Pemán: ¿Bestia o ángel?

El anciano Pemán que saludó a Jorge Cafrune en un concierto en Cádiz a mediados de los años setenta se encontraba lejos del vergonzante escritor fascista que vomita el Poema de la bestia y el ángel, como otros vomitaron odas a Stalin y al totalitarismo comunista en tiempos de beligerancia incivil. No es aquel el mismo Pemán que si bien no murió demócrata, al menos sí evidenció en su pensamiento ciertos avances, que no conviene olvidar, que sacan al personaje de una visión simplista, la misma, en versión apologética, que manifiestan algunos propagandistas como forma de restaurar su memoria difamada.

Pero ¿cómo hablar de Pemán de forma reposada y moderada sin que te acusen los hostigadores del pensamiento libre a derecha e izquierda? Quizá el mejor punto de partida pudiera ser el libro Pemán, un trayecto intelectual desde la extrema derecha hasta la democracia de Javier Tusell y Gonzalo Álvarez Chillida.  Aconsejo este libro y no algunas hagiografías sobre el personaje, que también las tiene, y hacen muy poco por ahondar en un Pemán menos obvio, que es el que podía ser entrevistado en las páginas de Triunfo, revista que venía a representar cierta resistencia intelectual al régimen franquista. Diego Galán y Fernando Lara le preguntaban si se sentía liberal y Pemán asentía con estas palabras: “Hombre, soy de Cádiz. Allí el ambiente es liberal por naturaleza, un liberalismo moderado, un liberalismo educado (…) Hay un momento en que todo empezó en Cádiz, porque empezaron las Cortes, el parlamentarismo, la Constitución, el socialismo, la masonería, el romanticismo, la lotería, todo… Y la opinión pública que se formó paseando por la calle Ancha, después de las Cortes, comentando las cosas que se habían discutido en las sesiones…”

Esto lo dice Pemán en 1972 y también dice que la función censora es antinatural, irrealizable, del hombre con respeto al hombre. Se manifiesta monárquico y al juzgarse a sí mismo cita a su admirado Ortega y Gasset y en cómo pesan las circunstancias en las decisiones que conforman una vida, en el modo de comprender la toma de esas decisiones.

Pemán escribió en 1970 un aleccionador artículo sobre el problema de la lengua catalana que para él no era un problema sino una evidencia que los políticos convertían en problema: “Hablar o leer o aprender catalán es un hecho simplicísimo, se trata de beber un vaso de agua clara”. “Se es lengua -continuaba Pemán- cuando se tiene alojada en sus palabras una gran literatura. Nadie puede votar contra Rosalía de Castro, Verdaguer o Maragall. Son muchos los catalanes que aunque hablen perfectamente el castellano piensan en catalán”.

José María Pemán, junto a Cafrune.

José María Pemán, junto a Cafrune.

Esto lo dice el reaccionario Pemán, más avanzando que muchos falsos progresistas que se rasgan las vestiduras cuando escuchan que alguien habla o se expresa en catalán. El mismo Paco Alba, eximio autor del Carnaval de Cádiz, despreció la lengua catalana cuando condenó en una de sus letras a Joan Manuel Serrat por su espantada eurovisiva de 1968. El asunto “La, La, La” se dirimió como si de una cuestión de estado se tratara. Serrat apareció en publicaciones del corte de Solidaridad nacional como un traidor a la patria. Y Paco Alba tomó partido con Los senadores romanos atacando a Serrat por separatista y traidor a esa patria indivisible mientras Pemán lo defendía. Curioso cuando menos. Pero esto no suelen contarlo los detractores del otrora insigne escritor gaditano.

Condenemos a Manuel de Falla que tuvo una relación fraternal con el poeta. O a José Manuel Caballero Bonald que en sus memorias afirmó: “Siempre dije que después de su detestable arbitraje bélico ‘entre la bestia y el ángel’ Pemán acabó convirtiéndose en una persona honesta y generosa…”. También dudemos de Fernando Quiñones que lo tacha de señor con encanto en sus Fotos de carne, desdeñando, eso sí, su literatura. Reprobemos también a Adela del Moral y a Antonio Rivas que en 1986 -ya asentada la democracia- le dedicaron todo un coro de Carnaval: La viudita naviera, primer premio del Concurso del Falla. O a Paco Alba y su comparsa que salían en la obra de teatro y en la película homónima. Mandemos a la hoguera a quien llame a Cádiz “señorita del mar”, a todo aquel que no llame fascista o asesino al poeta que escribía mensajes desde el cerro y almorzaba con gente importante. Todos estos testimonios nos hacen ver que la figura de Pemán, su pensamiento, habría que juzgarlos con cierta perspectiva.

Allá por el año 1975 Pemán condenó los últimos fusilamientos del régimen. Gregorio Morán lo refleja en su libro desmitificador El precio de la transición. Era la época en la que Francisco Umbral lo veneraba y así lo dejó escrito, afirmando que en su larguísima posguerra y hasta su muerte Pemán fue un crítico irónico del franquismo desde su liberalismo donjuanista. Para saberlo léase Las palabras de la tribu de Umbral a quien también mandaremos a la hoguera por llamar a Pemán anarquista de derechas y por decir que Pemán era uno de los grandes prosistas de la Falange sin ser falangista, constándole al autor de Mortal y rosa que los falangistas y los franquistas le odiaban. Ahora -señalaba Umbral en 1994- los gamberros de su pueblo derriban su estatua algunas noches. Y en esas seguimos muchos anocheceres más tarde.

El autor de 'La viudita naviera' conversa con

Pemán conversa con el poeta José Manuel García Gómez y el editor de Everest.

No pretendo defender a Pemán pero tampoco denigrarlo. Sólo pretendo situarlo en un contexto determinado y valorar algunas de sus aportaciones a nuestra depauperada literatura local. Sólo eso. Desde luego opino en este caso desde el conocimiento y desde cierta vivencia personal. Porque mi padre, el poeta José Manuel García Gómez, lo trató y me habló siempre bien de él, porque en ningún momento creyó estar tratando con un asesino o con un fascista. En Pemán halló siempre un trato cordial y cercano.

Otros hablan de Pemán desde la más absoluta ignorancia sin haber leído una sola línea de su obra. Allá cada cual. No cabe duda que Pemán conectó en su tiempo con una audiencia popular como refrendó el éxito televisivo del Séneca al que Manuel Vázquez Montalbán dedicara un reportaje en Triunfo con el título Pemán y el Séneca, una tragedia liberal. Al menos Pemán-Seneca representaba en el pensamiento de la época –lo dice Vázquez Montalbán- una discrepancia amable con el régimen, pero discrepancia al fin y al cabo: “El Séneca es un liberal desganado que huye de las actitudes definitorias y un liberal desganado es cuanto precisaba TVE para la inversión aperturista: la contratación de Pemán, enfant terrible tolerable…”. Y anótese lo que terminaba diciendo Vázquez Montalbán de la serie y de Pemán a principios de 1972: “El Séneca es el más arriesgado empeño de Televisión Española para ponerse al día. Un empeño que pasó a peor vida porque Pemán fue sustituido como comentarista de España, siglo XX por Eugenio Montes y la ideologización mediante Crónicas de un pueblo. Uno añora los comentarios históricos de Pemán. En cierta manera eran más libres que los de Eugenio Montes, estaban menos condicionados por la coyuntura. O por decirlo con lenguaje de El Séneca: se ha pasado de un lenguaje de restauración a un lenguaje de reinstauración”.

Con todo lo que nos dice la foto con Cafrune, el encuentro amistoso de dos figuras antagónicas, y algunos siguen empeñados en llevarnos permanentemente al barrizal de la confrontación ideológica como en una pintura negra de Goya. ¿Para cuando una tercera España que pueda por fin representarnos? ¿Para cuando el fin de los partidistas ciegos o de los historiadores sectarios? Y esto nada tiene que ver con la memoria histórica que defiendo sino con las opiniones formadas y convenientemente meditadas. Y con Pemán, unos y otros, los panegiristas y los detractores andan dando demasiados palos de ciego. Y no, por mucho que digan, Pemán no era el carnicero de Hannover. Ni bestia ni ángel ni todo lo contrario. Umbral lo veía como un hombre bueno que hubiese sido feliz sin entrar en política escribiendo versos entre Jerez y Cádiz. Así también me lo describió mi padre y así debía yo retratarlo esta tarde de octubre tan lejos de aquella nevada que cayó en la ciudad e inmortalizó el denostado Don José María.

Luis García Gil

Autor/a: Luis García Gil

Luis García Gil (Cádiz, 1974) une en su ya amplia obra editada la literatura, el cine y la canción de autor. Poeta y ensayista, en su obra se han cruzado Woody Allen, François Truffaut, Joan Manuel Serrat y Clint Eastwood.

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