Cuando, al son del Himno de Riego, una gran bandera tricolor fue desplegada el pasado 18 de noviembre en la fachada de la Casa de la Memoria de Jimena, Juan González tal vez rememoró la última visión que de niño tuvo de su padre y su hermano, asesinados en el valle de la Sauceda al poco de ser ocupada por las tropas sublevadas contra la República. Andrés Rebolledo, nieto de un fusilado y presidente de la asociación de familiares de represaliados, explicó que hacía ochenta y cinco años que esta enseña constitucional no lucía en la principal calle de este pueblo. Pronunció su discurso ante una urna que había estado escondida durante ocho décadas en un emparedado de este edificio con un acta notarial de los resultados de las elecciones locales de 1931, que abrieron el camino al régimen republicano. Esta ceremonia simbólica, con sus connotaciones históricas y sentimentales, abría las puertas de un inmueble que ya alberga la memoria de quienes desaparecieron por la fuerza en el otoño-invierno de 1936 tras defender el último reducto republicano de la provincia de Cádiz y la zona limítrofe de Málaga frente a los golpistas, que terminaron asolando aquel bosque de alcornoques, que la leyenda asocia a un tradicional refugio de huidos y desahuciados desde tiempos remotos.

La Casa de la Memoria culmina en verdad un proyecto denominado “Fosas comunes de la finca del Marrufo”, que se inició con unas prospecciones en 2011, por iniciativa del Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar, con la colaboración de otras asociaciones, y que continuó en 2012 con la localización de siete fosas comunes en dicho cortijo del término de Jerez –en el límite con los de Jimena, Ubrique y Cortes– y la exhumación de 28 cuerpos de personas asesinadas en aquel lugar. Ese fue el resultado de una actuación dirigida por el arqueólogo Jesús Román Román, con el concurso de otros especialistas –como el antropólogo físico Juan Manuel Guijo– y familiares de las víctimas y voluntarios.
Ahora, en esta casa se estudia y se divulga todo lo que significó la experiencia histórica de la resistencia republicana protagonizada por los vecinos del lugar y los desplazados hasta allí que huían del avance de las tropas sublevadas, y que tuvo como hitos trágicos la ocupación de la zona por cuatro columnas rebeldes bien pertrechadas, procedentes de cuatro puntos diferentes de la provincia y que confluyeron en el valle tras el bombardeo de la aldea de la Sauceda –que fue completamente destruida–, la reclusión masiva de personas en el acuartelamiento militar instalado en el Marrufo, convertido en campo de concentración, y los fusilamientos de decenas de represaliados sin juicio previo.

La creación de la Casa de la Memoria, ubicada en el número 53 de la calle Sevilla de Jimena, muy cerca del Ayuntamiento, tiene una característica fundamental, y es que ha sido resultado de una iniciativa de la sociedad civil organizada, no solo desde el punto de vista de su ideación sino también desde el de su financiación. Ha sido posible gracias a la asociación de los allegados de las víctimas y a la aportación económica de un nieto de uno de los fusilados, y ha sido también resultado de un trabajo colaborativo entre familiares y especialistas (historiadores, arqueólogos, antropólogos físicos, periodistas, etc.).
La finalidad que da sentido a la Casa de la Memoria es la de convertirse en un centro de investigación de referencia y de difusión sobre la memoria histórica con carácter general. Para el estudio de esta materia, cuenta con una biblioteca, abierta con 1.500 volúmenes –la mitad, donados por los herederos de un profesor militante antifranquista, Javier Núñez; el resto, nutrido con aportaciones particulares e institucionales–, y un archivo, con documentación reprografiada de distintos archivos nacionales, provinciales y municipales; fondos hemerográficos de la clandestinidad, la transición y la democracia; y fondos audiovisuales, con documentales y archivo sonoro. Para la difusión, ya ha iniciado un programa de actividades didácticas y divulgativas: cursos, seminarios, visitas guiadas a escolares y otros colectivos, publicaciones, exposiciones itinerantes, además de una exposición permanente, que aborda los temas de la Sauceda y el Marrufo, la guerra civil y la represión en el Campo de Gibraltar, el Camino de los Prisioneros y la guerrilla antifranquista.

En este edificio se recuerda y se estudia lo que les ocurrió a personas que, como el padre y el hermano de Juan González –que relató en el documental La Sauceda, de la utopía al horror, dirigido por Juan León Moriche, cómo fue el bombardeo de la aldea y la desaparición de sus familiares–, fueron víctimas de la represión franquista, cuyos delitos no han sido investigados por la justicia española pero que han encontrado una vía de reparación en la “querella argentina”, abierta por una jueza del país latinoamericano.
Fotos: Fernando Sigler.

