Un Pessoa para el lector de hoy

Tiene cada cual su Pessoa, como todo el mundo tiene su canción favorita o una fijación con una manera determinada de vestir. Es una cuestión casi generacional: en función de la edad y quizá de otras cosas –por ejemplo, la afiliación del gusto a determinadas editoriales y traductores–, hay, entre los lectores españoles, quien accedió a Pessoa con las traducciones de José Antonio Llardent, Ángel Crespo o Ángel Campos Pámpano, los tres ya fallecidos y, por tanto, fuera ya de toda polémica literaria, por más que alguno de ellos vivió en el centro mismo de la polémica. No son ajenas a ella las traducciones del poeta portugués. Decisiones como mantener la métrica de la parte de la poesía pessoana de corte más tradicional –lo que a veces conlleva forzar demasiado una rima, por ejemplo– o dejar sin traducir ciertos lusismos sin equivalencia castellana clara, tales como saudade o luar, marcan a veces la diferencia. Como también la marca el prurito de abarcar más o menos, de optar por una selección amplia y meramente ilustrativa de la enorme variedad de la obra pessoana o atenerse a un criterio más personal.

81X9eGPXwNLA mi modesto parecer, hoy esas tres traducciones siguen vigentes, aunque las tres presentan, en sus ediciones más habituales –y puede que esto no sea culpa de los respectivos traductores– un poco apetecible aspecto de obra abordada desde preconcepciones que pesan demasiado sobre el panorama de conjunto que se quiere ofrecer. Pessoa, como nuestro Juan Ramón, se presta demasiado a la elucubración teórica, y el lector tiene a veces la sensación, al leerlo en alguna de las ediciones más conocidas, de estar asistiendo, no al despliegue de una obra viva, sino al visionado de un muestrario que ejemplifica la teoría previamente expuesta. Ésa ha sido al menos mi experiencia: mi apreciación de Pessoa no fue plena hasta el momento en que supe poner suficiente tierra por medio entre los poemas concretos y el magma interpretativo que los precedía.

Y ésa es quizá la ventaja con la que contará quien se inicie en la obra poética de Fernando Pessoa en este Plural esencial que comentamos: la nueva selección y traducción que propone el poeta, crítico literario y profesor José Luis García Martín. La introducción es breve y ajustada: sin incurrir en innecesarias honduras, se explica el planteamiento general del drama em gente en que consiste la obra del poeta portugués: es decir, el hecho de que gran parte de ella –o toda ella, si incluimos al propio Pessoa en la lista de autores interpuestos– se atribuya a un grupo de poetas heterónimos dotados de biografía propia y capaces de interactuar entre ellos, polemizar e incluso influirse mutuamente, como lo harían otros tantos poetas realmente existentes. García Martín acepta la literalidad de la propuesta pessoana y trata la obra de cada uno de los heterónimos como si fuera de un poeta distinto –a pesar, me atrevería a decir, de ciertas obvias semejanzas sintácticas y temáticas en el estilo de todos ellos que desmontan en cierta medida esa ficción–, de modo que su selección tiene, a primera vista, la apariencia de una antología de época o intergeneracional en la que coincidieran unos poetas realmente existentes llamados Fernando Pessoa, Alberto Caeiro, Ricardo Reis o Álvaro de Campos –sin olvidar al “semiheterónimo” Bernardo Soares–. Esta inmediatez es, sin duda, la mejor baza de esta selección: el lector no accede a los poemas concretos previamente mediatizado por un abrumador despliegue teórico, sino que entra directamente en el universo poético soñado por el autor y capta de inmediato la singularidad –relativa, ya digo– de cada uno de los poetas que lo componen.

Fernando Pessoa, por Rodríguez Castañé.
Fernando Pessoa, por Rodríguez Castañé.

Entre ellos, por supuesto, figura el propio Pessoa. Prescinde García Martín de la parte más vanguardista de su obra –por ejemplo, los poemas “intersecionistas” que Pessoa agrupó bajo el epígrafe “Lluvia oblicua”– y se atiene a la vertiente de la misma más afín a la estética simbolista finisecular. Y acierta, porque el conjunto de poemas aquí incluidos presenta a un Pessoa melancólico e intimista, abrumado por el problema del ser y de la identidad, la insustancialidad de los recuerdos o la futilidad de cualquier preocupación trascendente. Es un Pessoa que, a la vez, fundamenta los matices que sus heterónimos darán a estas cuestiones y se postula como un aventajado discípulo de los mismos. Porque, como se verá a continuación, el paso hacia una especie de grado cero de la expresión poética lo había dado ya, en el imaginario pessoano, su heterónimo Alberto Caeiro, poeta bucólico para quien incluso el hecho de nombrar una “naturaleza” abstracta, distinta a cada uno de los seres y hechos que la componen, es ya un acto de impostura literaria. Caeiro es el más radical y original de los heterónimos pessoanos, y por eso quizá el más difícil de entender. Pero la lectura desprejuiciada de sus poemas permite vislumbrar, más allá de la radicalidad de su gesto antirretórico, a un melancólico poeta del descreimiento, cauto con sus expansiones sentimentales y, como el inglés William Blake, romántico a su pesar –su misticismo inverso, “sólo del cuerpo”, nos hace pensar en la definición blakeana del alma como la parte del cuerpo que no perciben los cinco sentidos–.

A este romanticismo esencial contrapone Pessoa –y le sigue García Martín– al clasicista Ricardo Reis: un poeta sensual, en quien la postura antimetafísica de Caeiro se traduce en una especie de reinterpretación nihilista del tópico del carpe diem (“Perenne huye la inacabable hora / que nos proclama nulos”). De nuevo, sospechamos en este heterónimo a contra corriente una muy pessoana cautela hacia la aceptación de la realidad. Y ese lacerante dilema psicológico se traducirá en vociferante tralla futurista en la poesía de Álvaro de Campos, cuya extensa y compleja “Oda marítima”, por ejemplo, lleva la histeria resultante casi a extremos de grito inarticulado, como muestran las enfáticas onomatopeyas que se suceden en el poema.

Retrato de Pessoa durante uno de sus frecuentes paseos.
Retrato de Pessoa durante uno de sus frecuentes paseos.

Habrá, como bien indica el traductor, una confluencia final entre un Álvaro de Campos reconvertido en poeta existencial y un Pessoa cada vez más volcado en la poesía más personal y autobiográfica de este heterónimo suyo. El drama em gente ha llegado a su fin y el resultado es una obra poética tan plural como extrañamente coherente, como corresponde a un autor que quiso inventar, no sólo su propio recorrido, sino el de los predecesores que echaba en falta. La selección propuesta por García Martín refleja bien este recorrido y permite apreciarlo desde la frescura de una edición cómoda y legible, como corresponde a un poeta todavía cercano e influyente, y no a un rancio objeto de estudio. La traducción responde también a este propósito de legibilidad: métrica cuando la exactitud lo permite, simplemente precisa cuando se prefiere respetar la dicción peculiar del discurrir pessoano antes que parafrasearlo; y absolutamente desprovista de esos lusismos que tanto contribuyen a dar a ciertas traducciones de Pessoa un exotismo innecesario. Bienvenida sea, y afortunados quienes se inicien en Pessoa en una edición de estas características.

Autor

  • José Manuel Benítez Ariza

    José Manuel Benítez Ariza (Cádiz, 1963) vive escribiendo y escribe sobre la vida: un poco cada día, un poco de todo, en una profusión hecha de muchas brevedades. Narrador, poeta, traductor y articulista, el hilo conductor de esta aparente dispersión de fuerzas es su "diario abierto" Columna de humo, en el que trata de explicarse.

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