Tuya es la hacienda y la pistola, mía la canción

El escritor Manuel Ruiz Amezcua reúne toda su prosa en ‘Lenguaje tachado’ (Galaxia Gutenberg, 2016) y reivindica la poesía como arma cargada de futuro.

“A los vencidos, a su clamor indomable” está dedicado el libro de Manuel Ruiz Amezcua (Jódar, Jaén, 1952) quien, explícitamente ajeno a modas, conveniencias y correcciones políticas, ofrece al lector reflexiones lúcidas y bien documentadas sobre esa benefactora y excepcional literatura en la que la belleza y la decencia moral se dan la mano. Amparado en el compromiso vital de Unamuno y guiado por la palabra de “los tres poetas del sacrificio” (Antonio Machado, Federico García Lorca y Miguel Hernández), Ruiz Amezcua emprende Lenguaje tachado con una declaración de principios que titula “La poesía como resistencia” y en la que adelanta –y advierte– sus cuestiones palpitantes como hombre de letras: la posibilidad (única) de ser libre mediante el pensamiento y la creación, la desaparición de la cultura popular y el desprecio a la memoria de una sociedad (ésta) deslavazada y ciega, y la destrucción que el seductor mercantilismo opera inevitablemente sobre la literatura.

Pocos (y de poco éxito comercial) son los escritores que hoy se atreven a buscarse y reconocerse en la tradición. Muy lejos nos queda lo que para Juan de Mairena fue incuestionable: “En nuestra literatura, todo lo que no es folklore, es pedantería”. Torcida y manipulada nuestra percepción del arte por unas décadas de represión política y por otras tantas (las siguientes) de banalidad cultural, el ciudadano medio entiende que ocuparse de asuntos relativos a la memoria, el folklore o la tradición significa pertenecer a una derecha casposa pues –como bien dice Ruiz Amezcua trayendo a colación ciertas reflexiones de Menéndez Pidal– “Las izquierdas siempre se mostraron muy poco inclinadas a estudiar y afirmar en las propias tradiciones históricas aspectos coincidentes con la propia ideología… En el tema de la religión, por ejemplo, solo vieron el sudario y la cruz extendidos sobre el planeta. Abandonaron, íntegra, a los contrarios la fuerza de la tradición. No se dieron cuenta de que ésta tiene aspectos reasimilables y fecundos en todos los tiempos.”

Lenguaje tachado –titulado así por su voluntad de hacer sobrevivir a la palabra silenciada, al pensamiento prohibido– identifica como heterodoxos (apocalípticos, no integrados) a aquellos autores que supieron usar la memoria tradicional como impulso revolucionario y, haciéndolo, rehabilitaron la poesía y la humanidad de su tiempo. Caminos propios, senderos difíciles transitados por hombres que, al fin, nos han dejado su palabra como única salvación: Cervantes, Machado, Lorca, Garcilaso de la Vega, San Juan de la Cruz, Miguel Torga, Emilio Prados, Pessoa o Neruda. La prosa de Ruiz Amezcua –coloquial y refrescante muchas veces, siempre didáctica, cómoda de oír– invita a pensar en ellos como piedras blancas en el camino que nos ofrecen la posibilidad de mirar hacia atrás y hacia adelante, orientarnos de ese modo, y comprender en suma.

Manuel Ruiz Amezcua

Manuel Ruiz Amezcua.

Hay lugar también en Lenguaje tachado para revisar –y avisar– de cuestiones que no parecen estrictamente literarias pero que tienen que ver con ese sentido del compromiso y la honradez que pendula en toda la escritura del autor, y que asimismo integra a Ruiz Amezcua en esa conciencia histórica que constantemente homenajea. Me refiero al tema de España, al dolor unamuniano de España, al luto con el que España se retrata en el lienzo de Goya o en la escenografía imposible de Valle-Inclán, a la penosa España de charanga y pandereta machadiana y a la España asesina de Lorca. “Museo ibérico” y “Tres Españas, la negra incluida”, los capítulos últimos del libro, integran prosas volcadas en la denuncia e inasequibles al desaliento, prosas a veces tachadas recurrentemente por los integrados… “Intenté publicar este trabajo en alguno de los muchos periódicos de Andalucía, pero fue imposible”, anota Ruiz Amezcua al pie de “Bufones de aldea machacando ideas”, un artículo que escribe “en Jaén, donde resisto” y que principia así: “Esta ciudad está infectada de chivatos y comisarios políticos al servicio de quien manda en Andalucía hace más de treinta años… El caciquismo también progresa.”

A Lenguaje tachado le queda la palabra y hace suyo el desplante del poeta exiliado ante el dictador cuando prosigue en cada línea el verso de León Felipe: “Franco… tuya es la hacienda… / la casa, el caballo y la pistola… / Mía es la voz antigua de la tierra… / Tú te quedas con todo / y me dejas desnudo y errante por el mundo… / mas yo te dejo mudo… ¡mudo!… / ¿Y cómo vas a recoger el trigo / y a alimentar el fuego / si yo me llevo la canción?”.

María Jesús Ruiz

Autor/a: María Jesús Ruiz

María Jesús Ruiz es doctora en Filología Hispánica y profesora de la Universidad de Cádiz desde 1987. Ha dedicado su docencia e investigación a la narrativa del Siglo de Oro, la literatura española del exilio de 1939 y fundamentalmente a la tradición oral, el folklore, la cultura popular y el patrimonio etnográfico. Sobre estos temas tiene publicados una docena de libros y más de un centenar de artículos.

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