‘Materiales por Derribo’: lo que estando no está

Lo que estando no está. Con esta frase se resume la intención final que hay detrás de Materiales por Derribo, la revista de cine que ha presentado recientemente su primer número, con el que inicia una andadura que esperamos y deseamos sea larga y exitosa.

La realidad no es solamente, y por decirlo de alguna manera, todo lo que hay delante de nosotros, lo aparentemente visible, lo que se nos aparece como existente, la realidad fenoménica, en nuestro caso, esta revista de cine que se acaba de presentar y los textos que incluye, sino también el conjunto de lo aparentemente no visible, de lo que siendo no es, de lo que estando no está. Y, ¿qué es lo que estando no está en Materiales por derribo?. Nos atreveríamos a contestar esta pregunta diciendo que la imagen. En este caso, las imágenes del cinema.

El hacer visible lo que está invisibilizado se hace imprescindible en un momento en el que multitud de imágenes, y no solo cinematográficas, nos rodean, abordan y desbordan por todos los lados, compareciendo desde múltiples y diferentes pantallas, siendo vistas desde múltiples y diferentes butacas y con origen en múltiples y diferentes plataformas. Consecuencia todo ello de la implantación de una tecnología, la digital, cuya explosiva presencia nos lapidó durante los últimos años del siglo XX desbaratando totalmente los mecanismos de verificación ontológica existentes. Digitalización que, por otra parte, ha propiciado la unificación electrónica de la Tierra, así como la reificación de la subjetividad y la aparición de un nuevo ordenamiento de la intersubjetividad. Decíamos: hacer visible lo que está invisibilizado, lo que está velado por las apariencias, para lo que posiblemente un primer paso sea dejar de lado, eliminar, las imágenes del cinema, la película en fotografías, de la textualidad que en concreto las refiere.

Materiales por derribo se suma así a aquellas revistas de cine que, para hablar de las imágenes del cinema, en sí mismas y en su relación con otras imágenes, suprimieron precisamente las imágenes, las fotografías, de su comparecencia. Tenemos en el pensamiento, en primer lugar, a Trafic, la revista que, fundada por el crítico cinéfilo francés Serge Daney, pone en escena su primer número allá por 1992. Trafic que va ya por el número 108, correspondiente al último trimestre de 2018, a la razón de cuatro números por año, incluyó en aquella primera aparición trabajos de filósofos como Giorgio Agamben o Jean Louis Schefer, cineastas como Jean Luc Godard, Joao Cesar Monteiro o Robert Kramer y teóricos cinéfilos como el propio Daney, Raymond Bellour o Jean Claude Biette. Lógicamente de las colaboraciones, unas se han mantenido, otras han desaparecido y otras se han incorporado, pero lo que no ha cambiado en todos estos años de existencia de Trafic ha sido la falta de imágenes, de fotografías, en sus páginas interiores que no en la portada donde siempre hay una fotografía. En segundo lugar, pensamos en Cinéthique, la revista francesa fundada por los críticos Jean-Paul Fargier y Gérard Leblanc en 1968 y cuya razón de ser, como dice Manuel Vidal Estévez, “no era sino defender a ultranza una práctica materialista del cine allí donde asomara, ya fuese referencial y políticamente explicita o no”. En tercer lugar, pensamos en Cahiers du cinéma, la mítica revista de cine que siempre ha caracterizado su edición por la cuidada e intencionada presencia de fotografías en su interior y una sola foto en la portada. Unicamente durante un corto espacio de tiempo, entre septiembre de 1972 y noviembre de 1975, eliminó las fotografías de sus páginas y portada. Espacio temporal que se corresponde con su adhesión al maoísmo y el abandono del estructuralismo, el marxismo y el psicoanálisis que la habían guiado los años precedentes. En cuarto, y último lugar, pensamos en Ça cinéma, revista que aparece en 1973 intentando llevar la práctica teórica a territorios no explícitamente militantes, a territorios, diríamos, académicos, desmarcándose así tanto de Cahiers como de Cinéthique inmersas, ambas, en los debates: cine e ideología y técnica e ideología.

Otra de las características que identifica a todas ellas es la presencia en la portada de los títulos de los trabajos incluidos en las páginas interiores, así como de sus autores, lo que no es sino traer a primer plano, en términos cinematográficos, o traer al proscenio, en términos teatrales, la autoría, sea colectiva o no, de unas producciones textuales cuyo referente es lo que estando no está, es decir la imagen. Al fin y a la postre traer a escena una de las claves, sino la principal, en el paso del clasicismo a la modernidad cinematográficas, la ‘política de autores’.

En un momento en el que la sociedad se haya presa de su memoria visual al mismo tiempo que de las fugaces imágenes (electrónicas) en los múltiples dispositivos de producción de sujeto existentes hoy en día, alejar la imagen, cuando se habla de imágenes (del cinema), nos parece sino necesario si, al menos, efectivo como mecanismo de distanciamiento que permita la aproximación a las mismas sin que el espejo de la pantalla la deforme.

Autor/a: Fernando Jiménez Molina

Comparte en
468 ad

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *