Cinco invitaciones a pensar (ensayos, aforismos, poéticas…)

Prosa musical. I. Historia y crítica musical. Gerardo Diego. Edición a cargo de Ramón Sánchez Ochoa y Elena Diego Marín. Pre-Textos, Valencia, 2014. 807 pp.

prosa musicalEs éste el primero de los dos tomos que recogerán los escritos sobre música de Gerardo Diego, hasta ahora dispersos y no incluidos en anteriores compilaciones de la obra en prosa del poeta santanderino. La música fue su primera vocación y en ella se inspira o fundamenta buena parte de su obra poética. De ese interés permanente son testimonio los artículos y ensayos reunidos en este primer volumen; que no sólo interesa por su contenido, lleno de rigor documental y de fundadas apreciaciones sobre el arte musical y sus artífices, sino también por su alta calidad literaria y por la luz que arroja sobre la sensibilidad del poeta, su formación, sus ideas estéticas y la permanente fuente de inspiración que encontró en la música y los músicos.

Son estos artículos, también, una excelente muestra del nivel que el artículo literario –como compensación, quizá, de la dificultad de hacer otro tipo de periodismo– alcanzó en España en los años que van de la inmediata posguerra a los que preludian la Transición: fraseo azoriniano, esteticismo y ocasionales expansiones de educada crítica al atraso del país o a su desconexión con la gran cultura europea; también, en este caso, abundantes confidencias personales, como la que desarrolla la primera impresión que Diego tuvo de los ballets rusos –verdadera piedra de toque de la sensibilidad vanguardista que profesaron en sus inicios los poetas del Veintisiete– o su devoción juvenil por Chopin. Esta edición impecable –cada vez cuesta más decirlo de la muy descuidada industria editorial española– supondrá sin duda una grata novedad para quienes conservan –y no se entiende lo contrario– la devoción por la obra de una de las personalidades más destacadas de la poesía española del siglo XX.

La pasión de la libertad. Nuevas conversaciones en París con José María Álvarez. Alfredo Rodríguez. Ediciones Ulises, Sevilla 2015. 301 pp.

Portada La pasión de la libertadDespués de Exiliado en el arte (2013), su primer libro de “conversaciones en París” con el poeta José María Álvarez, Alfredo Rodríguez estira la apuesta en un segundo tomo en el que pretende “ahondar aún más en cuestiones que no habían quedado suficientemente desarrolladas” en esa primera entrega. Lo que consigue no es tanto ese imposible ahondamiento –el poeta ya se explayó a gusto en el libro anterior–, como someter al entrevistado a esa especie de tercer grado ideal que todo lector curioso desea aplicar a los autores que admira, confrontándolos con sus textos e incluso poniendo de relieve –en este caso, desde la más absoluta admiración– sus pequeñas o grandes contradicciones. Se deja leer bien este libro, por tanto, como una antología comentada de la obra de Álvarez –abundan las citas, muchas de ellas de poemas completos–; aunque también hay espacio para que el entrevistado se extienda sobre su visión del mundo, el juicio demoledor que le merece la moderna sociedad de masas o la admiración que reserva a sus maestros (Kavafis, Gibbon, Hume…), a quienes dedica algún que otro párrafo memorable y más de una ardiente recomendación de lectura. Habla también el entrevistado de algunos lugares amados, como Budapest, Viena o el propio París que sirve de marco a estas conversaciones –y que proporciona, también, al paso de las muchachas americanas que visitan las librerías, alguna que otra agradable digresión en esta conversación de altos vuelos–. El resultado viene a ser una reivindicación de un modo de vivir ostentosamente reñido con el adocenamiento y la desmemoria cultural que parecen ingredientes fundamentales del igualitarismo moderno. No suena mal.

Utilidad de la belleza. Kathleen Raine. Traducción de Natalia Carbajosa. Vaso Roto Ediciones, Madrid, 2015. 99 pp.

web-cubierta-utilidad-de-la-bellezaEs éste uno de esos libritos que toda persona interesada en las artes debería llevar en el bolsillo –cabe perfectamente– y leer de él como se lee de un breviario. Dice cosas que deberían ser obvias, pero que, a fuerza de atender lo que dicen los artistas del día y los críticos de manivela, suele olvidarse. El símbolo y el mito –asevera Kathleen Raine (1908-2003), poeta y experta en el romántico William Blake– son elementos de un lenguaje primordial al que el moderno arte conceptual y racionalista –en su doble vertiente realista y abstracta– han dado la espalda, cortando así toda posibilidad de indagación en el fondo imaginativo del hombre y las realidades de orden metafísico o trscendente que dan sentido y valía a su vida. Privado de expresar esa verdad –equivalente a la Belleza– el arte queda reducido a vana gesticulación, o a descripciones vacuas –y, con frecuencia, desagradables– de una realidad degradada. Todo lo contrario de lo que hicieron los grandes artistas de los que Raine se siente deudora: Dante, Spenser, Milton, los románticos, Yeats. Quienes leyeron en su día Adiós, prados felices (Renacimiento, 2013), su excelente libro de memorias, no deben perderse éste, que es cómo la decantación teórica de las experiencias que determinaron la sensibilidad de esta grandísima poeta.

Mapa de ningún sitio. León Molina. La Isla de Siltolá, colección Aforismos, Sevilla, 2015. 75 pp.

Mapa de ningún sitioDentro de los libros publicados en la notable colección “Aforismos”, que ha puesto en marcha Ediciones de la Isla de Siltolá, hemos querido hacer parada en el menos voluminoso de los títulos incluidos en su primera remesa: un tomito de poco más de setenta páginas en el que “alienta –nos dice su predecesor en la colección, el poeta y también aforista José Luis Morante– un deseo de esclarecer la incoherencia de lo cotidiano y el lugar del sujeto en el devenir”. Todo ello, hay que destacarlo, desde un envidiable sentido del humor y una palpable ironía, volcada las más de las veces hacia el propio “sujeto” de este modo de pensar en destellos: “No seré siempre poca cosa; algún día no seré nada”, afirma León Molina (La Habana, 1959), autor del libro que comentamos. Y dentro del mismo espírtu, y casi emulando la facilidad para el juego de palabras de su compatriota Cabrera Infante: “No hay aforismo aforado”. Desde luego, éstos no lo son: destilan un sano espíritu crítico (“Al que no lleva razón le queda un recurso: pedir una votación”) y un igualmente saludable descreimiento (“El nirvana es un suicidio light”). Que no bastarían para sustentar el vuelo del pensamiento si no fueran unidos a una clara ambición filosófica y una muy poética melancolía, sin la cual la belleza “no es más que un decorado”. Se lee en media hora, pero da para mucho.

Manifiesto por un no lugar. Juan Carlos Mestre. Ediciones Liliputienses, Isla de san Borondón, 2015.

Juan-Carlos-Mestre.VersoLabHay siempre un elemento de desesperación en las poéticas y los manifiestos del ramo: pretenden acotar intenciones que rara vez se materializan en textos que estén a su altura; o al revés: intentan explicar las razones de un vuelo que la poesía a veces alcanza sin necesidad de muletas teóricas. La aspiración es loable, de todos modos; y no hay manifiesto o poética que no incluya un diagnóstico más o menos fiable del estado de la cuestión. En eso éste que nos ocupa no se llama a engaño: hay una palpable insuficiencia, desde luego, en los “artefactos estéticos del realismo sentimental”: y también mucho “estorbo biográfico” en gran parte de lo que se escribe. Tampoco da para mucho el “arma(toste) cargado de futuro de la teatralidad política”. En efecto, la poesía se mueve en las cercanías de ese “no lugar” al que quiere empujarla este exultante texto de Carlos Mestre. Y lo que allí sucede no puede describirse de otra manera que como “revelación”. Otras cosas –la esperanza, por ejemplo, o un redescubrimiento de la propia dignidad de quien indaga– nos saldrán al encuentro en el camino. Sea.

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Autor/a: CaoCultura

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