Oda al matrimonio que no llega

Quizá no guste la comparación, pero todo lector habitual que se acoge a un diario, y  lee con cierta fidelidad cada una de sus entregas, se asemeja demasiado al hincha de un equipo de fútbol. Hay para todos los gustos y cada cual tiene los suyos. Porque todo diario, entendido como disciplina de escritura, articula también un sentido vital a través de la temporalidad y el registro cotidiano. Para leerlo con asiduidad, por ello, es importante compartir de alguna manera su concepto de  vida. Inútil, por ejemplo, que una persona seria se imbuya en el de Bridget Jones si carece de interés alguno en el éxito social o en la caza a toda costa de un marido.

Nadie lo diríaPues bien, al concienzudo José Luis García Martín, contradictorio en no pocas ocasiones y fiel a sus costumbres espartanas (es madrugador, es puntual, viajero constante, no bebe, no fuma, no juega, apenas come, le encanta discutir llevando la contraria), yo suelo leerle por varios motivos. La primera razón de peso es que no me aburre nunca, al contrario de lo que me ocurre con todos aquellos dietarios donde el chisme literario es el protagonista. Y es que no conozco nada más soporífero que la vida de un escritor de nuestros días, Vargas Llosa incluido, ya que suelen ser más que previsibles sus maniobras promocionales en todo momento y lugar de las que éste, en concreto, se encuentra exento. Tampoco en estos diarios suelen figurar otros escritores que no cumplan la condición de amigos queridos o enemigos declaradísimos. Es más, en el ejercicio disciplinado de todas sus costumbres el autor suele confesarnos grandes dudas en el eco de otras vidas poéticas, muy distintas a la suya, que tanto admira. Es por ello que abro cada entrega con la ilusión de que incumpla gravemente alguna de sus normas: llegar tarde a una cita, que le toque la lotería, coger una borrachera mortal o que contraiga sagrado matrimonio, lo cual sería ya el culmen de mis expectativas. Nada de extrañar en aquel al que considero uno de nuestros mejores poetas, que junto a su asombrosa cultura y erudición, justifican plenamente mi adicción a estos diarios suyos, cuyas páginas acogen siempre poemas hermosos y brillantes reflexiones, auténticas perlas paradójicas que solo él sabe brindarnos. En cuanto al matrimonio, torres aún más altas han caído. 

Como ocurre en anteriores entregas, Nadie lo diría (2014-2015) no es un diario íntimo, ni siquiera sigue el calendario. Empieza en septiembre y acaba en junio, como esos cursos escolares que imparte, de los que apenas da noticias. Sí es un diario moderno y variado, ya que podemos encontrar de todo: reflexiones, paseos, compañías acertadas y hasta monárquicas recepciones. La entrada puede cubrir media jornada, o reducirse a una contundente frase. El tono puede parecer confesional, pero increíbles resultan esas historias que intercala de súbitas presencias o apariciones fantasmales que parecen conocerle muy bien y tutelarle angélicamente para desaparecer de improviso, dejándole por supuesto en ese estado civil permanentemente disponible, del que tanto se enorgullece. Pero un poeta que va detrás de García Lorca, aunque delante de García Montero, no debería tentar tanto a la suerte. Si el más grande sonetista español cayó con todo el equipo en edad provecta, para arrepentirse de inmediato, no veo por qué razón este aedo nada modesto del siglo XXI tenga que librarse. Señoras dispuestas gracias al messenger, según confiesa, nunca le faltan.

José Luis García Martín.
José Luis García Martín.

Aunque lo tienen muy difícil. Y el motivo no está tanto en el carácter singular de este ser chispeante y generoso, culto y tímido, chinchorro y discutidor nato. Se encuentra más bien en que su corazón ya está doblemente ocupado. Por un lado, tendrían como rival a Doña Poesía, hermosa dama a la que conoce como nadie en nuestro país y con la que deberían, como mínimo, codearse sin mostrar celo alguno. Con eso descartamos a muchas pretendientas y a todas las dependientas. Pero además sabemos que frecuenta un fastuoso harén de damas, presentes en cada entrega de estos diarios, y de las que se encuentra visiblemente enamorado. Se llaman Venecia, con la que abre y cierra el dietario, Lisboa, Ginebra, Nápoles, Nueva York, Oviedo y Sevilla, sin descartar aún que pueda incorporar a otras tantas. Rivales formidables porque su afecto hacia ellas es similar al que se contrae con las esposas, siendo fieles y constantes sus visitas anuales, como bien descubrimos en las que tal vez sean las más hermosas páginas de este diario. Para que os hagáis una idea de hasta dónde llega su fervor, sigue leyendo cada nueva y manida entrega de Donna León, pese a su manifiesta aversión por las novelas, hecho incomprensible de no tener éstas como protagonista a la ciudad de Venecia.

Sin embargo y pese a competidoras tan magníficas, yo no pierdo la esperanza, y abro cada nueva entrega del diario con expectación manifiesta. En la confianza de cada alarde, cada jactancia y cada sorna sobre su estado libre y solitario le acercan más que nunca a su alma gemela. Y no desespero: ya dará con ella. Al tiempo: esto acaba en boda.

Autor

  • Ángeles Prieto Barba

    Angeles Prieto Barba es natural y residente en el gaditano barrio de la Viña. Es historiadora, profesora de educación vial y escritora de cuentos, artículos y reseñas. Desde hace cinco años ejerce como crítica literaria en la web 'La tormenta en un vaso'.

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