Kirk Douglas cumple cien años

El pasado viernes 9 de diciembre el actor Kirk Douglas cumplió cien años; lo que viene a recordarnos, no solo el esperanzador dato de que un número ciertamente reducido, pero no insignificante, de seres humanos alcanza esa edad, sino también que todavía existen testigos vivos del ciclo de excelencia artística que llamamos cine clásico norteamericano; y que hoy, por mor de un extendido prejuicio contra todo lo que no se ajusta al acabado visual de las producciones actuales, va quedando progresivamente reducido a objeto de estudio y culto de una minoría.

Kirk Douglas es uno de los rostros que asociamos a ese periodo; en concreto, con la fase del mismo que se inicia con la reincorporación al mundo del cine de los jóvenes aspirantes a actores que habían participado en la Segunda Guerra Mundial. Hubo incluso un género cinematográfico consagrado a las vicisitudes de quienes habían sobrevivido al conflicto, como hubo en la Grecia antigua un género literario dedicado a contar las de los héroes que volvían de la guerra de Troya. Entre 1945 y 1950, en efecto, hubo películas que se atrevieron a insinuar que el enemigo al que se había combatido tan eficazmente en el exterior tenía también sus valedores en los propios Estados Unidos. De esa sospecha surgieron la cimera Los mejores años de nuestra vida (1946) de William Wyler y la emotiva Qué bello es vivir de Frank Capra; y es en esta última, frecuentemente malentendida como un inocuo drama de exaltación de los buenos sentimientos, donde se enuncia explícitamente la idea de que, mientras el ejército norteamericano combatía a las potencias fascistas en ultramar, ese mismo enemigo antidemocrático permanecía emboscado en el interior y conspiraba contra los intereses de la mayoría.

Kirk Douglas y Robert Mitchum, en una escena de 'Retorno al pasado'.
Kirk Douglas y Robert Mitchum, en una escena de ‘Retorno al pasado’.

El rápido auge de la histeria anticomunista no tardó en propiciar que esa visión crítica abandonara el terreno del drama social, más expuesto a la censura, para emboscarse en el pesimismo aparentemente inocuo del llamado “cine negro”. Un temprano ejemplo de película de esta índole, en la que un héroe de guerra recién desmovilizado ha de enfrentarse a una omnipotente organización criminal, trasunto de las todopoderosas corporaciones capitalistas, fue Callejón sin salida (Dead Reckoning, 1947), protagonizada por Humphrey Bogart y la sinuosa Lizabeth Scott: la misma actriz, significativamente, que acompañaría en su tortuoso camino al correoso Van Heflin en El extraño amor de Martha Ivers (The Strange Love of Martha Ivers, 1946), la película que supuso el debut de Kirk Douglas como actor. En ese primer papel, Douglas hacía el papel de fiscal del distrito en una opresiva ciudad dominada por su esposa (Barbara Stanwyck), cuya fortuna y poder se fundamentan en un lejano crimen que el propio fiscal ha contribuido a ocultar. Tanto el director de esta película, Lewis Milestone, como su guionista, el entonces debutante Robert Rossen, pasarían pronto a engrosar las “listas negras” de cineastas sospechosos de abrigar simpatías procomunistas; y, desde luego, no se puede decir que esta película ofreciera una visión amable de los fundamentos del capitalismo americano.

El artista de múltiples talentos en que se convertiría Douglas no olvidaría la impronta de ese cine comprometido con los valores democráticos; y fue ese compromiso lo que le llevaría, años después, a rescatar de esas mismas “listas negras” al guionista Dalton Trumbo e incorporarlo al equipo que filmó Espartaco (Spartacus, 1960), producida y protagonizada por el propio Douglas. Poco antes, en 1957, Douglas había roto otra lanza a favor del cine crítico al coproducir y protagonizar Senderos de gloria (Paths of Glory) de Stanley Kubrick, en la que interpretaba a un oficial del ejército francés que, en 1916, durante la Primera Guerra Mundial, asume la defensa de unos soldados acusados por el alto mando de cobardía ante el enemigo. Su alegato no logra salvar las vidas de los reos, pero sí pone en evidencia la hipocresía y las arteras maniobras de sus acusadores, que no habían dudado en ordenar a la artillería abrir fuego contra sus propias tropas para obligarlas a avanzar en un ataque sin esperanza de éxito.

Douglas como Espartaco, uno de sus principales papeles.
Douglas como Espartaco, uno de sus principales papeles.

Con películas como éstas Douglas se postulaba abiertamente como héroe de causas “progresistas” de las que hasta entonces Hollywood no había querido ocuparse. Y es curioso que, antes de decantarse por encarnar a estas figuras del moderno panteón de héroes derrotados o incomprendidos –al que podría añadirse su caracterización del pintor Vincent Van Gogh en El loco del pelo rojo (Lust for Life, 1956) de Vincente Minnelli–, Douglas se hubiera caracterizado por interpretar justo al arquetipo contrario: al antihéroe sin escrúpulos, dotado a partes iguales de una rara inteligencia y de una absoluta falta de empatía emocional con sus semejantes. Ya su papel en El extraño amor de Martha Ivers dejaba entrever esos rasgos: el fiscal que interpretaba Douglas había alcanzado su elevada posición gracias a que su padre, preceptor de la rica Martha Ivers, había condescendido a encubrir el crimen al que ésta debía su encumbramiento y su fortuna. Casado con la rica heredera, de la que está enamorado, el ahora todopoderoso fiscal vive atormentado por el despego y las infidelidades de ésta. Hasta que el regreso de un viejo amigo de la infancia de ambos, el excombatiente Van Heflin, precipita los acontecimientos. Los papeles ulteriores de Douglas prescindirían del aura de indefensión y debilidad de este personaje, pero no de su cinismo ni de su manifiesta falta de escrúpulos, verdadero fundamento de su fuerza. En algunas ocasiones, esos rasgos servirían para armar una versión más ligera de ese mismo personaje, convertido en un atractivo sinvergüenza que utiliza su desfachatez para abrirse paso en un mundo despiadado: tal fue la caracterización que Douglas hizo del trampero Jim Deakins en Río de sangre (The Big Sky, 1952) de Howard Hawks; o, ya tardíamente, la del simpático perdulario que arruina los planes reformistas de un bienintencionado director de prisión en El día de los tramposos (There Was a Crooked Man…, 1970) de Joseph Mankiewicz. Pero había también una versión “dura” y sin paliativos de este mismo personaje, ya abiertamente convertido en un malvado integral que no tiene reparos en destruir física y moralmente a sus antagonistas. Así, en Retorno al pasado (Out of the Past, 1947) de Jacques Tourneur, Douglas dio vida a un despiadado magnate que fuerza a un oscuro detective privado (Robert Mitchum) a comprometer su integridad en la búsqueda de una muchacha que intenta huir de su implacable perseguidor. Lo llamativo de esta película, no obstante, es que Douglas alcanzará a extender su poder de perversión incluso a la muchacha que se presenta como su víctima, pero no podrá prever que la malvada criatura así creada terminará por volverse contra él mismo. Una versión extrema de este feroz depredador de conciencias ajenas fue el que Douglas interpretó en Cautivos del mal (The Bad and the Beautiful, 1952) de Vincente Minnelli, en la que da vida a un productor cinematográfico que, para alcanzar el éxito, utiliza y destruye sucesivamente a una actriz, un guionista y un director, viejos amigos que alguna vez confiaron en él. Aunque lo curioso será que, para ello, el malvado personaje no tendrá que recurrir al crimen, sino simplemente a los despiadados resortes del mundo del cine.

Kirk Douglas junto a Lana Turner en una escena de 'Cautivos del mal'.
Kirk Douglas junto a Lana Turner en una escena de ‘Cautivos del mal’.

Douglas consiguió el difícil logro de imprimir a su trayectoria de actor una palpable unidad de propósito, y de identificar su imagen y sus personajes con otras tantas miradas críticas hacia el mundo circundante. El hecho circunstancial, aunque gozoso, de que siga vivo a los cien años de edad nos recuerda que el periodo de la historia del cine en que esos empeños eran posibles cabe en la biografía de un contemporáneo nuestro. Esa cercanía debería hacerse sentir, para bien, en el cine de hoy.

Imagen de portada: Kirk Douglas, junto a su hijo Michael Douglas, el día de su cumpleaños (Europa Press).

Autor

  • José Manuel Benítez Ariza

    José Manuel Benítez Ariza (Cádiz, 1963) vive escribiendo y escribe sobre la vida: un poco cada día, un poco de todo, en una profusión hecha de muchas brevedades. Narrador, poeta, traductor y articulista, el hilo conductor de esta aparente dispersión de fuerzas es su "diario abierto" Columna de humo, en el que trata de explicarse.

2 thoughts on “Kirk Douglas cumple cien años

  1. Es un placer siempre aprender y disfrutar con tus reflexiones, José Manuel. Y perdona la bobada, pero me ha encantado leerte la palabra “perdulario” que -hace varias décadas ya- tantas veces escuchaba (exclusivamente) en boca de mi abuela.

    Sé que no pretendías hacer aquí un listado exhaustivo de las mejores películas de Kirk Douglas, pues no hablas de El gran carnaval (uno de sus más cínicos papeles), ni de Brigada 21 (una interesante reflexión sobre el aborto, el amor de pareja y la inflexibilidad intolerante)… Pero me ha resultado llamativo que subrayando la admirable relación de Kirk Douglas con Dalton Trumbo no hayas mencionado LOS VALIENTES ANDAN SOLOS (1962), la película propia que Kirk Douglas destacaba como su favorita. Si no las visto, te la recomiendo. Es un magnífico western crepuscular, producido por él mismo con su Joel Productions y con guión de Dalton Trumbo. Es curioso que el proyecto de muro mexicano del fantoche ultraderechista de Donald Trump haga más apetecible la revisión de este filme:

    LONELY ARE THE BRAVE está basada en una novela de Edward Abbey titulada El vaquero indomable (The brave cowboy, 1956). La película nos lleva al Estado norteamericano de Nuevo México a mediados de los años 50: cabalgando a su indómita yegua Whisky, el no menos rebelde Jack Burns (Kirk Douglas) regresa a Duke City (pueblo fronterizo con México) para ayudar a su amigo Paul Bondi (Michael Kane), un escritor con quien comparte un pasado libertario y que está en la cárcel por insumisión (ayudando a la inmigración clandestina). Jack visita a la esposa de Paul, su amiga Jerry Bondi (Gena Rowlands), pero ella rechaza sus planes con cariño, porque comprende –más pragmática y menos idealista- que las intenciones del valiente Jack sólo servirían para complicar más la situación. Y es que nuestro protagonista Jack Burns pretende vivir como un vaquero de verdad, buscando la libertad a lomos de su tozuda yegua, como si perviviesen los horizontes abiertos del pasado, como si no existiera la cada vez más tupida red de leyes y carreteras. A destacar también a un insólito Walter Matthau, especialmente inspirado en su papel de sheriff…

    Edward Abbey (1927-1989) ya era un joven ecologista rebelde, amante de la Norteamérica salvaje, antes de que a los 18 años participase con su ejército en Italia durante la Segunda Guerra Mundial. A su regreso estudió Filosofía durante 5 años y se licenció con una tesis muy significativa: La anarquía y la moral de la violencia, donde defendía- en línea con su admirado Leon Tolstoi- que el anarquismo era una lucha legítima contra la violencia organizada del Estado. También simpatizaba con el antiguo griego Diógenes el Perro y su “cínico” pacifismo individualista. Con 29 años, en 1956, consiguió su primer éxito editorial con nuestro The brave cowboy, a la que siguieron otros como su libro de ensayos Desert Solitaire (1968) sobre sus años como ranger forestal en Utah, o La banda de la tenaza (1975), novela sobre las hazañas de una guerrilla ecologista. Pidió ser enterrado en el desierto y nadie sabe dónde está su tumba. Esperemos que las zanjas para el muro de Trump no la profanen.

    1. Agradezco el comentario, Juan Pablo. Sí, es difícil resumir una carrera en un breve artículo. Sí, he visto ‘Los valientes andan solos’ y estoy de acuerdo contigo en que es un espléndido wéstern crepuscular, como lo es, a su manera, ‘El día de los tramposos’, que me pareció más ilustrativo en un artículo de mero homenaje. Quede aquí tu mención como complemento del mismo. Muchas gracias y bienvenidas tus aportaciones.

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