable desfile de grandes políticos y empresarios corruptos en que se ha convertido España resulta difícil no distinguir aquí y allá comportamientos claramente psicopáticos. No digo que todo el que roba sea un psicópata pero sí que algunos, muchos, no sé cuántos (habría que examinarlos uno a uno), presentan rasgos compatibles con la psicopatía: esa creencia en que hagan lo que hagan quedarán impunes, ese absoluto desprecio por todas las normas, ese narcisismo enfermizo, esa incapacidad para reconocer la propia culpa y sentirse en cambio, pese a todas las pruebas, víctimas de la envidia y la persecución. El psicópata también alcanza el poder y a veces llega muy alto. Maneja grandes caudales públicos, gobierna las instituciones. Qué indefensos estamos entonces todos los demás. Qué miedo.

Autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *