Raúl García está a punto de someterse a una sesión de fotos con el fotógrafo Alberto Otero en el hermoso patio del estudio que la artista plástica Bárbara Shunyí tiene en Puerto Real, donde también hemos quedado para la entrevista. Lleva en Cádiz desde el lunes, y ha descansado poco. Su anfitrión, Bruto Pomeroy, coordinador de la Escuela de Cine de la UCA, le tenía preparado un intenso programa de actividades para complementar y “aprovechar su presencia” como profesor en el módulo dedicado a la animación que se ha estado desarrollando estos días.
¿Cómo ha sido su experiencia como profesor en la Escuela de cine de la UCA?
La gente de Cádiz ha sido superamable, increíble la acogida que ha tenido el curso. Cuando uno hace estos cursos siempre está ante el enigma de quién va a asistir, qué clase de nivel tiene, qué sabe, qué no se sabe, porque en otras materias quizás haya más información, pero en la animación realmente no hay tanta información disponible.
El alumnado ha sido muy interesante porque ha venido gente que tenía curiosidad por saber qué es esto de la animación, también gente profesional que hace cortos y que estaba más interesada en ahondar en el tema. En el ecuador del curso estuve viendo los ejercicios de los alumnos, cosas que ya tenían hechas o que han hecho en estos días para enseñarme, y me sorprendí gratamente de ver la entrega y la pasión que le habían puesto, porque, obviamente, a la hora de hablar de animación sí que hay un integrante muy importante de pasión. Esta es una profesión un poco demencial por los tiempos que se emplean para hacer las cosas, la preparación que se necesita para poder hacerlas y por todo el proceso, que es bastante largo y arduo.

Empezó a trabajar con diecinueve años. Desde entonces, el mundo de la animación ha evolucionado mucho. ¿Cómo ha vivido este cambio?
Ha sido una revolución. Yo empecé en el campo del 2D, por entonces las computadoras ni existían. Vivíamos en un mundo prehistórico sin Internet. La animación solo se podía hacer en grandes ciudades con tecnología suficiente porque todo era, de alguna forma, material especializado. No se hacía con una cámara normal, sino especial, modificada para hacer animación. Se dibujaba con papel y lápiz, pero luego todo el proceso de animación de las imágenes se hacía con acetato transparente, calcando los dibujos y luego pintándolos con pintura que era también especial. Totalmente artesanal.
La primera revolución supuso la sustitución de ese proceso complejo por el ordenador, por la posibilidad de escanear esos dibujos y pintarlos. Y luego la segunda revolución que ha puesto a todo el medio realmente en el siglo XXI fue la irrupción de la animación por ordenador. De pronto, se democratizó el medio, la forma de hacer animación.
Hasta ese momento, realmente sí que había una fina línea que separaba a los profesionales de los no profesionales: o sabías dibujar o no sabías dibujar. El saber dibujar era el factor determinante para poderse dedicar a la animación profesionalmente. Ahora con la animación por computadora está bien que se sepa dibujar y es una circunstancia importante, dado que los principios del medio continúan siendo los mismos de antes, pero aplicados con una nueva herramienta. Pero ahora mismo cualquiera pude tener una computadora y comprar los programas necesarios para trabajar en esto sin necesariamente saber dibujar. Por otro lado, se ha descentralizado la producción porque ya no hace falta esa infraestructura tecnológica propia de la animación. Ahora hay una atomización de estudios, ya no es el estudio gigante de cuatrocientas personas que era necesario poner juntas para hacer una película.
El teletrabajo es normal en esta profesión. Y el que, por ejemplo, en Puerto Real haya un estudio de animación antes podía ser la cosa más extraña del mundo y ahora es lo más normal, porque desde aquí, o desde cualquier parte del mundo, puede hacerse animación profesional.
En este sentido sí que estamos al principio de una nueva época porque gracias a Internet el que quiera hacer animación, no solo puede hacerla, sino también mostrarla al público.
España siempre ha contado con una importante cantera de dibujantes que han dado el salto a otros países…
Talento de animación siempre ha habido en España. Lo que pasa es que como aquí nunca ha habido una industria que pueda permitir una continuidad, la gente que quiere hacer animación tiene que salir fuera. Esto está bien y está mal. Está mal porque salir fuera significa que después, a la hora de la verdad, es cada vez más difícil volver. Y está bien porque se adquieren muchos más conocimientos.
Paralelamente a su trabajo con grandes estudios, usted ha desarrollado una carrera personal. ¿Cómo ha sido esta experiencia?
Normalmente, me gusta llevar el trabajo desde la idea hasta algo que se pueda realizar. Lo que pasa es que, siguiendo la vía del animador independiente, tengo que empezar con cada proyecto desde cero.
Extraodinary Tales me costó nueve años hacerla. Ha sido una película arriesgada y un poco experimental porque es terror, es animación, y, además, no es una animación convencional. Pero, a la vez, sigo desarrollando diferentes proyectos, básicamente en busca del santo grial que es la financiación.

Precisamente ha aprovechado su presencia en Cádiz para presentar un libro que tiene como origen su último trabajo. ¿Qué recoge este libro?
Jack Mirkala y el arte de Extraordinary Tales es un libro basado en el trabajo que se ha hecho para la película, concretamente en las ilustraciones que Jack Mirkala ha realizado y que son el tejido que interrelaciona las diferentes historias de la película.
Está editado en bilingüe. También tenemos una exposición del arte de Extraordinary Tales, que ahora mismo está en Richmond en Virginia, que está viajando por Estados Unidos y queremos traerla aquí. En esta exposición están parte de las piezas que se hicieron para la película y un montón de arte original.
Háblenos de la película. ¿Es fiel a la obra de Edgar Allan Poe?
La película es básicamente un diálogo entre Edgar Allan Poe y la muerte. En este diálogo la muerte quiere llevarse el alma de Poe y Poe trata de justificar seguir viviendo. En esta conversación se van contando distintas historias de Poe que le sirven a cada uno para reforzar su postura.
Con la película realmente he intentado ponerme mis propias reglas del juego. La primera, ser absolutamente fiel al espíritu de Edgar Allan Poe porque realmente en cine se conoce mucho su obra, sobre todo por las películas de Roger Corman y Vincent Price, pero la verdad es que no tiene que ver mucho con los originales. Mi intención ha sido ser lo más fiel al espíritu de las historias de Poe y adaptarlas a un formato de diez o quince minutos cada historia. Son cinco historias. La película dura un total de 73 minutos.
La segunda regla que me puse fue buscar un narrador que, de alguna forma, fuese significativo del mundo del terror y la fantasía del pasado, del presente y del futuro. Empecé con Béla Lugosi, que narra El corazón delator, y de ahí a Christopher Lee, en una de las últimas cosas que hizo antes de morir; y luego Julian Sands, como el presente; Guillermo del Toro, como el futuro… Y aprovechado esta mitomanía mía en ese mundo, incluso Roger Corman hace un cameo en La máscara de la muerte roja como el príncipe Próspero. Ha sido un juego que me he permitido para divertirme.
¿Por qué le atrae este autor y sus historias?
Realmente, fue el primer libro para adultos que leí en mi vida. Fue el primer libro, fuera de aventuras juveniles, que cayó en mis manos cuando tenía doce años. Me cautivó, me pareció muy interesante, me obsesionó y de ahí vino mi interés por el cómic y por la literatura fantástica. De ahí pasé a Louis Stevenson y a Lovecraft, y a Kafka, y a un montón de cosas…
¿Qué cree que aportan las ilustraciones de Mirkala al imaginario que existe alrededor de la obra de Poe?
Un toque muy especial y, sobre todo, dado que es el tejido narrativo de la película, que es la parte que une una historia con la siguiente, lo que intenté fue buscar algo diferente. Como todas las historias están hechas en animación por computadora, traer algo material y palpable, con la materia de la cartulina y el lápiz y la ilustración, te ponía en un mundo más real, porque es que se puede tocar.
Mirkala ha creado todos los fondos, la animación del cuervo -la voz de la muerte está en el aire, no es un personaje concreto- y las esculturas de los diferentes amores imposibles de Poe. La narración de la muerte la hizo Cornelia Funke que es escritora de libros juveniles, autora de la trilogía El hombre de tinta, que ha sido trasladada al cine. Y mi próxima película está basada en una novela suya, El joven hombre lobo (Bitten). Hablo de la película como si ya fuese a hacerla, pero estoy en el proceso de buscar financiación, ver cómo la podemos organizar…
¿La película no se ha estrenado todavía en España?
No, todavía no. Estamos de festivales. Se puso en los festivales de Sitges, de Gijón, y ahora, el día 19, se pone en el Festival de Gran Canarias. Internacionalmente acaba de estar ahora en Portugal; también el 19 se pone en Lazy, en Finlandia, y en Holanda. O sea, que internacionalmente va funcionando muy bien.
¿Y en las salas comerciales?
De momento solo se ha estrenado en EE.UU y en Hungría. Pero bueno, la película la acabamos el año pasado hay que ir despacito, es algo artesanal e independiente. En EE.UU se ha estrenado en veinte ciudades, lo cual, tratándose de una película de animación y de terror, es todo un hito.
Lo que sí está ocurriendo en Estados Unidos es que la película se está convirtiendo en una especie de película de culto. Se está proyectando en el Museo de Arte Moderno de Houston. Tenemos muchas universidades que la están pidiendo para proyectar en sus campus y va teniendo su pequeño público, cosa que es muy interesante porque, de pronto, en el estreno de la película en Los Ángeles había clubes de fans de Poe que contrataban el cine para hacerse su proyección particular de la película. Es interesante ver cómo el fenómeno va funcionando.

