Una taza de té y algunas moscas

9788494286117Kobayashi Issa figura por derecho propio entre los cuatro grandes maestros del haiku, junto a Bashō, Buson y Shiki. Y entre ellos, es el más querido por los japoneses por su sencillez y por su capacidad para llegar al corazón de este pueblo tradicionalmente amante de la poesía –y no es un tópico– desde lo cotidiano. Leyendo sus breves composiciones todos nos sentimos un poco capaces de hacer lo que él hace, porque hasta el más simple de los mortales es capaz de ver lo que él ve. Pero no conviene apresurarse. Estamos ante un espejismo, ya que esa aparente sencillez encierra una depurada visión del mundo y una estilizada concepción de un género estilizado por definición.

En Mi nueva primavera, publicado delicadamente por Satori dentro de la colección Maestros del haiku, se reúnen setenta haikus inéditos de Kobayashi Issa  traducidos, comentados, anotados y prologados por el que es el mejor y mayor conocedor del género en nuestro país: el sevillano Fernando Rodríguez-Izquierdo. Él nos adentra en el mundo de Issa –literalmente “una taza de té”, nos cuenta– con sencillo rigor, sin ostentación de los muchos conocimientos que tiene. No quiere la más mínima sombra sobre la deslumbrante candidez de un poeta al que “su ternura, su gracejo, su implicación vital en cualquier tema que cantara, lo hacen único”.

El haiku –esa breve composición de 17 sílabas distribuidas en tres versos– adquiere gracias al pincel de Issa (1763-1827) una dimensión nueva porque él proyecta su luz, a veces radiante, a veces tamizada por la tristeza o el desencanto, sobre aquello y aquellos que menos importan. En sus poemas hay grullas y cigüeñas, pero hay más libélulas, perros, monos, mosquitos, piojos y moscas: “Moscas del templo: / imitan con sus manos / a los que rezan”.  También niños y pobres de solemnidad: “Viento de otoño / Me ha mirado un mendigo, / y se me compara.”  Y sobre todo esto, su mirada limpia y compasiva: “Araña del rincón: / no te aflijas, que ahí / no llega mi limpieza”.

Mientras escribe sus pequeños poemas, Issa parece conjurar las múltiples desgracias que asolaron su vida: la muerte de su madre cuando contaba tres años, la vida dura con su madrastra, la muerte de sus hijos y de su esposa… Se lamenta,  pero poco, como en este magnífico haiku: “Flores y luna; / cuarenta y nueve años / de andar sin rumbo”.

Siguiendo la estela de otro haijin como Matsuo Bashō, pasa parte de su vida como monje viajero. En su deambular por senderos y caminos va a encontrarse con esas pequeñas cosas únicas que tanto le gustaban: “Cae ingrávido el rocío / sobre este mundo nuestro / de que gozamos”.

Issa recrea con su poesía un mundo en el que todos los seres vivos están en el mismo plano. A veces con humor e ironía. Le habla a la luna de tú, se siente capaz de rozar las nubes con los pies mientras descansa… Y a cada paso, agradece lo poco, o lo mucho, que tuvo que agradecerle a la vida: “Sea bienvenida / mi nueva primavera / más bien gozosa”.

Autor

  • Mª Ángeles Robles

    Soy periodista especializada en temas culturales. He trabajado en Diario de Cádiz, en la agencia de noticias Europa Press y he sido redactora y fundadora del periódico El Independiente Cádiz. Colaboradora habitual de diversas publicaciones culturales en las que he escrito de teatro, cine y literatura.

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