Sigismunda

Persistieron hasta el último momento. Los ridículos y miserables bachilleres, barberos, curas, canónigos y duques desenterraron los huesos de Cervantes, los encriptaron en un sepulcro chirriante y los coronaron con una placa en la que el escritor figurará erróneamente como autor de “Segismunda”. Última y póstuma traición a quien la muerte forzó a que fuera póstuma su obra más deseada: Los trabajos de Persiles y Sigismunda.

Bien está, al fin y al cabo. Esta Segismunda Botella de Aznar, ya que se ha encarnado, podría servir de ejemplo a generaciones futuras, de estímulo incluso para leer La vida es sueño y alcanzar así a ver la dimensión de libertad que se nos ha negado. Al contrario que el Segismundo de Calderón, la Segismunda de Madrid no concibe la escritura de su propia vida, sino que fuerza el destino que por familia y por matrimonio el Todopoderoso le asignó. Al contrario que Segismundo, nunca se ha preguntado si su condición humana es sueño, únicamente ha tenido alguna pesadilla estúpida cuando no ha dado bien en televisión. Al contrario que Segismundo, tampoco se ha cuestionado si su existencia vale menos que la de un pez, que la de un perro o que la de un inmigrante, sino que ha dado por sentado, sin más, el sentido de su vida, entendiendo que le sobraban fundamentos si podía –como pudo– celebrar la boda de su esperpéntica hija en El Escorial, otro sepulcro chirriante.

persiles

Los trabajos de Persiles y Sigismunda, novela biizantina, sueño no cumplido de Cervantes –que nunca la vio impresa– habla de los encuentros y los desencuentros que el hombre, entre los vaivenes de la fortuna, alcanza; de la vida como peregrinatio, a saber, de la vida sin destinos escritos y de la vida como conocimiento; habla de la posibilidad de vivir con decencia –y es por tanto verosímil– a través del decoro de unos personajes que son lo que parecen y actúan según son, sin trampas. El Persiles, más allá en su utopía –según Cervantes– que el Quijote, aspira a la verdad poética, que hoy debería traducirse en verdad política y que de nuevo una política –Segismunda Botella– ha vuelto a traicionar.

Tengo la triste certeza de que a muchos les parecerá indiferente la errata en el sepulcro de Cervantes, una nimiedad. No lo es. Es un hecho tan grave y dramático como que la televisión pública emita una serie sobre Isabel la Católica en la que los personajes visten como en una fiesta de disfraces mal cosidos y hablan como si departieran alrededor de un vermut en una taberna de Chueca; tan trágico como que el Valle de los Caídos siga en pie, y que hasta allí sigan acudiendo turistas para conocer así qué fue la guerra de España; tan miserable como que en los libros escolares siga habiendo un capítulo dedicado a “las hablas andaluzas” ejemplificado con un texto de los Álvarez Quintero; tan desolador como que un alumno universitario cuestione en clase –no malverso ni exagero– que qué hubiera sido de la obra de García Lorca de no haber “tenido la fortuna” de ser maricón, fusilado y mártir; tan abyecto como ese sacerdote que justificó la enfermedad de Pedro Zerolo por un “castigo divino”. Es todo arrasador. Todo es destrucción de la memoria, insensatez e indecencia. Y Unamuno, ante esta Segismunda de Madrid y su sepulcro chirriante, hubiera vuelto a levantarse –como aquel día frente a Millán Astray– y a decir: “Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán-Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor.»

Autor

  • María Jesús Ruiz

    María Jesús Ruiz (Día de San Juan de 1962) es profesora de la Universidad de Cádiz, investigadora y escritora. Colabora en CaoCultura desde sus inicios con artículos sobre patrimonio cultural inmaterial, muchos de ellos recogidos en los volúmenes 'El mundo sin libros' (Lamiñarra, 2018) y 'Lo contrario al olvido' (Lamiñarra, 2020). 'Culantrillo llama a la puerta, poética del romancero infantil' (UCLM, 2023) y 'Poética del buceador' (Garvm, 2025) recogen sus últimas investigaciones sobre literatura de tradición oral. Ha editado parte de la obra teatral y poética de Alejandro Casona, y es autora del libro de relatos 'La música me hacía llorar' (Versátiles, 2022) y de la novela-ensayo 'Higinia: Pardo Bazán, Pérez Galdós y el Crimen de Fuencarral' (Huerga y Fierro, 2024). Más información en: https://asonante.webnode.es/

One thought on “Sigismunda

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *