CriSSis

Ilustración de Manuel Martín Morgado.

Capítulo 21. Gorka.

Buenas noches, amigos de lo inexplicable. Una madrugada más en sus pantallas.  Con ustedes, como siempre, Gorka Martínez del Toro les acompañará durante noventa minutos, noventa minutos que pueden ser una eternidad, en un nuevo capítulo de Los Mundos del Misterio.

Hoy tendremos el testimonio de alguien que, en efecto, ha visto rostros dibujarse en las paredes de un hostal perdido en la llanura manchega. Nos acompañará también, como cada viernes, el sacerdote jesuita Pablo Scapachini, que nos hablará de los misterios de la Sábana de Turín y ese supuesto poder curativo que negó a algún Papa.

Desde los bosques de la Selva Negra tendremos documentación fotográfica de aquelarres y ceremonias dionisíacas donde, dicen, se identifica a políticos alemanes actualmente en el poder…

Pero antes, quisiera plantearles una pregunta…

¿Han pensado ustedes en qué mecanismos rigen nuestras vidas? ¿Dios? ¿La casualidad? ¿El azar? ¿El destino?

Cada cual puede tener su respuesta a esta pregunta. O su búsqueda de esta respuesta.

Entre la justicia divina y el desorden cósmico… ¿es posible que exista el karma?

Para las religiones dhármicas, el karma es una energía trascendente, invisible, imposible de medir, que regula las acciones de los seres humanos. Sí, en efecto, puede que estén ustedes pensando en conceptos de la cultura popular como “La Fuerza” de las películas de La guerra de las galaxias. Pero, más concretamente, el mundo de hoy lo interpreta, recuerden aquella divertida serie norteamericana, Me llamo Earl, como un acto de justicia sobre las buenas o malas acciones que realizamos en nuestras vidas.

La fe cristiana espera a la recompensa o al castigo final después de la muerte. En el karma, ese castigo o esa recompensa se producen en la propia vida.

Pongamos un ejemplo conocido: un señor tal encuentra una cartera perdida en la calle. Como tiene los datos de su propietario, se persona en su domicilio y se la devuelve. Agradecido, el propietario lo recompensa con cien euros. Y con esos cien euros nuestro bienhechor compra un número de lotería de Navidad… y le toca. Eso sería el karma: una buena acción, recompensada con la ganancia de una pequeña fortuna.

Pero… ¿y si es al contrario? ¿Y si alguien lleva una vida de, llamémoslo así, pecado? ¿Y si no le importan sus semejantes? ¿Y si consigue prebendas materiales a costa de los demás? ¿Y si seduce, o roba, o mata, en ocasiones a través de argucias legales? ¿Qué hace por esas personas el karma? ¿Los ignora? ¿Los castiga?

Y la pregunta más acuciante: ¿está haciéndose patente el karma en nuestra sociedad de hoy? La crisis que a tantos nos ahoga… ¿ha despertado al karma?

Repasen ustedes conmigo porque los datos están ahí, para quien sepa verlos. Dos ancianos son desahuciados de su vivienda de renta baja. El marido asesina a la mujer y se suicida por no verse en la calle. Cuando los jóvenes emprendedores que han comprado el inmueble a un precio de risa inspeccionan las instalaciones, un descuido hace que estalle el gas. Y los dos mueren. ¿Es eso karma?

Ilustración de Manuel Martín Morgado.
Ilustración de Manuel Martín Morgado.

Martín de Salazar, uno de los economistas prestigiosos que han asesorado a bancos y al gobierno. Sale de su casa una mañana, se atasca el sistema hidráulico del parking de su casa en La Moraleja. Baja del coche, intenta desatascarlo a mano… y la puerta de hierro le cae encima y lo aplasta. ¿Es eso karma?

Eduardo Carranza, asesor del ayuntamiento de la capital e implicado en alguna de las tramas de corrupción que parecen salpicar la comunidad. Tiene una reunión importante, le pilla un atasco en Gran Vía. Decide coger el metro y, en su prisa, resbala y cae al andén. ¿Es eso karma?

La jueza togada Carmen Bobadilla, responsable de medio centenar de desahucios y célebre por su implacable aplicación de la ley. Un desafortunado accidente doméstico cuando conecta el secador de pelo tras salir de la ducha la electrocuta en el acto. ¿Es eso karma?

Podríamos seguir. Bernardino Ozores, director de banca. En medio de la tormenta de hace unas semanas, mientras se dirige a Baqueira, se le estropea el coche. Inconscientemente, lo aparca en una curva. Coloca, mal, los triángulos de señalización. Con la lluvia y el viento, los triángulos caen. Los coches que toman la curva no los ven. Tampoco ven a Bernardino haciendo señas. Es atropellado y suponemos que muere en el acto. No por un solo coche. Por una docena. ¿Es eso karma?

¿Es eso karma? ¿Una especie de justicia poética? ¿El destino se revuelve contra todas estas personas que han conseguido hacer fortunas inconmensurables ignorando el dolor y las tribulaciones que causan en los demás?

Sea como fuere, esa lotería del azar parece selectiva. No es la primera vez que ocurre en la historia, naturalmente. Recordemos el caso de aquella actriz de Hollywood a quien predijeron que moriría ahogada y que se negaba a realizar viajes por mar… para venir a morir en su propia bañera. El célebre caso de Isadora Duncan, famosa por su cuello de cisne, tan alabado y exhibido, que se rompió cuando su foulard quedó enganchado en las ruedas del coche descapotable que conducía…

¿Karma? ¿Casualidad? ¿Justicia? ¿Cómo saberlo? ¿Cómo asegurar que no hay un sino, un demiurgo, una poética que castiga y redime? Piénsenlo.

Recuerden que vivimos en… Los Mundos del Misterio.

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