La cuarentena y la luna

Más nítido aún que el recuerdo del alunizaje, tengo el de los tres astronautas (Armstrong, Aldrin y Collins) comenzando su cuarentena al regresar a la tierra. Se asomaban por una pequeña ventana de cristal y saludaban sonrientes, ya no vestidos de astronautas, sino enfundados en unos monos que yo imaginaba cálidos y cómodos, como cálida y silenciosa y casi uterina (ahora lo pienso) imaginaba la cámara acorazada en la que iban a pasar los próximos cuarenta días aquellos hombres que habían perdido el lastre del peso de las piernas y de los brazos y hasta del pensamiento por la ausencia de gravedad de la luna.

Allí, en el regazo de mi madre, contemplando en el televisor el confinamiento de los hombres del espacio, aprendí la palabra cuarentena y su significado, y una y otro me parecieron tan gratos que no voy a mirar en la hemeroteca si realmente ocurrió así porque, de no ser verdad, se estropearía esta comodidad de la que ahora disfruto, viviendo la cuarentena que he anhelado tener durante cincuenta años, desde que vi a Armstrong, Aldrin y Collins detrás de aquella pequeña ventana de cristal.

Mientras que los astronautas pasaban su cuarentena la luna seguía girando alrededor de la tierra y, como ahora, explicaba en sus cuartos las veleidades de la fortuna. Durante nuestro confinamiento (que comenzó en luna llena y va camino de convertirse en una cuarentena de verdad) la luna pasará por cuarto menguante, será luna nueva, cuarto creciente después y, si todo va más o menos bien, de nuevo llena, vestida de gala para estrenar nuestra nueva libertad.

Miro la luna cada noche, después de los aplausos, y pienso en mis amigos mexicanos, hechos a aquella tierra desde que sus padres y abuelos españoles arribaron, en el exilio del 39, a un país tan cálido y cómodo como la cámara acorazada de los astronautas. Mis amigos de México contemplan la misma luna que yo y la parte exiliada de sus almas comprende lo imprescindible que fue eso para Juan Ramón Jiménez, quien desde el exilio de Puerto Rico dejó escrito que su único consuelo era tener la certeza de que desde aquella orilla contemplaba la misma luna de Moguer.

Estamos atados a la luna. Un hilo invisible nos hace títeres en sus manos, esa es nuestra verdadera condición, en realidad llevamos millones de años confinados en el globo terráqueo, las mareas de nuestras playas se llenan y se vacían según los caprichos de la luna, las mujeres dan a luz según la luz lunar y los adolescentes se besan según las sombras lunáticas. Solo atisbamos el libre albedrío en sueños y los sueños, de vez en cuando, los compartimos en forma de ficción, escribiendo sobre la luna, imaginando caminar sobre la luna, hablándole a la luna.

¿Qué va a ser de nosotros cuando termine la cuarentena y podamos deambular por la calle, pasear por el campo, hablar con los otros, sintiendo otra vez todo el lastre del peso de nuestros brazos, de nuestras piernas, de nuestro pensamiento? Mejor tomar conciencia de que la tierra es nuestra cámara acorazada, el útero cálido y cómodo, el traje de algodón que nos evita los arañazos de la libertad, el sueño eterno. Deberíamos sentirnos acompañados en esta tierra-cuarentena: el virus es de todos y la luna también.

 

Imagen de portada: Noche de luna. Emil Nolde (1914).

Autor

  • María Jesús Ruiz

    María Jesús Ruiz (Día de San Juan de 1962) es profesora de la Universidad de Cádiz, investigadora y escritora. Colabora en CaoCultura desde sus inicios con artículos sobre patrimonio cultural inmaterial, muchos de ellos recogidos en los volúmenes 'El mundo sin libros' (Lamiñarra, 2018) y 'Lo contrario al olvido' (Lamiñarra, 2020). 'Culantrillo llama a la puerta, poética del romancero infantil' (UCLM, 2023) y 'Poética del buceador' (Garvm, 2025) recogen sus últimas investigaciones sobre literatura de tradición oral. Ha editado parte de la obra teatral y poética de Alejandro Casona, y es autora del libro de relatos 'La música me hacía llorar' (Versátiles, 2022) y de la novela-ensayo 'Higinia: Pardo Bazán, Pérez Galdós y el Crimen de Fuencarral' (Huerga y Fierro, 2024). Más información en: https://asonante.webnode.es/

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