Tributo a Grateful Dead: tiempo de resurrección

Representaron como casi nadie la filosofía hippie: drogas, música, comunas y conciertos gratuitos a lo largo y ancho de un viaje psicodélico conducido por un grupo de San Francisco llamado Grateful Dead. Se activaron en 1966 de las cenizas de The Warlocks y vivieron durante algunos años compartiéndolo casi todo en el 710 de Ashbury Street. Justo hasta que el sueño se quebró a causa de los narcóticos, las enemistades personales y, sí también, la aparición de la muerte. Jerry García, Bob Weir, Phil Lesh integraron el núcleo duro de aquella banda capaz de saltar de las extensas y lisérgicas exploraciones instrumentales a las armónicas y sofisticadas canciones de la mano de una fascinante mezcla de country-rock, improvisaciones jazzísticas y sutil rhythm & blues. Los testimonios quedaron plasmados en documentos del peso de Live/Dead (1969), el fantástico doblete de 1970 conformado por Workingman’s Dead y American Beauty o el inspirado directo Europe ‘72 (1972), todos para la potente Warner. Luego llego llegó su salto a la Arista de Clive Davis y la decadencia comenzó a enviar señales de su irrupción. Su tiempo había pasado. 

Cincuenta años después de la formación de la banda, sus seguidores, los Dead Heads, disfrutan ahora de una oportunidad, digamos que diferente, para reencontrarse con su música. No en sus voces (García falleció en 1995) sino en las de una relación de músicos de rock y pop en activo, algunos de los cuales casi nadie hubiese situado en la estela de admiradores del grupo californiano. Han sido Aaron y Bryve Dessner (The National) quienes han asumido el papel de catalizadores de Day of the Dead (4AD; 2016), una coqueta cajita de cinco CD (diez LP para los amantes del vinilo) y cincuenta y nueve canciones donde una sobresaliente nómina ofrece su privativa lectura de la obra de los Dead. El proyecto se viene a sumar, además, con su título número veinte a la serie Red Hot, ya presente en otras muchas compilaciones durante sus veinticinco años de búsqueda de ayudas en la lucha contra el sida.

Tomen nota: The War On Drugs, Phosphorescent, Courtney Barnett, Bonnie “Prince” Billy, Lee Ranaldo, Cass McCombs, Sam Amidon, The Flaming Lips, Lucinda Williams, Ira Kaplan, Anohni, Kurt Vile, J Mascis, Stephen Malkmus, The Tallest Man on Earth, Unknown Mortal Orchestra, Real Estate, Bill Callahan, Wilco o los mismos The Walkmen, entre otros, forman parte de una impecable selección que no se detiene ante barreras estilísticas y a la que también se suman colegas procedentes del mundo del jazz, el soul, la parcela electrónica o la música senegalesa como Vijay Iyer, Béla Fleck, Charles Bradley, Tim Hecker o la Orchestra Baobab. Ni siquiera se echa en falta a un veterano como Garth Hudson (The Band) o al mismísimo Bob Weir en esta celebración de una música que resucita ahora como si nunca hubiese muerto.

Autor

  • Salvador Catalán

    Desde hace más de veinte años desarrollo mi labor profesional en el ámbito de la gestión cultural universitaria. Durante este tiempo también he abordado una permanente colaboración como crítico musical en medios generalistas (Diario de Cádiz, Diario de Sevilla, La Voz de Cádiz,...) y especializados (Rockdelux) y como programador de festivales y ciclos musicales.

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