Tres títulos recientes para comenzar el verano

image_evento_final_14210_2015-04-17_09_15_26Di, realidad. Rafael Fombellida. Renacimiento, Sevilla, 2015.

Ya desde Violeta profundo (2012), publicado después de un intervalo de cinco años sin dar a la imprenta libros de poesía, la de Rafael Fombellida inició un giro hacia la radicalidad existencial y la búsqueda obsesiva de sentido. Di, realidad, es un paso más en esa dirección. Lo componen básicamente largos monólogos de un hombre que, ya sea en la soledad del paseante o en sus apartes en compañía, en la confusión del sueño o en la desesperada lucidez del insomnio, se interroga a sí mismo y a su interlocutor –la “realidad” aludida en el título–, con un discurso que no se llama a engaño respecto a la condición humana, las asechanzas de la edad, la enfermedad o la pérdida de fe en los asideros básicos de la afectividad. Redimen al sujeto poético el contacto con la naturaleza (“Si yo tuviera amigos vagarían conmigo aguas abajo con sus sedales y señuelos, cilindros de cerveza y tortilla envasada”), la sinceridad de la conversación entre iguales y, muy destacadamente, un erotismo áspero y sin tapujos (“Desbrava tu canal marcándote las yemas / en el hábil mester de darte gloria”). Con una prosodia poderosa, en la que a veces el metro tradicional se reduplica para dar lugar a versos de largo aliento, y un vocabulario tan preciso como calculadamente alejado de la convención poética más manida, los poemas de Fombellida golpean y emocionan al mismo tiempo, incomodan y confortan, y proponen una especie de manual de supervivencia más allá del desengaño o la desesperación. No lo habitual, desde luego, en estos tiempos en que prima la brevedad inane. Un libro contra corriente y, por eso mismo, muy necesario.

web-cubierta-el-monstruo-ama-su-laberintoEl monstruo ama su laberinto. Cuadernos. Charles Simic. Traducción de Jordi Doce. Epílogo de Seamus Heaney. Vaso Roto Ediciones, Madrid, 2015.

“El poema en prosa es una bestia mítica como la esfinge. Un monstruo hecho de prosa y poesía”. El poeta norteamericano de origen serbio Charles Simic (Belgrado, 1938) ha escrito excelentes poemas en prosa y verso, y también ha experimentado con eso que podemos llamar la literatura sin género, en prosas breves que abarcan desde el apunte autobiográfico a la máxima o el aforismo, pasando por el momentáneo destello poético. El monstruo ama su laberinto reúne esta faceta de su producción. Y es en su primera sección, las más autobiográfica, donde encontramos textos que claramente participan de esa condición mixta que el autor atribuye al poema en prosa: recuerdos o apuntes del natural que combinan el realismo descriptivo con la escapada imaginativa. En las demás secciones predomina el aforismo, tanto en forma de máxima referida a la creación literaria, como en la de brevísima condensación de un pensamiento político o filosófico (“En democracia, la tarea principal de una prensa libre es encubrir el hecho de que unos pocos gobiernan el país”) o una mera observación que, por su brevedad y tensión poética, convierte lo particular en categoría. “Hay momentos en que la imaginación sabe lo que significa la palabra ‘infinito’”. Algunos de esos momentos están compilados en estos cuadernos, que son una imprescindible introducción al pensamiento de uno de los mejores poetas norteamericanos contemporáneos.

la-lengua-o-el-espejoLa lengua o el espejo. Eliana Dukelsky. II Premio Internacional José Bergamín de Aforismos. Cuadernos del Vigía, Granada, 2015.

Alternan los aforismos de esta joven profesora la elevación a la abstracción (“El término belleza reduce a convenciones los hermosos matices de la realidad”) con observaciones de cierta precisión entre psicológica y sentimental (“No es tristeza, es querer que no lo sea”) y no pocas apostillas certeras al mundo de las relaciones humanas (“Descubrir la frondosidad en las personas”). Hay también algún que otro arrebato poético (“Convertir tu cuerpo, impulsado al abismo, en morada de aves”); aunque, sin duda, donde la ganadora del II Premio Internacional José Bergamín de Aforismos demuestra más largo alcance es en las observaciones que hacen de todos esos rasgos un medio para transcribir una honda verdad existencial: “En un concurso de recuerdos y traumas de infancia, gana el que calla”. Desnudos, a veces un tanto alicortos, pero siempre exentos de afectación y trampas retóricas, estos aforismos son algo más que las efusiones de un escritor perezoso. Y es un acierto que aparezcan en una de las colecciones que certifican el auge del género en España.

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