Meridiano McCarthy

La generación que Gertrude Stein erró al llamar de «perdida» se incrustó imbatible en las letras que se recogieron después en la tierra de las libertades. Antes que ellos William Faulkner ya experimentaba con las tripas del verbo narrativo. Volvemos al presente, y en el Instituto Santa Fe de California suenan a pesimismo, a verdad, los golpes de tecla, obsoleta Olivetti Lettera 32 de gastado color azul, entre teorías y dibujos de un mundo incomprensible.

En una de las cumbres de la ciencia y la tecnología, Cormac McCarthy (1933, Providence, Rhode Island, Estados Unidos) crea hoy, a sus 82 años, literatura inmortal.

Si Dos Passos o Steinbeck -testigos inquietos de uno de esos giros estúpidos por los que le da a la humanidad a cada poco- testificaron por escrito, McCarthy recoge los restos en el presente como heredero; y cuando Albert Erskine, editor ni más ni menos que de uno de los mayores creadores literarios norteamericanos y universales, el verbo que diría Ricardo Menéndez Salmón, William Faulkner, de la potentísima y cefalópoda Random House, recibe el manuscrito de El guardián del vergel (1.965), se convierte en el descubridor de una de las plumas más impresionantes del panorama literario de nuestros días.

Cuesta imaginar la relación que ambos, autor -distante y amable, se dice de él- y editor, mantuvieron durante aquellas primeras cinco novelas que bien pudieron ser escritas en Knoxville, Ibiza o Nueva Orleans, el pasado biográfico del autor se pierde entre la cantidad ingente de teorías, apenas unos pocos datos proceden de fuentes fiables. Lo que sí sabemos es que de ninguna de ellas se vendieron más de 3.000 ejemplares en tapa dura. La literatura, como ente vivo que es, hace su propia selección natural: 236.000 dólares (beca MacArthur) bastaron para dejar un pasado de sospechoso vagabundeo y que McCarthy pudiera regalarnos Meridiano de sangre (1985), ahí es nada, buque insignia de los seguidores del autor.

Javier Bardem protagonizó la versión cinematográfica de 'No es país para viejos.
Javier Bardem protagonizó la versión cinematográfica de ‘No es país para viejos.

La fortuna se muestra de su lado en el camino. Lector tardío y escritor casi por casualidad -su vida transita el tercio de bajada-, la popularidad viene de la mano de la distópic La carretera (2006; premio Pulitzer de ficción en 2007) -tras cuestionamiento razonable y cinematográfico de No es país para viejos (2005) por parte de los hermanos Coen- que bien pronto es adaptada al cine y los miles de ejemplares de sus obras empiezan a venderse como rosquillas, de pronto es un autor «popular» -la conocida directora de magazines en la televisión norteamericana, Oprah Winfrey, denostada por el mundillo literario del país, incluyó The road en su sección dedicada a los libros y en la que suelen frecuentar títulos de autoayuda y literatura más comercial; para sorpresa de sus lectores el autor no declinó la invitación a asistir al programa, la entrevista está en Internet-, lo que no es poca contradicción si observamos que su literatura obliga al esfuerzo del lector.

Nada cambia en el viejo McCarthy, sabe que su oficio es escribir.

Se inicia entonces idílico romance con el cine. Productores, directores y actores quedan prendados por su obra feroz (Tommy Lee Jones, Javier Bárdem, Matt Demon, James Franco, los hermanos Coen, Ridley Scott, entre otros, han manifestado públicamente el gran impacto que les causó la obra del autor).

Todos los caballos bellos (1.992), ganadora del National Book Award, primera entrega de la que se dio en llamar la Trilogía de la frontera (Le siguen En la frontera, 1994; Ciudades de la llanura, 1998) es dulcificada -y después merecidamente criticada- en la gran pantalla por Billy Bob Thornton. A destacar el trabajo del joven James Franco en el estudio cinematográfico de la obra de McCarthy, con inminentes novedades tras adaptar la tal vez inadaptable Hijo de Dios (1973). Se sabe que James Franco trabaja desde hace años en el rodaje de la adaptación cinematográfica de Meridiano de sangre, empresa que se antoja difícil. Algunos críticos señalan los paralelismos entre la novela y el film de Sam Peckinpah Grupo salvaje, de 1969.

Una escena de 'The sunset limited'.
Una escena de ‘The sunset limited’.

A destacar sus guiones, un verdadero maestro Cormac McCarthy en el texto dialogado, en The sunset limited, obra de teatro llevada al cine y protagonizada por Tommy Lee Jones junto con Samuel L. Jackson -complejo diálogo ético, filosófico y religioso, tras un intento de suicidio frustrado y que tiene como escenario la pequeña sala de estar de un apartamento en barrio marginal de Nueva York-, y The counselor, dirigida por Ridley Scott (grabada en España, en los estudios cinematográficos de Alicante y en la que se pudo observar la rareza de la presencia del autor, tan esquivo siempre para cámaras y micrófonos), inquietante historia en la que un abogado (Michael Fassbender) se ve envuelto en una trama de narcotráfico y en la que Cameron Díaz, probablemente, interpreta el mejor papel de su carrera en la piel de Malkina, personaje cien por cien McCathiano; en esta ocasión, femenino, una novedad. No me resisto a apuntar el detalle hacia el final del drama en The Counselor en el que una figura siniestra, narco viejo mejicano (Rubén Blades), invita a reflexionar al protagonista citando los no por conocidos menos certeros versos de Antonio Machado, caminante no hay camino/ se hace camino al andar.

No sale gratis leer a Cormac McCarthy. En sus historias la violencia y el caos son especias aseguradas; el caos como única ley universal posible, tal vez aquello que le costó a Einstein el resto de su carrera tras las teorías sobre la relatividad y que la matemática no ha sido capaz de responder todavía, la escurridiza luz al final del túnel que lleva a la teoría del campo unificado -el punto en el que se unen las fuerzas conocidas del Universo: electromagnética, gravedad, nuclear fuerte y débil-, el caos como el dios cuyo lenguaje no podemos entender; y la violencia, la forma que adopta el caos para manejar la materia y la energía; y en la materia y la energía los personajes de McCarthy, los escenarios, la incansable presencia del camino como concepto filosófico, siempre hacia el sur van los caminos en sus novelas, siempre, el mismo camino, cruzando una frontera espacial y que también es temporal, los viejos y los nuevos tiempos, pasado y progreso; no en vano es McCarthy miembro del consejo asesor del Santa Fe Institut, mucho más que una asociación multidisciplinar de científicos de vanguardia estudiosos de los sistemas complejos. El mensaje: sólo existe una historia, la de la lucha por la vida -la vida en toda su vasta complejidad- o la extinción, ya sea del individuo o de la colectividad.

No sale gratis leer a McCarthy por el amplio y complejo manejo del diccionario, la densa articulación gramatical y el contenido pesimismo visceral del autor devenido nihilismo violento. Es sin embargo una lectura imprescindible. Cormac McCarthy es la eterna promesa del Nobel que nunca llega, un clásico de nuestro tiempo. Es viejo, el maestro McCarthy, nadie mejor que él sabe que la mayor parte del camino ya le queda por detrás. Por lo pronto, y para alivio de quienes anhelamos más obra, 2016 promete nuevo título (no tiene desperdicio la forma en que se hizo pública la noticia). The Passenger, es su próxima novela, de un maestro, otra grieta en el Meridiano McCarthy.

Autor

  • Eduardo Flores

    Eduardo Flores (Cádiz, 1981). Autodidacta en el mundo literario ha sido soldado, estibador portuario y operativo de seguridad privada en África, entre muchos otros trabajos de lo más diversos. Es autor de los blogs literarios en internet 'La muerte del suspiro' y más recientemente 'La victoria de la carne'. En 2009 sus poemas formaron parte del libro colectivo 'Estrofalario' (Quorum Editores). Con la novela 'Una ciudad en la que nunca llueve' (Ediciones Mayi, 2013) hace su primera incursión narrativa en el mundo editorial.

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