Acurela de José Manuel Benítez Ariza.
Capítulo I del libro inédito Ojos de Ana de Chencho Ríos.
Riverrante, discorrío, riocorrido, riverrun, en el del Norrecuerdo, Guadalete, el río Leteo, el río del Olvido, el ojo que lo mira es otro río, el que, al salir del amparo de la serranía, crea otras formas topográficas dominantes, donde todo empieza y todo acaba. Límite entre la vida y el más allá. El yin y el yang, siendo, yin lo estático y yang lo dinámico, oscuro-brillante, frío, soleado, opuestos y complementarios. La línea que los divide es el río Guadalete. Cuando yin está completo, se halla dispuesto para convertirse en yang y solo puede iniciarse por un impulso que venga de fuera. La unificación de los principios opuestos de bien y mal, enfermedad y salud, oscuridad y luz, estando unificados en la enigmática figura de la serpiente que se muestra con una mitad clara y otra oscura. Perder la memoria diseñando y creando la propia vida, agua experiencia subjetiva de pensamientos.
Canta Musa celestial: símbolos, relatos, mitos y tradiciones. Canta para alegrar la noche, para celebrar el esplendor del día. ¡Canta hasta la aurora para mecer la salida del sol! Dulce río, corre suave hasta que ella termine su canto, el poder de persistir en el tiempo. Ulises reconoce su rostro en los espejos de ItaCa(diz). Imagínate en un barco en un río. El rey Espero, Espera, Hespérides, el Jardín, el Edén. Valles en donde brillan los trigos llenos de sol, el césped húmedo de rocío, con un inmenso pinar a orillas del Lago Ligustino. Bosques y bosques de acebuches sagrados. No es un emplazamiento imaginado el lugar embriagador en el punto donde se pone el sol cada día, situado en los confines del océano, en el extremo del mundo. Riqueza de verdes infinitos y variados. Relación entre el hombre y la naturaleza, un principio conector acausal. Destello de colores vivos. La danza fundamental que conecta todas las cosas. La música, el canto y el incienso. Goce sensorial que permite recobrar el equilibrio entre cuerpo y alma, patrones internos del entorno, luz y espacio.
Terreno de delicias, desde antiguo, una apertura de lo humano a diferentes dimensiones. Manifestación de la perfección y de la divinidad, el Lugar del Saber. País del Lucero o Jardín de Occidente donde moran las Hespérides, Eglé (la blanca), Aretusa (la rojiza) y Hiperetusa (la negra), las tres razas, semidesnudas y cogiendo cada una sólo una manzana. Hijas del titán (hombre cubierto de arcilla blanca) Atlas. Destacando su belleza, al ritmo de la música, contorsionando sus cuerpos formando escorzos y con un movimiento de caderas agitando las faldas, jóvenes atolondradas convertidas en piedra por bailar.
Es el jardín, lleno del chispeante vino. Cereta (Jerez) de tierra “Albariza”, con gran abundancia de caliza, que admite muy bien el aire y el agua, ya que es muy esponjosa. Antesala de la morada de los dioses. Siempre con una abundante cosecha, beneficio que da la tierra. Todo lleno de huertos donde se dan las manzanas de oro que proporcionan la inmortalidad. El naranjo que, con su fruta de subido amarillo, semeja un cielo de esmeralda con estrellones de oro, rebosante de luz. El dulce néctar de las frutas. Un árbol cargado y con un magnífico dragón alado que nunca duerme. Sujetado con cadenas, abre sus fauces amenazadoras defendiendo la entrada al Jardín. Con alas de tela metálica, patas escamosas y cuello y cola hechos de espiral de hierro. Un Herakles, sicario de Zeus, apoyado en su maza como si fuera un bastón. Las vacas del boyero Gerión, Jerión, Jerez. En ningún lugar del mundo crecen más olivos. Aceite de oliva obtenido directamente de las aceitunas, oro líquido. Explotación de minerales, minas de plata, de oro y de otros metales, esparto, conejos, cera, miel y pez, mucha cochinilla, purpura. Los astilleros funcionan con madera del país. Pinsapares, minas de sal, industria de salazón de pescado, paño, lana, carneros. Agrúpanse los bisontes a la regalada sombra de limoneros y manglares. Es inagotable la riqueza en ganado de toda especie y en caza. El toro, el león, la cierva, el jabalí, las yeguas, la serpiente, la hidra y el vino son los signos. Otros, sátiros, centauros y silenos.
El laberinto del Minotauro. El laberinto aturde, confunde y enreda. Si solo se percibe lo aparente, la vida es un laberinto sin salida, un pequeño defecto en la estructura de todo lo que hasta ahora hemos considerado como la realidad. La divina ceremonia de los toros festejando la “Otra Vida”. Antiguos rituales sacrificando animales bravos agradeciendo los beneficios de la tierra. Joyas profusamente decoradas, con un arte fastuoso, a la vez delicado y bárbaro. Celebran la vida viniendo hacia el oeste en peregrinación hacia la Gran Madre. En el Templo se adora al planeta Venus, en la figura de una diosa de la Naturaleza con un niño en brazos, con palomas y enmarcada en un triángulo.
Abren las nubes iluminadas formando el Arco, las gotas de lluvia encendidas por el Sol. Arcoíris. Arco de luz multicolor, el color de los sueños. El Arcoíris se percibe, se ve, pero es imposible tocarlo, tal como sucede con lo real. Dioniso desciende con regularidad al inframundo. Vino, locura ritual y éxtasis, comunicación entre los vivos y los no vivos, la fertilidad de la tierra y los frutos. Padre de todas las cosas.
En la tristeza húmeda, en un lugar cercano al río y antes de llegar al Portal, se tiene que pasar por un espacio sagrado y telúrico, donde la luz brilla. Hermes lleva la mercancía a un templo protegido por perros y serpientes, estas últimas Ángeles de la “Otra Vida”, que atemorizan a las almas cuando entran. Infinito. Los devotos del santuario no pueden hablar, el Silencio está en sus bocas, un grande y antiguo Silencio. Detienen las palabras en sí mismas, sin deslizarlas por el espacio vacío. Contemplan una vida de oración pura y continúa, haciendo de la sencillez un culto, protegiendo las puertas del inframundo y velando porque la mercancía no salga del averno y para que los vivos no puedan entrar. Las inquietas llamas de dos cirios suben oscilantes hacia lo alto.
Huyendo del mundo, llegan las almas, sometiéndose a juicio. El relámpago del encuentro. La comprensión arroja incienso sobre el fuego. Un viaje al Sur, tan cercano y a la vez tan lejano, buscando la explicación de lo sucedido y de lo que va a pasar. Tradiciones de generación en generación, sentido de la vida. Comparecen ante el rey de Cereta (Jerez) que, con los ojos bajos que se adivinan azules, con aire de modesta y serena virtud, conjuntamente con un tribunal, dan su voto decisivo. Juntan y separan sin cesar, dispersan identidades, se agitan, se inquietan llegando al borde. Tras la sentencia, labio en oído, son trasladados los espíritus en barca a una parte u otra del inframundo acatando el juicio. Ha llegado el momento de tomar el camino.
Tránsito, un poco de irrealidad, el canto monótono de los grillos y quizás sangre, sufrimiento, sudor y lágrimas. La esencia está oculta en el Ser, en el Sur. Solo existo… perseguido en espejismos. Todo se desarrolla como en un sueño. Deslizándose entre nieblas y la luz gris de la mañana saliendo del Portal del Más Allá, aquel llamado Caronte, cruza los abismos de las aguas celestes y traslada la mercancía hacinada de orilla a orilla en su nave, utilizando la embarcación del Averno. Aparte de seres fantasmales, obreros, no hay nadie. En otros tiempos, desde el Jardín de las Hespérides al Hades, Gades, a través del Leteo. Desesperación, lamentos y gritos llenan las tinieblas. Toda la mercancía lleva una monedita, la resonancia de una sepultura, debajo de la lengua para pagar a los operarios de la factoría a cambio de todos sus quehaceres. Mientras la nave avanza se oyen las ranas invisibles, él empuja la barca con la pértiga y gobierna las velas, pasa por delante del miedo Caronte, sonriendo con una sonrisa de espanto entre lúgubres aguas rodeadas de almas en pena.
Si tan veraz, con tus manos voraces, la vida acortas, placentera, proverbial, sin ápice de maldad ni lujuria, las almas llevas desde el otro lado cruzando el Guadalete plateado, hacia el terreno de Hades de mil lágrimas, limbo de Ilusión. En la factoría los empleados se cuentan por miles. Son intocables. El negocio de la “Otra Vida” nunca ha sido bien visto y todos los que están relacionados con ello son considerados impuros. Marginados y auto marginados los gitanos. El inframundo es una unidad de distintos dominios que se encuentran al otro lado de la corriente. La mercancía es enviada a varios sitios: A las Islas, que se ubican en los confines del mundo, al borde mismo del río Océano que rodea el disco terrestre, al extremo de la tierra, muy pocos son los elegidos, quedando enterrados en lujosos sepulcros las almas de los grandes. Ni nevada, ni crudo invierno, ni lluvia nunca, siempre Océano. Envía brisas de Céfiro que soplan suaves para aliviar a los hombres. Dulces rayos del sol. Cuando el astro se esconde donde oscurece, se contemplan los atardeceres más preciosos, el cielo regala increíbles vistas del sagrado en su travesía por el cielo. Se detiene en su curso. Salida del Alma hacia la Luz del Día. Lugar alcanzado por el rayo del sol, en el fin de la tierra, compuesto de mercurio, de sal y de azufre.
Se envían también al pie de la sierra, el lugar más repleto de almas, donde hay numerosas sepulturas de bañera, conjunto de tumbas antropomorfas, bajas sin tapa, en donde los operarios dejan los cuerpos tal cual llegan para que los buitres, la zona está llena de ellos, aprovechen la oportunidad y se den un banquete, dejando en poco tiempo otra vez utilizable el espacio. Sepulcros labrados en la roca, cercanas a cuevas pintadas con arte rupestre paleolítico, catedrales de la “Otra Vida”. Grandes piedras con finalidad funeraria, de culto o ritual, con la intención de preservar la memoria de algo o alguien, haciéndolo notorio y visible en su entorno, centros de culto de una compleja religión, fenómeno de ineludible dimensión espacial. Por la zona se encuentra también la prisión de los titanes (hombres cubiertos de arcilla blanca) castigados por Zeus. Hades (el que no es visto), Rey y Gran Sacerdote, hijo de Crono y Rea, hermano de Zeus, está al cargo de ellos después de la guerra que hacen contra los dioses.
Y en todo ello la Diosa Madre. La esencia de nuestros sueños más puros es la esencia de nuestra experiencia. Estamos tejidos de idéntica tela que las fantasías, y nuestra corta vida se cierra con un sueño. Amen, aunque sea de noche.



