Daša Drndić o por qué tampoco la literatura nos salva

Leica Format. Daša Drndić. Traducción y notas de Juan Cristóbal Díaz. Prólogo de Miguel Roán. Automática Editorial, Madrid, 2021.
 

La curiosidad, la maldita curiosidad, causa de tantos males, me ha llevado últimamente a leer libros sueltos de autores que desconocía y de quienes he sabido, a destiempo, que tenían detrás una obra amplia y valiosa a la que hubiera merecido la pena asomarse antes. Nunca es tarde, dirán algunos. Pero el caso es que esa situación de descubrir mediterráneos, es decir, de reparar en autores en los que otros mejor informados seguramente han reparado ya, tiene clarísimos inconvenientes: desautoriza, por ejemplo, el gesto habitual de escribir una reseña del libro aislado por el que uno ha llegado a conocer a ese autor o autora. ¿Acaso un reseñista no escribe siempre, o al menos pretende hacerlo, desde una perspectiva totalizadora, que le permite afirmar qué lugar ocupa un libro concreto entre los muchos que haya podido escribir su autor? ¿Y cómo decir eso de alguien de quien sólo has leído un libro?

Ésa es mi posición respecto a la escritora croata Daša Drndić (1948-2018) y su libro Leica Format, que llegó a mis manos de forma casual hace poco más de un año, de manos de su traductor. De inmediato vi que era un libro que merecía la pena leer; e igualmente, que esa lectura requería un esfuerzo que ya sólo está uno dispuesto a dedicar a muy pocos libros. En cualquier caso, quedó en mi mesa de lecturas pendientes, lo que nunca es garantía plena de que vaya a ser leído: ya sabe uno que, cuando esa pila de compromisos de lectura crece demasiado, lo mejor es ir cercenándola por su base e ir sacando de ella, con palpable injusticia y algo de cesión a la pereza, los libros que uno sabe que van a aplazar demasiado la atención que requieren los demás. Pero concurrieron otras circunstancias: un amigo, el experiodista y ahora novelista gaditano Óscar Lobato, presentó su libro Las lágrimas de Iliria, una entretenida novela de intriga y acción ambientada en la ex-Yugoslavia, y la lectura de este libro me llevó a ver The Death of Yugoslavia, la estremecedora serie documental que la BBC dedicó en su día al intrincado conflicto por el que ese país se disolvió y desangró para dar lugar al mosaico de estados étnicos que hoy ocupa su espacio, entre ellos Croacia. Mis lecturas se encadenan de ese modo: una cosa lleva a otra; y, por lo mismo, una pieza suelta, que hasta entonces no había encajado en mis derivas de lector, se hace de pronto necesaria. Ése fue el caso de Leica Format. Ahora me urgía leerla. 

De Daša Drndić apenas puedo decir lo que he leído en una apresurada búsqueda de referencias inmediatas: que fue una autora bien integrada en el panorama intelectual de la antigua Yugoslavia; que estudió y trabajó durante gran parte de su vida en Belgrado, donde, entre otras cosas, fue una reputada guionista de televisión; que, al estallar la guerra civil, advirtió que se había convertido, por ser croata, en persona non grata en la nueva Serbia nacionalista de Slobodan Milošević; que volvió a Croacia, donde, por venir precisamente de Belgrado, tampoco la recibieron con los brazos abiertos, lo que la llevó a exiliarse por un tiempo en Canadá, para luego establecerse finalmente en la ciudad croata de Rijeka, la antigua Fuime italiana, donde pasó los últimos años de su vida.

Este breve resumen contextual ayuda algo a orientarse en el complejo laberinto en el que consiste su ¿novela? Leica Format. En ningún pasaje de ella, por cierto, se explica el porqué de ese título. Los aficionados a la fotografía saben que, desde su aparición en torno a 1925, la Leica fue la más popular y versátil cámara compacta de su tiempo, y que su uso está unido inextricablemente a la historia del fotoperiodismo. Que Drndić haga alusión a ella en el título de su libro parece anunciar, por  tanto, que en él hay mucho de fotorreportaje, y también de esa bendita ligereza por la que la mencionada cámara logró irrumpir en tantos escenarios del acontecer histórico del siglo y captar sus momentos decisivos.

¿Se cumple, efectivamente, esa expectativa en Leica Format? Sólo elusivamente, como sucede con otras estrategias narrativas o expositivas que la autora se encarga de plantear y desmentir. La primera sección del libro, en efecto, parece centrarse en una historia digna de ese enfoque periodístico: la de una ama de casa, Antonia Host, que un buen día abandona su hogar para trasladarse a otra ciudad, asumir una nueva identidad y vivir como profesora de piano.  El comienzo de esta historia tiene la andadura, como se ve, de un relato más o menos convencional; pero de inmediato Drndić rompe ese ritmo narrativo para situar al lector ante una “Breve biografía de Antonia Host” de carácter puramente periodístico, quizá en clave paródica. Ese añadido aporta también el triste desenlace de la historia inicial: es como si Drndić nos hiciera ver que hay demasiadas cosas de las que ocuparse como para perder el tiempo en demorar literariamente su relato, por singular que éste sea. Sección tras sección nos iremos encontrando con fintas parecidas: lo que se anuncia como una narración novelesca tradicional se resuelve en un reportaje periodístico o incluso en un mero aluvión de datos “sin cocinar”: una relación de crueles experimentos médicos, por ejemplo, o un simple inventario testamentario.

Es posible que el lector llegue incluso a impacientarse ante todos estos arranques aparentemente en falso: ¿cuándo empieza la historia propiamente dicha?, ¿cuándo encajarán entre sí las piezas? Y el caso es que algunas historias si se extienden más que otras y alcanzan a articular varias secciones del libro: por ejemplo, la del doctor Ludwig Jakob Fritz, un médico que llega a Fiume con la intención de embarcar desde ese entonces populoso puerto hacia Estados Unidos, lo que permitirá a Drndić poner voz a multitud de personas anónimas que intentaron esa aventura, pero igualmente le ofrecerá un pretexto para adentrase en los recesos de la ciudad portuaria, explorar sus burdeles, extenderse sobre la extensión y efectos de las enfermedades venéreas, etcétera, hasta centrarse en el destino de unos libros que el mencionado doctor dejó tras de sí y llegaron a manos de la autora, que terminará identificando a ese elusivo personaje con un tal “tío Luigi”, un muy degradado enfermo de sífilis cuya triste historia de alguna manera se entrevera con los recuerdos familiares de la propia Drndić.

Y es que autobiografía y ficción se mezclan libremente en estas páginas, como al parecer sucede en otros libros de la misma autora y muy notablemente en su novela más reputada, Trieste (2007), posterior en cuatro años a la que hoy nos ocupa. No cuesta mucho suponer que es Drndić quien habla en las muchas páginas en las que refiere la mezquindad con la que sus vecinos croatas reprochan a la narradora que emplee palabras y giros que delatan los muchos años vividos en Belgrado; e, igualmente, que a ella pertenece la voz acusadora que delata la connivencia general de sus compatriotas con el nacionalismo exacerbado y el olvido de los crímenes cometidos en su nombre a lo  largo de todo el siglo XX, incluyendo el desgraciado antecedente que supuso la Croacia “independiente” aliada de los ocupantes nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

El intrincado tapiz que teje Drndić se muestra tremendamente eficaz a la hora de vincular la mediocridad de la presente vida provinciana de Rijeka –pues no otra es la ciudad en la que se sitúa la mayor parte de la novela– y ese vertiginoso trasfondo histórico. Su alegato tiene incluso mayor alcance: “Los destructores están entre nosotros”, declara una voz anónima en la página 376, ya casi al final del libro: son hombres de “aspecto normal”, simplemente resentidos por “una discordia hacia tu entorno, que [son incapaces] de descifrar”. Se refiere Drndić al moderno odio de la masa ignorante y satisfecha hacia quienes sitúan sus coordenadas vitales en un ámbito de mayor civilidad y cultura. No es fácil seguirla en el desarrollo de esta imputación, extendida a los desarraigados de la vida rural, quizá por efecto de la reciente contienda civil, que no encuentran en la ciudad otra cosa que un territorio que le ofrece momentáneo cobijo y a cuya eventual destrucción no le importa contribuir: algo así, sin ir más lejos, sucedió en la culta y multiétnica Sarajevo, tiroteada y bombardeada desde su hirsuta periferia campesina. ¿Prejuicios de una élite educada? Es posible, aunque también es innegable la realidad degradada a la que se refiere la autora, y que es quizá propia, no solo de un país devastado por una guerra todavía reciente, sino de las modernas sociedades occidentales en general, inseguras de sus valores y cada vez más desarticuladas y desprotegidas.

Porque una cosa sí se afianza en la mente del lector conforme se adentra en el intrincado tapiz narrativo que le propone Drndić: su inquietud, su crispación, su desesperanza, son las nuestras. Leica Format –excelentemente traducida al castellano, sin una sola tacha, por Juan Cristóbal Díaz– es un texto desasosegante, duro, sin referencias a un posible horizonte esperanzador. En ese sentido, la autora no sólo emparenta con el inconformismo de un Thomas Bernhard, a quien cita, sino con el nihilismo de Cioran o Kafka. Sólo en muy ocasionales momentos parece ponerse en valor el gesto de escribir ese desasosiego. ¿Ofrece la literatura una posible tabla de salvación? Pero hay algo en el desconcertante nervio de este texto que nos autoriza a pensar que tampoco es eso lo que la autora nos quiere decir.

Autor

  • José Manuel Benítez Ariza

    José Manuel Benítez Ariza (Cádiz, 1963) vive escribiendo y escribe sobre la vida: un poco cada día, un poco de todo, en una profusión hecha de muchas brevedades. Narrador, poeta, traductor y articulista, el hilo conductor de esta aparente dispersión de fuerzas es su "diario abierto" Columna de humo, en el que trata de explicarse.

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