Sucede la palabra

‘Sucede la noche’. Sonia Aldama Muñoz. Ediciones Enkuadres. Valencia, 2020. 51 pp.

La mayoría de nosotros vivimos la vida imbuidos en nuestras pequeñas rutinas cotidianas, esas que nos conforman, todos esos pequeños actos que constituyen una vida sin grandes hazañas ni tampoco escandalosas derrotas, nuestra vida, al fin y al cabo, la vida de todos. Pero entre nosotros, también en esa labor sorda de hilvanar días iguales los unos a los otros, existen unos seres, que están dañados por la herida primigenia, que arrojan algo de luz con su palabra a nuestras existencias, iluminando esos momentos en los que nos contamos a nosotros mismos nuestros más íntimos secretos, en los que nos decimos la verdad, que no es gran cosa, pero es la nuestra.

Uno de esos seres que se mueven en la noche de los otros para dar cobijo con su palabra es la poeta madrileña Sonia Aldama, que hace escasos meses ha publicado su último, breve y conciso poemario, Sucede la noche, en la valenciana casa editorial Enkuadres, con prólogo de la profesora de la Universidad de Salamanca María José Bruña Bragado.

Como muy bien señala Bruña Bragado en el prólogo, la voz poética de Sonia Aldama es una voz suburbial, que se sitúa en los márgenes de lo social y del discurso poético establecido mediante una economía en el lenguaje y una casi obsesiva necesidad por encontrar la palabra exacta, el vocablo acertado que conduzca a designar la realidad que a la poeta le preocupa. Casi siempre es una realidad poblada por seres desheredados, sin voz, marginales, outsiders, tan heridos como la poeta que les presta voz, como podemos comprobar en el poema, “Vencidos”, cuando afirma, «¿Qué dice el sol / de los apagados? / Reincidentes, perdedores. / Para qué, se pregunta, / tanta luz». Es una poética del absoluto desasimiento de todo lo que sea innecesario, superfluo, de todo aquello que pueda distraer al corazón de lo que es esencial, verdadero, para poder formular con muy pocas palabras, pero muy poderosas, un grito que hagamos que escuchemos la voz de todos aquellos que viven en los márgenes, padeciendo un dolor que nos negamos a admitir, como podemos encontrar en estos versos: «Guarda esta voz de suburbio / y reescribe cada palabra. / El eco del grito marginal / retumbará entre las grietas».

Pero si hay algo realmente revolucionario, y contracultural, como también señala en el prólogo Bruña Bragado, es la reivindicación del amor, un amor absoluto que conmueva nuestras vidas, que remueva las entrañas hasta que sea un punto de inflexión entre pasado y futuro, que decida cuál va a ser el destino de nuestras vidas, porque si hay una pasión que mueve los actos del hombre desde la primera noche del mundo, esa noche de Sucede la noche, es la inconmensurable fuerza del amor, como se aprehende en el poema, “Sentido”, que dice así: «Sostengo que el tacto sugiere / una forma de resistencia. / ¿Cuántas horas verán / nuestros labios la nieve? / Sostengo las manos desnudas, / para que no duerma el asombro». Y siguiendo la tesis que plantean estos versos de Sonia Aldama, me pregunto, ¿existe algo más revolucionario, en estos tiempos de feroz individualismo descarnado, que reivindicar la fuerza transformadora del afecto, el tacto como forma de resistencia?, ¿qué otra revolución más noble y alta existe que la revolución que nos propone la poeta Sonia Aldama, la revolución del amor?

Sonia Aldama Muñoz.                                Foto: Eduardo Cano.

La poética del desasimiento, del total desprendimiento de lo superfluo, recuerda la de otras voces también de mujer como las de Chantal Maillard u Olvido García Valdés, aunque sin llegar al extremo ejercicio de violencia que ésta última somete a la sintaxis. Una voz desnuda, sin ningún tipo de almíbar barroquizante, casi en las fronteras del minimalismo, pero sin la frialdad que suele caracterizar a éste, es una voz primigenia, como si utilizase un preciso bisturí para adentrarse en una realidad, que en la mayoría de las veces, es hostil a la poeta y a su revolución del amor, unos versos despojados como éstos que señalo, y que podrían servir, tal vez, como una forma breve de la poética de Sonia Aldama: «No escribo cartas, / solo espero esa voz / desnuda sin hojas, / descalza en otro andén vacío».

La voz de Sonia Aldama es una de las que hay que reivindicar con insistencia en el actual panorama de la poesía española contemporánea, más allá de la voracidad de las maquinarias editoriales de los grandes sellos de poesía, o de esa veloz sinrazón que domina las mesas de novedades en nuestras librerías, una voz que empezó a forjarse en sus anteriores libros, Cuarto solo, Aflora libros, 2013, y La piel melaza, Editorial Torremozas, 2017, una voz que va tejiendo sus versos con lentitud, con la paciencia del orfebre que se sabe en lo cierto, ajena al tráfago del mundo, tallando con delicadeza cada verso, ensimismada en cada palabra que cuidadosamente escoge, mientras cuida desprendida de su hija, acompañada de su perro Lunes. Únanse a la revolución del amor que propone la poeta Sonia Aldama, pues sólo en ésta podrán hallar la única posible salvación del mundo, el verdadero camino de los humildes, la senda de «Amantes que se conocieron tarde / disculpas que conmueven: / olvidar está casi al fondo».

 

Imagen de portada: La noche estrellada. Vincent Van Gogh. Detalle.

Ismael Cabezas

Autor/a: Ismael Cabezas

Ismael Cabezas, La Línea (Cádiz), 1969. Graduado Social por la Universidad de Granada. Ha publicado los libros de poemas, ‘Paisaje para un ciego’ (2008), ‘Pisadas en la nieve sucia’ (2014) y ‘Sutura’ (2015). Sus poemas han aparecido en revistas literarias como ‘Así Roithamer’, ‘Cuadernos de humo’, ‘Cuaderno Ático’, ‘El coloquio de los perros’ y ‘Estación Poesía’. Es miembro del Instituto de Estudios Campogibraltareños.

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4 Comentarios

  1. Ismael Cabezas

    Gracias a ti por leerla.

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  2. Ismael Cabezas

    Gracias a ti por leerla reseña.

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  3. Encantadora y evocadora crítica, muchas gracias.

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