Una cicatriz perversa

Cicatriz de Sara Mesa (Madrid, 1976) es un epistolario moderno y desordenado en la que los personajes, los dos protagonistas, laten -uno entiende que lentos y de forma insidiosa, como un corazón delator- y nadan en el éter de lo virtual. Es una historia terriblemente perversa. Y Sara Mesa una gran narradora.

Sonia es joven y becaria, una chica con vagas inquietudes literarias que a duras penas tolera el peso de la soledad sobre la insoportable levedad del ser. En casa las cosas no están mejor. No observamos ningún esfuerzo por ubicarla. Lo que sí podemos ver es a nuestra Sonia webeando furtivamente frente a un monitor. Lee y escribe en un foro literario. Allí todos tienen nombres de autores o personajes de novela. Son compañía. Son datos que empezamos a conocer tras la incertidumbre que nos deja una primera muestra, un anticipo revelador -todavía no lo sabemos-, la fuerte tensión sexual entre un hombre y una mujer que no conocemos en la urgencia cargada de erotismo -que no de sexo-: «Ella se muerde los labios. Él la observa. Se le agita la respiración. Un estremecimiento le recorre las piernas. -¿Por debajo también llevas algo… mío?- Ella afirma con un movimiento de cabeza y baja unos centímetros la cinturilla de la falda hasta que puede verse el filo de una blonda color perla, por encima del pubis».

Si ella es Sonia él es Knut Hamsun, no el Nobel de Literatura noruego colaboracionista de Hiler, sino alguien refugiado tras su nombre y lo que representa. Knut le escribe una primera vez y no nos es difícil descubrir que cuanto dice es estratégico. No es un descubrimiento importante, su evidencia es la madre de las muchas preguntas que nos haremos a lo largo de la lectura. Su estrategia inicial es un intercambio o una prueba de fe: «Tú me envías una foto para que pueda verte. Y a cambio te envío los libros que me pidas…» Cruzar esa línea es el origen. Buscamos la intención. Es demasiado obvio lo obvio. Así que no puede ser. La relación entre ambos -siempre a través de la Red- evoluciona. Creemos observar la manipulación de Knut Hamsun frente al dejarse llevar de Sonia. No vayas por ahí, quisiéramos decirle, esto apesta a cuerno quemado. Y eso ocurre mucho antes de que los libros sean reemplazados por dádivas y mensajes e imposiciones de carácter menos literarios: ropa cada vez más cara y atrevida, lencería fina y también cara, zapatos: «…puedes disfrutar abriendo la caja, acariciando las prendas, probándotelas con tranquilidad y luego volviendo a guardarlas otra vez. Ya solo eso me resulta extremadamente estimulante».

El hombre tras Knut Hamsun roba cuanto le envía. Se dedica a eso, de un modo que roza lo profesional, roba en tiendas. Y aunque para Sonia el debate es liviano -acepta una lógica impropia de lo establecido- Sara Mesa nos ha dejado -y de qué manera- sobre el tablero un serio conflicto con lo moral, nos conduce hacia lo cuestionable. Hay en el acto del robo de Knut algo de ritualismo y fetichismo; también existe un lado oscuro en la literatura, el lector de Cicatriz respira un estado permanente de angustia. ¿Compran los objetos la voluntad de Sonia -ya casada y con un hijo, manteniendo un secreto de años-, o es la voluntad de Sonia dejar comprar no poco de su yo más íntimo a un perfecto desconocido?  Knut y Sonia viven en la nada virtual y se alimentan vacíos el uno al otro peligrosamente, cada vez más cerca del precipicio, chocando no pocas veces por la incomunicación propia de una sociedad de seres aislados más que de individuos, de parias de su propia existencia.

Sara Mesa festonea su relato con citas y referencias literarias que surgen de su Knut Hamsun, cuya filosofía es justificada por siglos de literatura universal. Para Sonia el bagaje de Knut es en principio la magia del gran encantamiento y después la obsesión de quien ha decidido vivir de una forma diferente. Pero todo cambia. Y pasa el tiempo. También pasa nuestra pareja protagonista de ser encantador y encantada a vivir el paradigma de lo tóxico en lo que a relaciones sociales se refiere: «Ninguna mujer tiene a un hombre que coja para ella lencería o perfumes con la misma intensidad y el mismo empeño con que lo hago yo contigo. Habrá muchas que reciban regalos increíbles, pero a golpe de talonario. Lo que hago yo es diferente».

Sara Mesa.
Sara Mesa.

Decía al principio que se trata de un epistolario moderno y desordenado. Sara Mesa maneja de forma más que eficaz la elipsis, el tono y los tiempos. El desorden de Cicatriz mueve los hilos tras la emoción del lector. Cada paso narrativo es corto pero intenso, contenido, el uso del lenguaje es directo, nada de piruetas gramaticales o de recursos poéticos. Si no es la novela que Sara Mesa pretendía, desde luego, el libro en nuestra en manos, es más demanda que oferta, y eso se agradece. También decía que nos enfrentamos a un relato perverso. Añadamos pues a su perversión lo que su lectura puede o debería significar para el lector masculino. Si en ningún momento observamos planteada la cuestión del género o el alegato feminista, dentro del papel, de la historia, ni siquiera de forma subliminal, Cicatriz transpira -entre no pocas virtudes- la cualidad del espejo para quienes se han educado en una sociedad machista y han aprendido de sus mayores los hábitos de manipulación de la misma. Para la lectora, se podría decir, es un perfecto manual de lo que no se debe hacer.

Es la historia de Sonia, que se ha metido en la boca del lobo. Es un poco menos la historia de Knut, del que tampoco se puede decir que sea lobo lobo. Juntos emprenderán un camino tan confuso como la vida. No es difícil verlos a ambos como huérfanos perdidos en el bosque en la sociedad que hemos construido.

La creadora de esta historia demuestra no poco conocimiento de la especie, de los recovecos de la conciencia en los que somos nuestra mayor intimidad, donde somos nuestro secreto más inconfesable. No nos podemos compadecer de Sonia; y Knut Hamsun nos aterra como una fantasmagoría de Henry James.

Autor

  • Eduardo Flores

    Eduardo Flores (Cádiz, 1981). Autodidacta en el mundo literario ha sido soldado, estibador portuario y operativo de seguridad privada en África, entre muchos otros trabajos de lo más diversos. Es autor de los blogs literarios en internet 'La muerte del suspiro' y más recientemente 'La victoria de la carne'. En 2009 sus poemas formaron parte del libro colectivo 'Estrofalario' (Quorum Editores). Con la novela 'Una ciudad en la que nunca llueve' (Ediciones Mayi, 2013) hace su primera incursión narrativa en el mundo editorial.

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