‘Moonlight’: un ‘gangsta’ triste y azul

La segunda película del director Barry Jenkins no camina precisamente por unos paisajes radiantes y soleados –como podría esperase de una historia que transcurre en Miami– sino que pasea algo sonámbula bajo una sutil y melancólica luz de luna, aunque brille el sol de las mañanas de Florida. Esto último puede sonar extraño, pero se entiende mejor gracias al espíritu poético y anómalo de un filme que rompe esquemas y se aleja de los lugares comunes: hace que olvidemos que es una película de afroamericanos y que nos sumerjamos sin contraposiciones raciales –ni clasistas– en un drama de naturaleza universal, sin estridencias, sin sermones, sin juicios y con mucha –¿quizás excesiva?– sutileza.

Trevante Rhodes da vida a Chiro adulto en 'Moonlight'.

Trevante Rhodes da vida a Chiron adulto en ‘Moonlight’.

Basada en la obra teatral (dicen que bastante autobiográfica) de Alvin McCraney, In Moonlight Black Boys Look Blue (A la luz de la luna los chicos negros parecen azules), la película está dividida en tres actos sobre la vida de Chiron (el nombre del personaje protagonista), tres capítulos titulados “Little”, “Chiron” y “Black”, separados por grandes elipsis –que Barry Jenkins no ha considerado necesario explicar apenas– para la infancia, la adolescencia y la madurez. Tres etapas y tres actores para interpretar a la misma persona silenciosa, frágil, solitaria, indecisa… aturdida entre sus desgracias, el conflicto de su identidad sexual y la ternura de las pocas personas que lo quieren. Y nos da igual que transcurra en un suburbio de negros, de azules, blancos o amarillos, pues se trata de una historia sobre la vulnerabilidad, el abandono, la degradación, la violencia, el miedo, la ternura, la sexualidad, la intimidad, la supervivencia, sin grandes alardes ni exhibicionismos. Está claro que los autores han querido levantar lo valioso y trascendente a partir de lo pequeño con un espíritu minimalista. Hogar turbio, crack, acoso escolar, generosidad, traición, homosexualidad… son la esencia de las verdades sin estridencias de Moonlight, en lo que en definitiva es una historia sobre la construcción de la identidad.

Chiron adolescente (Ashton Sanders)

Chiron adolescente intrepretado por Ashton Sanders.

El propio Barry Jenkins ha establecido alguna conexión de su Moonlight con Boyhood (Momentos de una vida) de Richard Linklater, aunque el nivel de pretensión y el espíritu de la filmación sean radicalmente distintos: el rodaje de Boyhood se prolongó intermitentemente durante once años contando con los mismos actores protagonistas, mientras que el rodaje de Moonlight se ha desarrollado en el tiempo escaso de un ciclo lunar y con el protagonismo de unos pocos actores diferentes. El director también ha mencionado la conexión de Moonlight con determinada música negra norteamericana en la que los sampleos y remezclas de mucha delicadeza soul envuelven historias brutales y contundentes. Del mundo musical, precisamente, procede la polifacética Janelle Monáe (compositora, cantante, productora, actriz…) que hace un buen papel de reparto como Teresa, la novia de Juan (interpretado poderosamente por Mahershala Ali); una Janelle Monáe –no puedo evitar este paréntesis– que ya demostraba sus dotes interpretativas en los vídeos musicales de sus conceptuales trabajos (Archandroid, 2010; Electric Lady, 2013), tal y como podemos gozar, por ejemplo, mientras aguanta un primer plano (en crescendo emocional) en el vídeo de su canción “Cold War”.

El soundtrack de Moonlight respira el mismo tempo melancólico del guión, algo que no convencerá a los que esperasen pulsiones rítmicas más decididamente afro, pero que deja ver el cariño con el que se han elegido. Las canciones están claramente conectadas con la narración, aunque, por supuesto, con ese mismo tacto del que pasa de puntillas sin llamar la atención. Podemos destacar canciones como “Every Nigger Is a Star (“Cada negro es una estrella”), de Boris Gardiner; “Tyrone”, de la estupenda Erykah Badu; “One Step Ahead” (“Un paso adelante”), de Aretha Frankin; “Cucurrucucú Paloma”, en la versión de Caetano Veloso; y la muy significativa “Hello Stranger”, de Barbara Lewis.

Juan (Mahershala Ali) sosteniendo a Chiron (Alex R. Hibbert)

Juan (Mahershala Ali) sosteniendo a Chiron (Alex R. Hibbert).

Entre los actores y actrices destaca Naomi Harris (en su papel de Paula, madre drogadicta de Chiron) y el mencionado Mahershala Ali (premiado con el Óscar al Mejor Actor de Reparto), cuyo personaje protector de rasgos luminosos y al mismo tiempo sombríos, Juan, refleja perfectamente el espíritu lunar, sin subrayados innecesarios, de los claroscuros de la película.

Los actores que dan vida a Chiron en sus tres edades son Alex R. Hibbert (con el apodo de “Little”), Ashton Sanders (Chiron joven) y Trevante Rhodes (con el alias de “Black”). Éste último –aunque bien interpretado– es el que subjetivamente menos me convence, por el excesivo vacío de la gran elipsis en la que se define su transformación y por los rasgos tan incongruentes de su personalidad: la de un musculoso y curtido narcotraficante que encierra a un reprimido “gangsta” blue (“triste y azul”). También comprendo que éste era precisamente el mayor atrevimiento contra los tópicos que debía asumir la historia. Por ese arriesgado filo de la navaja que separa lo sublime de lo patético, la contención de la inexpresividad, lo romántico de lo cursi, ha sido capaz de caminar con equilibrio la película; y ahí radica buena parte de lo que para algunos será lo mejor y para otros lo peor de Moonlight. Por un lado se agradece que no busque la lágrima fácil, pero también se le puede reprochar que los silencios, el minimalismo y la introspección sean excesivos. Habrá que saborearla más de una vez. Su extraña luz deja huella, así que podemos “considerar” (recordemos que el significado etimológico de esta palabra es “examinando los astros”) que esa azulada palidez era la apropiada para una historia poética y lunática sobre la indefinición.

Juan Pablo Maldonado García

Autor/a: Juan Pablo Maldonado García

Soy licenciado en Geografía e Historia y siempre me ha gustado escribir y discutir sobre cuestiones evolucionistas, paleoantropológicas, históricas, astronómicas, filosóficas (pensamiento científico frente a oscurantismos y pseudociencias), teológicas (los monoteísmos y sus fraudulentas escrituras fundacionales); así como sobre otros asuntos más hedonistas de música y cine contemporáneos.

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