“Sin fronteras”: por amor a los cómics clásicos de prensa

Hace justo un año nos metimos en este berenjenal. Contra corriente, quizás, pero hay cosas que se hacen o no se hacen. Y se hacen bien o se dejan pasar. Es el caso de la línea de publicaciones “Sin Fronteras”.

Verán ustedes: los cómics se aman por lo que son: un medio que cuenta historias a través de dibujos y palabras. Y las historias son, o fueron, de todo tipo. Y llegaron a lectores de cualquier edad, etnia y condición. Lo hicieron, principalmente, a través de los periódicos en unos tiempos en que la única competencia fueron la radio y el cine. Crearon un medio y lo llevaron a cotas de popularidad y de calidad artística y narrativa como nunca se ha vuelto a ver.

Luego llegó la tele, y la censura, y la limitación de tiempo para contar sus historias, y la falta de publicidad que permitiera dispendios. Llegó la contracultura, y la música, y Vietnam, y los comics books. Y los cómics de prensa, porque sus creadores se fueron haciendo viejos o se murieron, se fueron quedando arrinconados, y otros creadores recogieron el testigo, en otros medios. En los comic books, poco a poco, todo aquel puñado de géneros que definieron lo cómics fueron fagocitados, lenta pero inexorablemente, por los superhéroes, de modo que hay ya generaciones de lectores que no saben desentrañar los códigos de lectura de otro tipo de historias.

Y al no saberlo, esas historias, esa gramática, ese arte se olvidan. Y es profundamente injusto que no se tenga acceso a las grandes obras del medio. Por eso, y porque amamos estos títulos, porque nos formamos como lectores en una galaxia muy lejana, la de hace cuarenta años, cuando todavía se podía leer de todo, surge la línea “Sin Fronteras”, porque hay cómics que tendrían que estar siempre en el mercado, como están siempre en el mercado las obras de Shakespeare o de Cervantes.

Al rescate de esa forma de crear y difundir la historieta, ya digo, hemos dedicado este último año. Con tres de los títulos capitales de la historieta. Algunos, sí, bastante conocidos. Otros injustamente olvidados, pese a su gigantesca valía. ¿Cómo enfrentarnos, entonces, a ese doble hándicap, rescatar lo desconocido y volver a presentar lo que, más o menos, es popular? Ofreciendo respeto a la obra y al lector. Ofreciendo, a precios lo más ajustados posibles, calidad en la edición como no se ha visto hasta ahora.

Tres son los títulos que han conformado, hasta el momento, nuestra línea. A razón de uno más o menos cada mes: Johnny Hazard, Flash Gordon/Jungle Jim, y Príncipe Valiente.

Johnny Hazard es, sencillamente, el mejor cómic de aventuras y acción de todos los tiempos. Las historias llenas de ingenio de un piloto freelance que, desde la Segunda Guerra Mundial hasta la mitad de los años setenta, supo entregar día a día la adecuada dosis de humor, suspense, personajes más grandes que la vida, mujeres inolvidables, secundarios de postín y una gramática de la narración y un sentido del drama que no han sido superados y que hoy, todavía, se leen como si hubieran sido dibujados y escritos ayer mismo.

La evolución de la serie, en la línea estética impresionista inaugurada por Noel Sickles y Milton Caniff, nos demuestra de un número a otro que su autor, Frank Robbins, es uno de los grandes maestros de la historieta. Leer una de las historias de Johnny Hazard es quedar encadenado para siempre a ese carrusel de aventuras donde podemos rastrear la influencia que luego tuvo en personajes como James Bond o Indiana Jones. Una lectura obligatoria para todo amante de la historieta… y para todo el que se precie de querer ser dibujante o guionista.

Flash Gordon era un reto. Porque está muy en el recuerdo, porque ha conocido muchas ediciones. ¿Qué tiene que ofrecer esta nueva edición? Muchas cosas. El tamaño, por ejemplo. La calidad de la restauración de IDW, de la que nos nutrimos, mejorada para la ocasión en la línea y a veces el color. Y, como nunca se había visto, el acompañamiento de su topper o historieta complementaria, Jungle Jim. Así con los dos títulos juntos, el lector de ahora puede hacerse una idea de cómo se leían estos cómics en los periódicos norteamericanos, domingo a domingo… ¡Y eso que ellos lo leían aún más grande!

Las aventuras del rubio héroe del espacio, de todos conocidas, nos muestran la eclosión casi mágica de su autor, Alex Raymond, que va pasando de un estilo efectivo pero titubeante hasta llegar a las más altas cotas de preciosismo gráfico que ha dado la historia del medio. La evolución de Raymond solo tiene, quizás, paralelismo con la de Jean Giraud/Moebius. Mirar cada página es un viaje a la fantasía. Una experiencia asombrosa. Tantos autores, tantos títulos se han nutrido de ahí…

Cinco son los libros que completan los diez años que Raymond dedicó a la serie. Y es nuestra intención seguir, ya con otro formato, con los otros autores que lo siguieron, en páginas dominicales o en tiras diarias en blanco y negro: Austin Briggs, Dan Barry, Mac Raboy

Príncipe Valiente se ha convertido, desde hace cosa de una década, en una de las series más publicadas de la historia. Por fin parece que se le ha hecho justicia. Tenemos aún en marcha la edición restaurada en blanco y negro del portugués Manuel Caldas y las dos ediciones de Planeta, de 2005 y 2015. Pero si hay un título de títulos es éste, y es de ley que esté siempre al alcance de los lectores. Sobre todo si, como es el caso, se ofrece una versión a gran tamaño, restaurada en colores y líneas, a partir de la edición de Fantagraphics que coordina el experto Brian Kane y que nosotros afinamos todavía más.

En el mismo formato del coleccionable de Planeta, un detalle para con los coleccionistas de “la competencia”, se han publicado ya todas las historias que quedaron inéditas desde entonces, desde 2012 hasta 2017 (o sea, ayer mismo), con la idea de ir publicando un número por año cuando los años naturales terminen. Es un Príncipe Valiente diferente, moderno, muy bien dibujado, que es respetuoso con el personaje original y no defrauda.

La serie cronológica, a partir de 1937, nos devuelve a la magia de Harold Foster, ahora con una edición muy cuidada y mimada al detalle. Un riesgo editorial, en efecto. ¿Quién va a querer comprar un cómic que ya tiene en muchas otras ediciones? Bueno, parece que es abrir el libro y comprarlo. No nos vamos a quejar por eso. En el momento en que escribo estas líneas ya han aparecido dos volúmenes (1937-38, 1939-40), y nuestra idea es, a partir del segundo semestre del año, aumentar la cadencia a bimestral, para que los lectores no tengan que esperar cuatro años para tener al menos toda la obra de Hal Foster.

¿Más títulos? Hay que andar con pies de plomo, pero ya estamos trabajando en The Phantom/El Hombre Enmascarado, el gran cómic de aventuras de Lee Falk. Sobradamente conocido, y enormemente popular en España y en todo el mundo, hemos decidido iniciar nuestra serie por 1961, con la llegada de Seymour “Sy” Barry al título, que supuso una revolución gráfica y temática en la serie tras los años semi-caricaturescos de Wilson McCoy y que no se había publicado en España de manera digna ni cronológica desde hace la friolera de 45 años. Más adelante, si los lectores nos ayudan en la aventura, volveremos al periodo de los años treinta y las aventuras de Ray Moore.

Otro título en cartera, también de Lee Falk, es Mandrake, previsto para el segundo semestre del año, aunque aún no se ha decidido si comenzar con las tiras diarias o hacerlo con las páginas dominicales

Y es que estos personajes tienen el problema de su edad. No porque las historias sean o no más o menos añejas (que no lo son), sino porque el material no se ha conservado jamás de manera decente. Los avances informáticos permiten ahora, mejor que antes, restaurar y recuperar, pero no siempre se consiguen materiales aceptables y, en todo caso (y si no que se lo digan a Jesús Yugo) siempre hay que restaurar y retocar aquí y allá. Un detalle tan nimio como los textos sobre fondo de color de Flash Gordon/Jungle Jim obligan a borrar el texto, restaurar el fondo de color, rotular encima… cosa que en otras ediciones se ha resuelto colocando sin más un recuadro blanco encima. Cada tira de Johnny Hazard o ahora de El Hombre Enmascarado requiere un laborioso proceso de encaje y restauración de los tonos negros, que se han perdido o aparecen difuminados en otras ediciones contemporáneas. O sea, que no es fácil, pero el resultado merece la pena y en Dolmen estamos todos muy satisfechos con el producto.

¿Más títulos, como se nos pide continuamente? ¡Dennos tiempo! Pero, sí, todos esos personajes e historias que ustedes están pensando ya se nos han ocurrido a nosotros… Crucemos todos los dedos.

Rafael Marín

Autor/a: Rafael Marín

Novelista, articulista, traductor, guionista y teórico de historieta. Hombre orquesta, bullita. Además canto bien.

Comparte en
468 ad

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *