Contar lo verdadero: en la estela de Joaquim Jordà

¿Un documental producido por José Miguel Monzón (más conocido como “El Gran Wyoming”) sobre algunos de los activistas que han adquirido protagonismo en los conflictos sociales derivados de la crisis económica? Sea. No estamos solos, dirigida por el veterano Joan Ventura, se ha estrenado en San Sebastián y obtenido el beneplácito de la crítica. Y me parece bien, porque posiblemente el mayor peligro que se cierne permanentemente sobre el cine –tan dependiente, por otra parte, de artificios de ilusionismo técnico– sea la pérdida del vínculo con la realidad. Así que bienvenidos sean ese documental protestatario y las historias que cuenta, por más que… No, no es que queramos poner el parche antes que la herida. Es sólo que algo nos hace sospechar que, desde el momento mismo en que los activistas del día empiezan a disfrutar de su cuota de fama, e incluso alguno –pienso en la actual alcaldesa de Barcelona– ha empezado a nadar en las aguas de la alta política, el carácter de sus historias cambia: ya no son sólo las de algunas de las miles de personas que luchan desde el anonimato contra las adversidades, sino el relato de una ascensión: desde ese anonimato inicial hasta la notoriedad pública y su consiguiente cuota añadida de poder e influencia. Elia Kazan, que de estas cosas sabía mucho, lo registró magistralmente en una película de ficción que todo activista empeñado en cambiar la realidad debería saberse de memoria: ¡Viva Zapata! (1952), uno de los alegatos más duros que se han filmado jamás sobre la corrupción de los ideales y la conversión del antiguo revolucionario en una réplica del tirano contra el que alzó la voz.

El Gran Wyoming y Pere Joan Ventura, en San Sebastián.
El Gran Wyoming y Pere Joan Ventura, en San Sebastián.                                                                                                      Foto: Europa Press.

Por eso preferimos, quizá, las historias cuyos protagonistas no pierden ni el anonimato ni la condición de perdedores: no porque creamos que esas situaciones sean inamovibles, sino porque ofrecen un retrato más ajustado de la realidad. Los mejores documentales de asunto social que conozco suelen atenerse a ese particular punto de vista. Y a mí me gustan mucho, en particular, los dos que, con un cuarto de siglo por medio, el cineasta barcelonés Joaquim Jordá dedicó a los obreros en huelga de una pequeña fábrica de aparatos eléctricos que llegó a convertirse en símbolo de las luchas obreras en tiempos de la Transición: me refiero a Númax presenta (1980) y Veinte años no es nada (2005). El primero fue filmado durante el periodo en el que los obreros de la fábrica Númax asumieron el control de la misma, después de que los propietarios decidieran cerrarla. El intento, naturalmente, resultó inviable y quedó ahogado por las implacables leyes del mercado. Veinte años después, el cineasta quiso asomarse de nuevo a las vidas de los protagonistas de aquel viejo documental y los encontró más o menos acomodados a un contexto económico y social muy distinto, aunque no faltaba entre ellos alguna que otra descorazonadora historia de inadaptación y naufragio personal.

Uno espera que, del caudal de historias que ha de quedar de la actual crisis económica, no todas se limiten a registrar el origen y ascensión de una nueva y mediática clase dirigente. El hoy un tanto olvidado Joaquim Jordá, autor también de El encargo del cazador (1990), otra estremecedora película sobre la inadaptación y el fracaso, abrió camino. Hay que reivindicarlo.  

Autor

  • José Manuel Benítez Ariza

    José Manuel Benítez Ariza (Cádiz, 1963) vive escribiendo y escribe sobre la vida: un poco cada día, un poco de todo, en una profusión hecha de muchas brevedades. Narrador, poeta, traductor y articulista, el hilo conductor de esta aparente dispersión de fuerzas es su "diario abierto" Columna de humo, en el que trata de explicarse.

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