El mundo de ayer: Motown Records

“Lo único que me preocupaba era que mi música llegara a gente de todo tipo. Y si algunos no lo entendían, allá ellos. Yo sabía que, algún día, lo acabarían comprendiendo”. Berry Gordy Jr. fue un visionario y el proyecto que plasmó su éxito se bautizó en 1959 como Tamla y poco después como Motown (de Motor Town, su ciudad fundacional: Detroit) con el lema “El sonido de la joven América”.  Boxeador, soldado en Corea, propietario de tienda de discos y operario en fábrica de automóviles, Gordy se curtió como escritor y productor detrás de colosos tipo Jackie Wilson, pero fue Smokey Robinson, de quien fue descubridor y mentor, el amigo que lo alentó a poner en marcha su propia empresa bajo el rótulo de Hitsville.

Smokey Robinson & The Miracles.

Trasladando al ámbito artístico y comercial los fundamentos de la cadena de montaje que había conocido de primera mano, Gordy se alió con trabajo y suerte para forjar una sincronizada secuencia de músicos, compositores, productores, profesores, publicistas e incluso estilistas que dieron identidad y sonido a una marca dominada por la música negra, en una sociedad, recordemos, regida por los rigores del racismo y sus conflictos. A la postre, Gordy no se detuvo en su previsible cuota racial sino que se puso como objetivo que sus singles conquistaran también el mercado adolescente blanco, convenciendo a sus músicos de que ello era posible. El cambio de paradigma no solo impactó en la juventud norteamericana de los sesenta del pasado siglo, sino que fue evolucionado en décadas posteriores de la mano del sello, saltando de amoroso gesto a la reivindicativa proclama, impulsado por soul, pop, funk o psicodelia, hasta erigirse en leyenda.

Millones de páginas se han escrito desde entonces glosando su nacimiento, éxito y caída mientras la música de embajadores de la talla de Marvin Gaye, Four Tops, Temptations, Supremes, Marvelettes, Isley Brothers, Gladys Knight & The Pips, Diana Ross, Smokey Robinson & The Miracles, Stevie Wonder, Tammi Terrell, o Marta & The Vandellas sigue sonando décadas después en los dispositivos de los aficionados más exigentes pero también en las bandas sonoras de películas, anuncios o series que encuentran en sus maravillosas canciones un inagotable y atemporal filón. El rescate de su profusa y esencial discografía también es una constante y el último movimiento llega de la mano de la apuesta de Elemental Music, cuyo acuerdo con Universal Music Group para España y Portugal, viene poniendo en bandeja al aficionado al vinilo de 180 gramos algunas de las más inestimables piezas de su catálogo. Valgan algunos ejemplos recientes.

“Going To A Go-Go” (1965) fue el primer álbum que llegó firmado por Smokey Robinson & The Miracles. Los discos de The Miracles, a secas, ya habían dejado su impronta antes, pero el liderazgo vocal y compositor de William “Smokey” Robinson se impuso gracias a su exquisitez e inteligencia y a la carga emocional de canciones que retrataban como pocas el sentimiento amoroso. De hecho, fueron interpretadas por incontables colegas y este fantástico álbum las ejemplifica de la mano de bombazos como «Ooo Baby Baby», «The Tracks Of My Tears», «My Girl Has Gone” o el titular «Going To A Go-Go» que rescatarían los mismos Rolling Stones en su álbum en vivo “Still Life” (1982). Aunque la trayectoria de Robinson arrojaría cuantiosas evidencias de su talento, tanto con The Miracles como en solitario, este álbum fija un hito no solo en la crónica de Motown sino en la propia historia del soul.

El mismo Bill “Smokey” Robinson fue el encargado de producir para Gordy Records, subsello de Motown, “The Temptin’ Temptations” (1965), el tercer álbum para la marca de Detroit de The Temptations, una gloriosa formación que le depararía días de gloria y ventas. Aunque Elemental Music ya repuso en vinilo otras piezas fundamentales de su catálogo como “Psychedelic Shack” (1970) o “All Directions” (1972), esta rodaja ilustra a la perfección unos inicios definidos por su embriagador poderío vocal y un irresistible pulso rítmico, a cargo de una mítica nómina integrada por sus dos primordiales cantantes David Ruffin y Eddie Kendricks más Paul Williams – voz principal en “Don´t Look Back”-, Melvin Franklin y Otis Williams. Incluyendo en sus créditos píldoras como “The Girl’s Alright With Me”, “Since I Lost My Baby” o “My Baby”, el disco también incluía la firma en algunos temas del gran Norman Whitfield, quien acompañaría al grupo en un futuro cercano como productor y compositor en otras gemas de su itinerario.

Ese es el caso de “Masterpiece” (1973), referencia necesaria de una fase psicodélica en la que The Temptations dieron más protagonismo a los desarrollos instrumentales, encarnados aquí por los casi catorce minutos de la pieza que bautiza el álbum. Whitfield ya había comprobado el interés del mercado en estos extensos progresos gracias a singles precedentes como “Papa Was a Rollin’ Stone” y lo remarcó de nuevo, apoyado por los arreglos de Paul Riser, sin olvidar el formato canción de la mano de “Hey Girl (I Like Your Style)” o “Law Of The Land”; un territorio en el que muchos de sus componentes se encontraban – todo sea dicho – mucho más a gusto. Con Dennis Edwards, Richard Street y Damon Harris sustituyendo a Ruffin, Kendricks y Paul Williams, el productor acentuó su presencia, situando su nombre destacado en portada y su retrato en la contra, contribuyendo a dar cuerpo y sentido a un disco excesivo pero arrebatador, innegociable hijo de su tiempo.

Motown Records descubrió al mundo a muchos y cotizados grupos femeninos pero si hubiese que elegir solo a uno, muchos aficionados no tardarían ni un segundo en señalar con el dedo a The Supremes. Aunque luego su cantante principal, Diana Ross, antepondría su nombre al del propio trío en una etapa de menos popularidad, este “The Supremes A’ Go-Go” (1966) aún conserva el perfil grupal de una formación que rinde aquí tributo a partituras de la fabulosa terna integrada por los hermanos Brian y Edward Holland y el gran Lamont Dozier. No obstante, también se cuelan temas de Smokey Robinson, Lee Hazlewood (otro hit: “These Boots Are Made for Walkin’” que ya había convertido en éxito Nancy Sinatra) o el propio Berry Gordy con el popular “Money”, antes versionado por los mismísimos Beatles. Destaca ese número uno llamado “You Can’t Hurry Love” que, junto a otros éxitos como “Love Is Like An Itching in My Heart”, exhiben la seductora y refinada voz de Ross, maravillosamente secundada por Mary Wilson y Florence Ballard en este estupendo inventario de espíritu conceptual, análogo al de otros álbumes grabados The Supremes durante la segunda mitad de los sesenta del pasado siglo. Un trabajo con los dos ojos en la pista de baile y presentado por Elemental Music en versión mono.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *