Senderos de amor

Mala land: De este lado de la muralla. Antonio Soler Alcaide. Sonámbulos Ediciones. Granada, 2024. 110 pp.

El amor es un valor en declive en la sociedad posmoderna. En los tiempos que corren se desgasta, raudo, en la comunicación digital. La posición de Antonio Soler Alcaide en su último libro de poemas, Mala land: De este lado de la muralla, es enfrentarse desde su término a todas esas contradicciones que, rara vez, salvan de la erosión amorosa. Ese trayecto está espigado de varios hitos sugestivos.

El poeta granadino después de publicar Los premios perdidos, le seguirían Los días del diluvio, Caza de musas y En pie las ruinas. Ahora, Mala Land, su quinta entrega poética, estupendamente editada por Sonámbulos Ediciones, le lleva a revisitar símbolos y motivos que cohesionan su trayectoria poética: el amor que va a la deriva de la sociedad, la crítica social, la propia poesía.

En este libro de poemas convergen otros motivos secundarios (la dicha, el viaje del corazón, la intrahistoria de la Reconquista de Granada, la filosofía, distintos referentes pictóricos…) que ganan interés mediante el uso de intertextos. El discurso poético de Alcaide Soler refresca y actualiza versos conocidos. Se sirve de ellos, como de frases hechas o titulares espigados de la prensa, para mantener una posición irónica que deviene en posición afilada y en ocasiones deviene en humor.

Mala Land: De este lado de la muralla está formado por fragmentos poéticos: un poema breve pórtico y seis bloques (cuyos títulos se hallan, como guiños al lector, insertos en versos) conformados por un número dispar de poemas no titulados que forman un discurso fluido, dentro de algunos de los cuales inserta un poema con título. Esta elección es apropiada, pues la vida no se puede nombrar sin fragmentos. Así pues, la intención estética obedece a la intención existencial-íntima expuesta.

La valentía en favor del amor se expresa en el poema inicial, así como el contraste temporal: “Solo puedo huir hacia delante. // Quemamos las naves. / ¿Recuerdas? / Una noche de pasión”.

Las fugas de agua del barco de las vivencias amorosas abundan cuando se enfrentan a una realidad rutinaria: “toneladas de hastío llovían, / trozos de cielo e infierno como siempre / sobre los hombres y los hombres / pequeños que soy”. Cualquier soplo de aire puede destrozar ese barquito de papel del amor, pero al que cabe aferrarse. Alcaide Soler aviva la expresión con distintos juegos de palabras (dilogías y paronomasias) así como ruptura de frases hechas y lugares comunes. Presentan estos poemas la ironía y la crítica poética, como si la auténtica poesía fuese una quimera o un tren en vía muerta, así se aparta de lo esperado, de la vanagloria de los poetas: “Nadie quiere la maquinaria / de la vieja poesía. /[…] Nadie gusta de aquella / lentitud en llegar a la verdad, / aquella belleza por la ventanilla, / el traqueteo del verso encabalgado”.

Urde Alcaide Soler hábilmente símbolos de la cotidianidad íntima, de la existencia y de la literatura. Ello sirve también como declaración de intenciones. Esta estrofa pudiese servir de ejemplo a lo dicho: “Suelta, niña, tu rosa. / El tiempo ataca, no huye. / no atesores más belleza que la justa. / La muerte es envidiosa, / más aún la vida”. Se sirve del talante metapoético para coser intimidades. La urdimbre encarna un  proyecto vital, como el que cierra el primer tramo: “Me equivoco, soy cruel / cuando no tengo el poema delante, / cuando eres la de carne / y no puedo leer lo que siento”.

 “Caravana de dos: Mala Land” representa el mejor tramo del libro porque completa el itinerario de la experiencia amorosa, siempre con distintos pares de oposición amor/sociedad, amor/rutina, amor/espacio, amor/labores… Como si fuese una road movie, en un plano secuencia intuimos al sujeto que camina, huye, pierde la juventud, se aproxima a una ciudad que le resulta extraña, con la que no se identifica, también porque no conecta con su poesía, los poemas resultan ser una cadencia dialogada consigo mismo y con el amor: “Aunque tú nada entiendas de todo aquello, / una vez yo fui joven / en esta misma ciudad / que hoy abre su muralla, pero poco, / para mis versos. / En ellos te hablo de la huida”. En otro poema deducimos la lejanía simbolizada por la misma ciudad: “Amor a las puertas de la ciudad dormida, / sin prisa ya, sin mundo que cambiar, / detenidos al borde de lo que no fuimos, / vueltos de la huida, / en la cada iluminada de esta luna / tan lorquiana”.

Imprime imágenes plásticas casi cinematográficas ayudan a crear un imaginario que abraza el lector y forma la reconstrucción de las vivencias del sujeto lírico. Uno de esos poemas sobresalientes es el que comienza por la estrofa: “Solo existo aquí y ahora. / Contra Kant te he querido / buscando un espacio más allá / incluso del amor, / en el desierto que construye / nuestra pequeña caravana de dos”. Del pasado el sujeto se proyecta distanciado, poesía mediante: “Le he dejado estos poemas / para que vea / quién pudo haber sido”.

Del tramo titulado “Los hijos que sí tuvimos” destacan versos con los que en estructura circular dan con una de las claves del poemario, expresados contundentemente en versos pausados: “El problema es que la musa vive conmigo. / […] Dentro de nosotros nada hay maldito. / El infierno está fuera. / Contra él escribo”. En otro poema se deduce la unión, contra la huida, con una imagen final que recuerda a las películas del Oeste: “Ahora tengo una casa / al otro borde de la huida. / Hemos vuelto a lo que nunca nos dio miedo / y nuestros hijos duermen / sobre los cadáveres de aquellos perros / que un día nos persiguieron”.

Como guiño a Alberti, contiene poemas que elogian la belleza de la amada, y se refiere a los ángeles de amor, y advierte que “no puedes, nadie puede / fintar las puñaladas”. Todos vamos armados hasta los dientes en los días del amor. Ello le sirve para reflexionar sobre su identidad de poeta, para construir otro estupendo poema metapoético: “está claro que no sirvo más / que para escribir estos poemas de amor. / Hombre de poca utilidad soy, / que solo domina un tipo de poema / en un mundo donde la poesía para poco sirve”.

El contexto de la reconquista de la ciudad de Granada le sirve al sujeto para volver a su amor mediante el uso del verso (“haré florecer la rosa”), mientras se sigue oponiendo a la hostilidad del mundo: “Hoy me he propuesto reconquistarte / a fuerza de verso, / con mi pequeña escuadra de letras / contra la muerte”. La llegada no está exenta de incertidumbre: “aun le resta por escribir”. Incluso a veces cae en el desaliento: “Nunca llegaré a Granada. Lo sé”. De fondo, el romancero morisco y sobre todo el guiño a Pedro Salinas.

El hito final de Mala Land es “Time machine”, último trecho para llegar a meta, concebido como un espejo que reflecta el origen, porque se desea el principio de la relación amorosa, y porque supone el reflejo de los comienzos de alguien que tiene verdadera fe en la poesía de verdad. Estos poemas sirven de elogio a las trincheras de la literatura, al verso con el que combate el paso del tiempo. Por estos intertextos resuenan ecos de Antonio Machado, Catulo, Kerouac, Lorca, Cernuda, Bécquer, Quevedo, Shakespeare, Celan, entre otros. Con ellos el sujeto se hace fuerte, inexpugnable, porque se reconoce en ellos: “Para un poeta inédito / que puede viajar en el tiempo de la poesía / es reconfortante dejarse escrito en el pasado, / poner tus poemas a aquellos manuscritos, / verse ahora en los libros de texto, / con otro nombre”.

Autor

  • Jesús Cárdenas Sánchez

    Jesús Cárdenas es licenciado en Filología Hispánica, Programa de Doctorado de Ciencias del Espectáculo (Universidad de Sevilla) y Máster en Formación e Investigación Literaria y Teatral en el Contexto Europeo (UNED). Es autor de los libros de poemas: ‘La luz de entre los cipreses’ (2012), ‘Mudanzas de lo azul’ (2013), ‘Después de la música’ (2014), ‘Sucesión de lunas’ (2015), ‘Los refugios que olvidamos’ (2016), ‘Raíz olvido’ (2017) y ‘Los falsos días’ (2019). Varios de sus textos se han traducido al inglés, francés, portugués e italiano. Como crítico literario y periodista cultural colabora con diferentes revistas literarias.

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