Nunca antes había permanecido en reclusión durante un tiempo tan prolongado, me sigue pareciendo irreal, es una sensación extraña, como de un tiempo detenido, plano, que sin embargo sigue corriendo en ambas direcciones y en simultáneo. Hoy todo se puede cuestionar y la solidez de alguna falsa realidad se evapora como humo, al tiempo que otras pequeñas certezas cobran una dimensión inusitada.
Al igual que ha sucedido con el medio ambiente, donde la pandemia ha provocado un descenso importante de la contaminación y un tiempo de claridad sin precedentes, también nuestras actitudes sociales y personales han experimentado un notable cambio y podemos ver ahora con mayor nitidez el verdadero rostro de personas que, como en cada encrucijada de la vida, nos descubren su grandeza y su miseria.
Nos han embargado, deshabitado, un tiempo común, un tiempo compartido que nunca lo fue del todo y nos han forzado a vivir por dentro, confinados al horizonte de nuestro propio ser. Hoy más que nunca lo somos todo y no somos nada. Es hora de mirarse en el espejo y decidir no solo cómo nos vemos sino cómo nos queremos ver.


