Paulo Caffo, poeta peruano: “Escribo para reconciliar lo fragmentado”

I

“No tengo otro lenguaje que no sea el de la poesía”.

Así comienza el libro No iremos tras el amor, la ópera prima de Paulo Caffo, poeta peruano afincado en Barcelona. Es una frase que suena rebelde, pero también una especie de escudo frente a un mundo donde la poesía existe, aunque muchas veces queda opacada por la saturación de imágenes y ruido.

No conozco a nadie como Paulo que viva de tal manera la poesía. Es un obsesionado, más bien, un romántico de la lírica. Aquí no hay espacio para exageraciones, tampoco para adulaciones a medias tintas. ¿Cómo se vive cuando este lenguaje se vuelve el centro de su experiencia cotidiana? Esa pregunta la responde Paulo en un café de Les Corts en Barcelona, donde nos reunimos cuando casi atardece el último viernes de marzo de 2026.

Caffo aclara que esa declaración nace de su más íntima vivencia. Su camino por las letras nace fuera de la academia. En paralelo a su vida como ingeniero, la poesía fue su forma, dice, “de pertenecer al mundo, donde nombrar era y es posible”.

Ese lugar en el mundo y su lenguaje le permiten interpretar y comprender mejor la vida cotidiana. “Nada que no sea real es ajeno a la poesía”, dice. Ese lenguaje, agrega, va creando conciencia alrededor de la memoria: “la memoria como refugio, escudo y vitalidad”.

Para entender ese vínculo, debemos remontarnos a Amarilis, un distrito en Huánuco, un lugar descrito por el autor como un bello valle en los Andes, con esa particular “condición de ceja de selva” que marca su paisaje y su atmósfera. Suena a una especie de conexión que Caffo venga de un distrito con el mismo nombre que la poeta peruana anónima del siglo XVII, que también escribió epístolas de amor. La obra Epístola de Amarilis a Belardo escrita por la poeta huanuqueña se publicó en 1621 en La Filomena de Lope de Vega.

Vivió allí hasta los siete años, para luego trasladarse junto a su madre profesora de Letras a Lima, donde pasó gran parte de su vida antes de mudarse a Cataluña hace cuatro años. Desde entonces, acumula libretas donde anota todo, versos que le asombran y, al igual que la poeta Blanca Varela, imita a quienes admira, copiando sus poemas, hasta que en un momento no se da cuenta que está escribiendo su camino.

“Me siento muy afín con eso, con esto de encontrar aquello que siempre estuvo ahí, ese lugar de la memoria, pero que se va activando a medida que tú vives experiencias”, analiza.

II

En No iremos tras el amor, publicado por Alastor Editores en noviembre de 2025, aparece la figura lírica de alguien profundamente atravesado por la poesía, pero que al mismo tiempo parece desconfiar de llamarse poeta.

Para su autor (a quien suelo encontrar en lecturas y encuentros que ocurren cada semana en esta adictiva ciudad del Mediterráneo), el término poeta es algo que se debe usar con cuidado, porque sabe que la poesía es una actitud ante la vida.

“Para mí no eres poeta porque has publicado un libro de poesía, sino quien vive en un estado poético. No me incomoda la palabra poeta, me incomoda que se sirvan de la poesía haciéndose llamar poetas y cuando el ego cubre como una venda sus ojos”, reflexiona.

Aquí, Caffo cita a Antonio Lucas, poeta español que admira y que hace poco dijo “con clarividencia” en una entrevista que la poesía no es una cuestión de poetas, el poema no vive por el poeta, la poesía está mucho más allá del poema.

El peruano piensa que existen y existirán muchos poetas en la vida que nunca publicarán un libro en su vida y aún así seguirán siendo poetas. “Me gusta pensar en la poesía como una posibilidad ante el mundo”, anuncia, para complementar que el lenguaje de la poesía le permite a él nombrar y expresar sus sentimientos, su experiencia con la rozadura de la vida.

III

A pesar de llevar compartiendo con poetas tanto en Perú como España (incluso contando con un grupo llamado “Poéticas” donde se reúne mensualmente con otros escritores catalanes), Paulo Caffo publicó a sus treinta y siete su primer libro, donde reúne versos escritos aproximadamente entre los catorce y los treinta años.

Una espera paciente para alguien que, si uno entra a su habitación, podría creer que tanto el colchón como la base están sostenidos en base a todos los libros que compra. Su tranquilidad de debutar oficialmente, cuando en 2016 fue ganador del Premio Diario Ahora, se debe a su respeto al oficio.

Aquí, dos palabras resumen todo: dedicación y vocación. Cuando empezó a trazar algunos poemas a los catorce años, Paulo no era consciente de esa implicancia. No obstante, aún cuando se acerca a la hoja en blanco sigue sintiendo mucha inseguridad, duda de lo que escribe. “Me siento afín a lo que decía Pedro Salinas: ‘Tarda noches / la noche en ser auroras / la luz se hace despacio’. La mejor poesía se hace despacio, habita en lo pequeño”, defiende. Así también lo entendieron Mallarmé, Blanca Varela y Jaime Gil de Biedma, por nombrar algunos de los poetas que lo acompañan.

Al mismo tiempo de escribir un libro, viene la burocrática y compleja parte de qué hacer con lo escrito una vez finalizado. La búsqueda de editoriales siempre es un desafío, sobre todo cuando a algunas no les interesa el manuscrito, o ni siquiera lo leen y ya quieren publicar.

Fue gracias a dos amigos y poetas, Marko Araníbar y María Belén Milla Altabás, que Caffo llegó a la editorial independiente peruana Alastor Editores, dirigida por el dramaturgo Julio Isla Jiménez. Era junio del 2018 y en la presentación del segundo poemario,Amplitud del mito, de María Belén Milla, publicado también por Alastor, que se acercó tímidamente a Julio para contarle que tenía un manuscrito y que le ilusionaba publicarlo con ellos. El resto es historia.

IV

No iremos tras el amor está organizado en cuatro secciones. En palabras de su autor, la primera parte, “Primeras moradas”, son poemas cortos y que dialogan entre sí como la memoria y la noche. La segunda, ”Música de mi infancia”, es una especie de homenaje a sus referentes universales y de todos los tiempos como su madre, Huánuco, la infancia y la poesía. La tercera sección toma el nombre del poemario y gira en torno a los desengaños y la ilusión de amor con mucho ímpetu y saudade, para cerrar con una coda que el bate espera atraviese todo el espíritu del libro.

Sobre el por qué de esta decisión estilística, Caffo confía en la intuición de que los poemas van tomando su lugar. Antes del libro no tenía experiencia alguna y sus referencias fueron las primeras publicaciones de los poetas con los que tiene dilección como Javier Heraud, Blanca Varela e Ida Vitale. “Partiendo de su comprensión, organizaba mis poemas por ejes temáticos y de forma orgánica”, explica.

En “No iremos tras el amor” se percibe un gran respeto por la tradición poética. Aparecen homenajes y resonancias de autores como Artur Rimbaud, Amarilis, Vladimír Holan o Federico García Lorca, muy presente a lo largo de toda la obra. Como dice Antonio Lucas, “no se puede ser moderno de espaldas a la tradición”.

Su mayor escuela han sido los libros. Solo así ha podido trabajar inconscientemente aspectos que son notorios en su poética, como el respeto por el verso, la rima y la sonoridad. Hay una dulzura que atraviesa cada poema. “Mi poesía surge de una doble necesidad de escribir y de comprender. Escribir más con vocación que con oficio… Escribo para reconciliar lo fragmentado, para transformar la experiencia en lenguaje, si es que lo logro”, comparte.

“El ritmo y la musicalidad en la poesía son imprescindibles. No concibo la poesía sin esos dos sedimentos, sean en verso libre o medido”, complementa. Aquí, hace una retrospectiva de sus inicios, siempre apegados a las figuras literarias que le enseñaba su madre. Paulo tuvo de primera mano los libros del colegio, donde revisaba rimas y caligramas.

Ante una época en que el verso libre es el rey, la rima suele estar mal vista entre los poetas. Pero eso no implica que no podamos escribir. Finalmente, una rima bien hecha, una rima que escape de la métrica clásica, decanta en belleza. Ello implica también una forma de saber comprimir y ordenar las palabras.

Recordando a Antonio Cisneros, poeta peruano de la generación del 60, Paulo dice que la poesía gira en torno al cómo dices tal cosa. “Yo creo que es cómo dices las cosas, a partir de lo que ves, de lo que oyes y de lo que vives”, responde.

Paulo Caffo. Foto cedida por el autor.

V

En el libro hay dos palabras que se repiten con insistencia: noche y poesía. Según su creador, no fue algo deliberado; más bien lo descubrió gracias a los primeros lectores, quienes le hicieron notar esas recurrencias.

Caffo defiende que la poesía no se explica, sino que se siente, y en ocasiones se comprende. “Se empatiza con el poema y se traza un vínculo directo con tu memoria”, dice. Con cierto pudor, prefiere pensar que esa insistencia no es redundante, sino una búsqueda de posibilidades, de formas infinitas de nombrar lo mismo sin agotarlo.

No iremos tras el amor nace, en ese sentido, desde la duda, pero también desde la necesidad de encontrar cierta certeza. En un momento donde la poesía contemporánea parece distanciarse del romanticismo, el libro vuelve con fuerza a temas como el amor, la belleza o la memoria. Tópicos clásicos que, lejos de agotarse, encuentran nuevas formas de decirse.

Influenciado por Amarilis, Bécquer, Neruda o Idea Vilariño, Caffo reconoce que el amor es “el tópico más complejo para abordar la poesía”. Sin embargo, cuando escribió estos poemas no pensaba en esa tradición, sino en algo más inmediato, “darle nombre a mis heridas, a los desengaños, a la vigencia de la ilusión”.

El amor, en su libro, no se reduce a la pareja. Es también una forma de relación con el mundo, con los amigos, la familia, la ciudad, incluso con aquello que parece mínimo o cotidiano.

Por eso insiste en una idea que atraviesa toda la conversación: “la poesía y la cultura son remedios para la indiferencia”. En tiempos marcados por la velocidad, la saturación y el ruido, escribir y leer para Caffo sigue siendo una forma de detenerse, de mirar con atención, de reconocer al otro.

El amor también cambia, se desplaza, se actualiza en cada época. Pero no desaparece. Se transforma en lenguaje, en memoria, en experiencia compartida. Una forma, como dice al final de su libro, de llevarse la vida por delante.

Autor

  • Ricardo Olave Montecinos

    Ricardo Olave Montecinos (Temuco, Chile, 1997). Poeta y periodista. Su estética radica entre la nostalgia y la poesía situada. Ha trabajado en medios culturales aportando artículos y traducciones. Publicó en Chile 'Enclaustro' (Tortuga Samurái, 2022), el cual en 2023 fue traducido al francés. Sus cuentos han sido seleccionados en las ediciones 2021 y 2023 de Araucanía en 100 palabras. En 2024, inauguró el festival Poetas a la Calle en Fundo El Carmen, con la instalación de un memorial al poeta chileno Jorge Teillier. En 2025, recibió la beca de creación literaria del Fondo del Libro chileno por el poemario inédito Portugal Blues. Acaba de publicar el libro digital 'Lo ruiziano: definiendo qué (chucha) es un Raúl Ruiz'.

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