Transformación de lo cotidiano

La noche que a Eddie Felson le rompieron los dedos. Sandro Luna. Menoscuarto Ediciones. Palencia, 2024. 96 pp.

Transformar los momentos íntimos, dejar de lado la abstracción para precisar lo humano es tarea de la poesía que explore un sentido con que alejarnos de la enfermedad y salvarnos. Un discurso esperanzador sin duda. Y es tarea de Sandro Luna, quien nos entrega poemas de siempre, cerrando al parecer una etapa, de convertir lo anecdótico en trascendente, como vemos en La noche que a Eddie Felson le rompieron los dedos (VII Premio Internacional de Poesía Jorge Manrique), publicado por Menoscuarto Ediciones.

El poeta catalán viene publicando gran parte de su obra en editoriales de prestigio gracias a la consecución de premios de poesía, entre ellos, destacamos ¿Estamos todos muertos (Pre-Textos, 2010), Eva tendiendo la ropa (Pre-Textos, 2015), El monstruo de las galletas (Hiperión, 2020). A los que se les une La noche que a Eddie Felson le rompieron los dedos (2024). De ahí que se deduzca que su trayectoria es sólida, prolongada en el tiempo.

El engarce entre lo íntimo y lo trascendente podría hallarse en los referentes artísticos (cine, música, literatura) que el poeta de L´Hospitalet de Llobregat emplea a través del basamento de la memoria, como vemos desde el propio título. Así, el poso artístico contribuye a la relación con lo vivido, acaso por ser vida. Las palabras y las vivencias nada menos conforman su materia prima. Y la vida es significativa en este poemario a través de las distintas dedicatorias que contienen los poemas, a familiares y amigos. En suma, Luna cultiva una poesía comunicativa trazada desde lo auténtico.

En algo más de medio centenar de poemas agrupados en torno a tres secciones, trazados con coherencia y habilidad, nos muestra Sandro Luna poemas breves que se inspiran en las vivencias y toman aliento de textos de una tradición literaria amplia (Horacio, Sartre, Neruda, Claudio Rodríguez, Francisco Brines, Jorge Luis Borges, José Mateos, Amalia Bautista…), así como musical (Battiato, Leonard Cohen, Dylan, Bill Evans…) y también cinematográfica (Robert Rossen…). Estas referencias culturales e intertextuales deben verse como una forma de compartir la cotidianidad del poeta, lejos de verse con un afán de exhibicionismo cultural. Por ello, el libro muestra una estructura equilibrada, pues consigue que los poemas dialoguen entre sí.

Nada de lo cotidiano sería poesía sin la mutación expresiva que se logra con cuidado exquisito, dejando al lector versos depurados, con un marcado ritmo. Alterna el presente con el pasado, aunque prevalece el ahora, como consecuencia del adentramiento de lo vivido, cierto olor a muerte, tamizado por la reflexión, que muestra la fragilidad, y en ocasiones acarrea, mediante una metáfora, el aire de una sociedad perversa con el ser, añadiéndose al discurso tensión, la razón de ser del poema. Así, “En flor”: “Los olores se mezclan y yo siento / que mi casa, que el mundo, / por hermoso que sea, es una habitación / sin ventana y sin aire / que un hombre pobre alquila”. Igualmente es así de clarividente en “Zurrón”: “un pobre siempre cuenta lo que tiene. // Un pobre siempre sabe / que nunca tiene nada”.

En evocaciones al Rock and Roll o recuerdos de fragmentos de Western se impone la voz poética de Sandro Luna, también en metáforas de sustancia irreal: “Y porque tú me llamas / yo me imagino a Dios / persiguiendo palomas como un niño”. Hay una esperanza, una tabla a la que asirse, una luz. Por ello, propone la búsqueda de los buenos momentos, instantes que pasan velozmente como leemos en “Escucho un parpadeo. Así pasa la vida”; pese a que los cardos del camino nos doblen, como puede verse en “Y nos da de beber”: “Por más perra que pueda parecernos / al final de la vida / más sed y más prodigios nos esperan”.

Son diversas las muestras de ternura halladas en este libro de poemas, una condición cálida exhibida en primera persona del singular, y esta inclinación afectiva nos emociona. Como en la composición “Caricia”, dedicado a Evita: “Hacen un cuenco, viven / tus manos recogidas / en puro ofrecimiento cuando duermes”. Todos los dones, el dominio de Sandro Luna está próximo a él, son las personas. Por eso se queda contemplando a los niños en un parque, o le rompa por dentro al detenerse en unos dibujos de su hija. Esa es la chispa de la creatividad, así dirá: “Esa inocencia prende mis palabras”.

En suma, La noche que a Eddie Felson le rompieron los dedos contiene poemas donde lo cotidiano pierde la anécdota y se convierte en sustancia trascendente. La habilidad de Sandro Luna se evidencia en el manejo del ritmo y de los recursos retóricos empleados, dejándonos hermosos poemas que atestiguan el amor a la vida y al arte.

Autor

  • Jesús Cárdenas Sánchez

    Jesús Cárdenas es licenciado en Filología Hispánica, Programa de Doctorado de Ciencias del Espectáculo (Universidad de Sevilla) y Máster en Formación e Investigación Literaria y Teatral en el Contexto Europeo (UNED). Es autor de los libros de poemas: ‘La luz de entre los cipreses’ (2012), ‘Mudanzas de lo azul’ (2013), ‘Después de la música’ (2014), ‘Sucesión de lunas’ (2015), ‘Los refugios que olvidamos’ (2016), ‘Raíz olvido’ (2017) y ‘Los falsos días’ (2019). Varios de sus textos se han traducido al inglés, francés, portugués e italiano. Como crítico literario y periodista cultural colabora con diferentes revistas literarias.

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