Territorios de angustia

Alejandra Pizarnik.

Las noches con Pizarnik. Luis García Herrera. X Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador”. Diputación de Salamanca, 2023.

El eje de la angustia por la destrucción asomó la quebradiza e infinita soledad de Alejandra Pizarnik. Angustioso el cansancio de vivir mostrado que se toma como conciencia y espejo en Las noches con Pizarnik, de José Luis García Herrera.  

La trayectoria poética del escritor catalán es fecunda y sólida, trazada a lo largo de veinticinco años en unos veinticinco libros de poemas, entre los que destacamos: Lágrimas de rojo niebla (1989), Los caballos de la mar no tienen alas (1999),  Mar de Praga (2005), La huella escrita (2006), La semilla del óxido (2017), Niebla en Costafreda (2023) y Las noches con Pizarnik (2023). La mayoría de ellos se han publicado con motivo de haberse alzado con un premio. El libro que nos ocupa fue X Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador”, auspiciado y publicado por la Diputación de Salamanca. 

En esta entrega lírica converge todo el sufrimiento angustioso ante el acto de vivir de la escritora argentina. García Herrera toma la perspectiva de Pizarnik. Escribe él con espejo de ella. Incorpora el frío de enfrentarse a la existencia, un frío cercano a la muerte.

En las palabra preliminares José María Muñoz Quirós escribe oportunamente: “El lector recorre los infiernos del alma y de la luz, de la noche infinita, y se sumerge en las aguas que se van presintiendo, metafórica y vitalmente. Alejandra convive con la duda, igual que el poeta en su traslación a la vivencia del poema, y cada texto es un avance, un correlato entre hecho y pensamiento, entre el rubor de la realidad y la sordidez de la palabra”.

García Herrera consigue empatizar con el momento que acucia a Pizarnik. El volumen supone un homenaje literario delicioso. Debemos advertir que ha resultado difícil la elección de los versos para citar, pues todos ellos tienen una cadencia dolorosa, un recorrido por todos los infiernos recorridos, una preciosa sinfonía de destrucción. Como complemento perfecto actúan las citas selectas de la obra de la escritora argentina.

Las noches con Pizarnik se inicia con el poema-pórtico, “El vuelo del despertar”, donde el poeta de Espluges de Llobregat se dirige a la escritora en segunda persona: “Recuerdas la luz primaveral de buenos Aires”. Concluye el poema, tras todos los elementos recordados, con palabras que nos iluminan la misma escritura de Pizarnik: “Que harás con el miedo / cuando lo pronuncies, / cuando ya nada en ti te habite, / cuando la jaula se vuelva pájaro”.

Continúan tres secciones equilibradas, que ocupan quince poemas cada una. Tres ángulos cohesionan la voz de la misma Pizarnik, tituladas “Soledad”, “Silencio” y “Muerte”. En ellas la primera persona verbal recorre esos territorios de angustia en medio de la derrota.

En “Soledad” se trazan los elementos de la escritura frutos de la soledad, de la escritura de noche y la cercanía de la muerte. Se descomponen los miedos que auguran el final. Es hermoso el poema titulado “Ángel”: “La herida de mis alas es honda. En ella / caben todas las palabras que me nombran, / toda la carne que me habita”. Se reconstruye la incertidumbre de su protagonista por medio de dos recursos: la interrogación retórica (“¿Quién me dirá la verdad que jamás / se escribió con verso alguno?”) y la paradoja, siendo eje de toda la composición (“Nada es mío salvo lo que no deseo, / salvo lo que me han robado en este viaje / alrededor de la nada que me habita”). Se asume el papel de la escritura como un momento de situarse ante sus demonios, reflejo de la soledad padecida, “como animal enjaulado”: “Escribo con la extraña sensación / de que cada palabra cae muerta sobre el papel, / que mi vida sacrifica los días en una ceremonia / donde permanezco callada”. En esta sección se halla el poema clave “Danza”, que se traduce a una treintena de lenguas en las últimas páginas del libro, coordinado por Alfredo Pérez Alencart.

“Silencio” ocupa la violencia de la escritura de Pizarnik dentro de un espacio íntimo de dolor y angustia inagotables. Metapoesía en la cotidianidad del existir. En el extraordinario poema sinéstesico “La luz del silencio” seguimos hallando paradojas, junto a dilogías y oxímoros, como fruto de tanta incertidumbre: “Escribo para no olvidarme de mí misma / […] invoco / el himno donde cando sin oírme, / donde deseo no ser esa mentira / que forjo a base de esperar / un silencio que no sea esa luz negra”. Lo expresará de un modo semejante en “Palabras viajeras”: “Escribo para verme en las palabras, / en aquellas que ya no hablan de mí, / que entierran en silencio / la memoria del agua que no bebo”.  Las composiciones contenidas en una única estrofa provocan que la tensión se mantenga hasta el final, en verso libre, con mucha cadencia. Continúa el hondo enfrentamiento, la dicotomía de la escritura/existencia, en “Espejo roto”: “Quizá, el poema que no acude a mi boca / sea vida que no merezco, / parte de mí que huye o me repudia”. Entre los círculos concéntricos que adquieren el silencio y la escritura, habitan la crisis de la identidad (“a la mujer”), la desnudez a la que se enfrenta, sin horizonte de salida, como leemos en “Ceniza de mis días”. Todo ello nos revela la tendencia autodestructiva, el augurio de un destino trágico.

“Muerte” es un tramo, por tanto, esperado, lógico. El contraste entre el exterior y el interior se evidencia en imágenes de destrucción, como leemos en la conclusión de “Afuera hay sol”: “Pero yo soy un ave nocturna, / un vuelo raso que recoge las cenizas / de la muerte que celebro cada día”. Persiste la intención metapoética en medio del personaje zarandeado que acepta el final: “Caen los pétalos, / la vida se deshoja. / Cada poema es una flor muerta”. Comprendemos una parte del proceso de elaboración porque el poema “Tarjetas” nos conduce al delirio donde se busca “el equilibrio”, sin embargo lo que queda es “la palabra muerte”. El aprendizaje o el proceso de aceptación comparece de noche, lo sabemos por “Sombra de los sueños”. Siente la necesidad de justificarse, en nombre de Pizarnik, leemos los versos concluyentes y tremendos de “Música fúnebre”: “dejándome en las manos el rumor de la muerte, / el verso muerto de la verdad absoluta / que escribo sobre mi carne, enfebrecida, / y no deseo escuchar”.

Cierra el conjunto una sección, “El vuelo del ángel”, donde se contiene el poema más extenso del libro titulado “El gran salto”. En unos cuarenta versos, que suenan a despedida, la escritora argentina regresa a la obsesión de la soledad existencial y al proceso íntimo de la escritura, ambos encajados en el dolor y en la angustia: “Es mi casa el vacío, el poema en el agua, / la palabra bajo la piel, / cosida al dolor de la carne, al hueso / que sostiene el puente de las mentiras. / Irme”.

Autor

  • Jesús Cárdenas Sánchez

    Jesús Cárdenas es licenciado en Filología Hispánica, Programa de Doctorado de Ciencias del Espectáculo (Universidad de Sevilla) y Máster en Formación e Investigación Literaria y Teatral en el Contexto Europeo (UNED). Es autor de los libros de poemas: ‘La luz de entre los cipreses’ (2012), ‘Mudanzas de lo azul’ (2013), ‘Después de la música’ (2014), ‘Sucesión de lunas’ (2015), ‘Los refugios que olvidamos’ (2016), ‘Raíz olvido’ (2017) y ‘Los falsos días’ (2019). Varios de sus textos se han traducido al inglés, francés, portugués e italiano. Como crítico literario y periodista cultural colabora con diferentes revistas literarias.

2 thoughts on “Territorios de angustia

  1. Mil gracias, Jesús, por esta espléndida reseña, por la atenta lectura de este libro y por plasmar los puntos más esenciales de cada una de las tres partes del poemario. ¡Gracias!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *