Ópera de la memoria

La_isla_de_la_infancia_COB.inddLa Historia se establece y acepta con documentos verificados, nunca con la memoria. Esto lo sabemos con firmeza quiénes estudiamos Historia y Literatura a la vez, ciencia y discurso, comprobando qué falsa puede resultar cualquier historia dependiente de testimonios memorialísticos, tanto personales como colectivos. Memoria Histórica es, de hecho, una contradictio in terminis, un imposible. Y es que la memoria personal no puede ser científica, está llena de trampas, pistas en falso o lagunas rellenadas de barro, por la sencilla cuestión humana de que el pasado necesita ser embellecido para  continuar con el futuro. Por eso mismo, tras enfrentarnos a este interrogatorio policial al tiempo que realiza Knausgard en Mi lucha, firme y decidido, tras comprobar qué dura es la pelea con uno mismo, concluimos que estamos ante un libro de literatura, y de gran literatura. Sin esta guerra ardua y minuciosa contra el tiempo, estos tres tomos biográficos elaborados por un individuo con apenas cuarenta años nos podrían parecer perfectamente un Gran Hermano por escrito. Pero no es el caso. Expliquemos por qué.
En primer lugar, hay que advertir al lector que no estamos exactamente ante un libro, sino seis. La obra de Knausgard, llamada significativamente Mi lucha como el Mein Kampf de Hitler, nos recuerda más bien a una ópera dramática que debe ser leída en su orden y totalidad, so riesgo de perder buena parte del mensaje. Ópera que tiene como preludio la sentida y lamentable muerte del padre del autor, que abre el primer tomo, dejando la puerta abierta a muchos interrogantes. El segundo, Un hombre enamorado, supone un enorme salto en el tiempo, en el que nos vamos a encontrar a un Knausgard pletórico, extrañado y agotado, tras la tarea ingente que supone criar en otro país a tres hijos seguidos, de corta edad, superado el fracaso de su primer matrimonio. Nada tienen que ver los dos libros siguiendo su orden de publicación, en apariencia. Y este tercer libro, el que estamos comentando, nos trae respuestas a buena parte de las preguntas que quedaron formuladas, pero no contestadas, en el primero. ¿Se pierden? Así de desordenada es la memoria, no confiable.

Karl Ove Knausgard
Karl Ove Knausgard.

Y eso que la capacidad para el recuerdo de Knausgard es excepcional, precisa y metódica, así como su facilidad para recrear escenas vividas muy lejanas en el tiempo con olores, colores y sabores hasta hacernos sentir que estamos justo allí. Algunos episodios son evidentemente recreados, como cuando ocupan la casa donde transcurrirá su infancia, porque en ese preciso momento el Knausgard bebé, metido en un cochecito, no podía registrar nada. Pero todas son extraordinarias para transmitirnos el transcurso de un tiempo necesariamente lento, como así debe ser una infancia que acontece en una Noruega rural y plácida, sin grandes trastornos políticos. Aún más, la hilazón entre las distintas escenas que componen este libro es magistral, muy hábil, sin cortes bruscos que nos avisen de que la infancia se ha terminado dejando paso a la adolescencia. Eso solo lo podemos percibir nosotros.

Por ello, las comparaciones con Proust no solo son pertinentes, sino obligadas. Aunque  a ambos autores les separe un siglo de diferencia y opuestas tendencias sexuales, así como el empleo de frases, vocabulario y cultura mucho más extensas en el genio francés, lo que el autor noruego compensará a ratos con su impresionante erudición pictórica y literaria. Ahora bien, para todos los que estemos en el tránsito de los cuarenta a los cincuenta, Knausgard nos va a resultar muy cercano. Es de nuestra generación y se nota en muchísimos detalles adolescentes, tanto al coleccionar discos de rock opuestos a la música comercial y machacante del momento, como en el cuidado a la hora de vestir o en el gusto por las salidas nocturnas que ha continuado hasta ahora. Obviamente, el autor habla en primera persona, lo cual contribuye a sentir esta cercanía, pero también porque el retrato que hace de sí mismo es descarnado e implacable. A ratos, brutal. Se nos presenta como redicho, llorón y cobarde. Sin olvidarnos de sus complicadas relaciones, pasadas y actuales, con amigos y familiares muy bien dibujados, pero no siempre positivos, sin miedo a mostrar los complejos ecosistemas que establecemos con eso que llamamos “familia”, no siempre plácidos, ni habitables. Podría seguir contándoos mucho sobre estos libros tan particulares, pero prefiero que los leáis. A la espera de que se traduzcan sus novelas, sí os puedo asegurar que se ha convertido en uno de los mejores autores del género autobiográfico. Para críticas como Anna Caballé, impresionante.

Autor

  • Ángeles Prieto Barba

    Angeles Prieto Barba es natural y residente en el gaditano barrio de la Viña. Es historiadora, profesora de educación vial y escritora de cuentos, artículos y reseñas. Desde hace cinco años ejerce como crítica literaria en la web 'La tormenta en un vaso'.

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