Notas bajo la puerta (1)

De Eduardo Flores a José Rasero 8 abr. 2020 16:25

Toc, toc. ¡Oye! ¡Rasero! ¿Estás realmente ahí? Quiero decir: ¿cómo dirías que estás?

De José Rasero a Eduardo Flores 8 abr. 2020 16:56

Hola. Claro, claro que estoy.

¿Recuerdas una escena de The Blues Brothers?

Sí, hombre. Están ellos en su habitación, en un hotel de mala muerte, comiendo un sandwich o algo así. La policía sube las escaleras, está a punto de pillarlos, pero en ese mismo momento, una extraña joven pulsa una palanquita desde su auto que hace estallar todo el maldito edificio. En la siguiente escena, los hermanos salen de entre los ladrillos y los escombros. —Son casi las nueve, tenemos que ir a trabajar —dice uno de ellos, como si tal cosa.

Y se van.

¿Que cómo diría que estoy? Pues más o menos así. Diría que estoy como los Blues Brothers, que estamos, que hay que estar, opino. Quizá no tan elegantes, claro, pero no caigamos jamás en la dejadez del pijama.

Me levanto temprano. Me invento cualquier trabajo. Y casi siempre llego cinco minutos tarde.

¿Qué opinas tú acerca de la dejadez del pijama?

De E.F. a J.R. 8 abr. 2020 23:52

Muy a favor. Por supuesto. Un aerolito de Ory —va de memoria— viene a decir que una mujer desnuda está vestida de mujer. En una vuelta de tuerca, vestidos por la dejadez de pijama, vestimos cuanto somos más desnudos que sin ropa. Uno de los momentos más íntimos en una relación personal es la primera vez que los implicados se descubren en dejadez de pijama.

Menos filosófico pero placentero es ese estado del alma, la dejadez de pijama, cualquiera de los domingos que ahora son cualquier día: alargar tres cafés con sus respectivos cigarrillos y lectura de prensa variada. Con un poco de suerte hasta acabo clavando en tinta una pluma de ganso.

No he visto The blues brothers. El nombre de John Landis está única y exclusivamente ligado a la marca que me dejó el videoclip de Thriller. De por vida.

Por cierto, nunca hemos hablado de cine. A explorar. No es menos cierto que nunca hemos hablado en realidad.

¿Me harías un favor? Espero que sí. Quiero que escuches «Have you ever seen the rain?» De Creedence Clearwater Revival. La siento un reverso luminoso de «Stairway to Heaven», de Led Zeppelin. No sé por qué. Lo mismo tú…

De J.R. a E.F. 9 abr. 2020 15:38

Me encanta esa visión tuya del descubrimiento íntimo en la dejadez. También el aerolito (“Toda mujer desnuda está vestida de mujer”, buena memoria), y tu vuelta de tuerca. Mostramos mucho más de nosotros en la dejadez del pijama que en la completa desnudez, sin duda. Coincidimos igualmente en la celebración del ocio dominical, en la pausa de las prisas, en la dejadez gozosa.

Cuando yo decía no caigamos jamás en la dejadez del pijama, precisamente quería incidir en su importancia vital. La dejadez del pijama ha de tener su tempo, sus instantes precisos, incluso su propio ritual. En caso contrario, caeremos en la dejadez, sin más. Y en estos días de domingo perpetuo corremos, ciertamente, ese peligro. O tentación. No sé.

La película The Blues Brothers no vale nada, es una historia muy boba. La excepción son las escenas musicales, un verdadero disfrute de rhythm and blues y soul, con gente como James Brown, Aretha Franklin, Ray Charles o John Lee Hooker apareciendo por ella, y la curiosidad de ver a Steven Spielberg en el papelito de chupatintas de hacienda.

Hace unos días vi Underground de E. Kusturika. Es de 1995, pero yo siempre llego tarde a donde nunca pasa nada… La película es impresionante…

Muy buen tema ese «Have you ever seen the rain?» En cuanto a si es reverso de «Stairway to Heaven», no sé. Me parecen dos magníficas canciones. Ambas pueden ser interpretadas (sus letras) de manera positiva, esperanzadora. O al contrario. Lo que sí es irrefutable, como todo el mundo sabe, es que si escuchamos la de Led Zeppelin al revés, Satán nos pondrá unos cuantos puntos sobre las íes…

De E.F. a J.R. 9 abr. 2020 21:13

Ambas canciones son maravillosas. Lo son. Y sí, aquella leyenda sobre «Stairway to Heaven». ¿Qué sería de nosotros sin el pensamiento mágico, aunque sea el caso en su vertiente esotérica? Y al hilo de los Blues Brothers: he caído en la cuenta de que es, posiblemente, la única película que ni he visto ni me interesa pero conozco y disfruto de su banda sonora.

La otra tarde —la mejor forma de referirse a un tiempo pasado en el marco de un confinamiento— vi Más extraño que la ficción. Poco voy a reseñar. Comedia o tragedia (por ahí anda el juego) la cinta se presta a que uno se acerque desde el mayor de los desconocimientos. Un gancho: Emma Thompson.

Le he dado una vueltecita a lo de la dejadez de pijama. Entiendo lo que dices. Y creo que es importante difundir ese mensaje. Tal vez me pinte los labios y me suba a unos tacones de aguja si me da por dedicarme una buena cena.

¿Qué lees, malandrín?

Yo, en novela, Bellefleur de Joyce Carol Oates. Sería injusto decir que me resulta -elogio- faulkneriana hasta el tuétano. Extensa, compleja y deliciosa como pezón de novicia o gota de miel recién caída en la punta de la lengua. De J.C.O. leí hace años Del boxeo (sí, posiblemente uno de los mejores libros sobre el pugilismo está escrito por una mujer). Un ensayo que ando revisando junto a otros —La dulce ciencia, El combate (Mailer), una autobiografía de Mike Tyson…—  de la misma temática por amor al arte de darse de hostias y, quizá, de escribir sobre ello. (Aquí suspiro.)

Hermano, dime, ¿leer o escribir? Dilema de difícil solución.

De J.R. a E.F. 10 abr. 2020 11:53

La dejadez de pijama, el mensaje, tiene más enjundia de lo que creí. Deberías mandarme una foto con los tacones y los labios carmesí. He de decir que yo, sensu stricto, siquiera uso pijama, más bien chándales y sudaderas, aunque el concepto siga siendo el mismo. Difundamos, pues, el mensaje, amigo.

He acabado de leer (releer) El precio de la Transición, del bueno de Gregorio Morán. Me quedo con la sensación de que no termina de entrar a matar. Ando ahora con Lou Reed: Una vida, de Anthony DeCurtis, disfrutando mucho. Y con Juan Madrid (Adiós, princesa) y su Antonio Carpintero, exboxeador y expolicía. Se atreve el gran Madrid a jugar con la metaliteratura, lo que me recuerda la película de que me hablas (Más extraño que la ficción), que no he visto, pero cuya sinopsis me resulta tentadora.

La película de que te hablé (Underground) no para de revolotear en mi cabeza. La familia confinada en un sótano durante años, engañada por su mejor amigo, ajena por completo a la realidad, pero trabajando sin parar en la construcción de armas…

Ya ves.

Joyce Carol Oates es una (de tantas) de las lecturas que tengo pendiente desde hace demasiado tiempo. Te he leído otras veces escribir de ella muy bien. Habrá que solucionarlo.

Leí El combate, de Norman Mailer, hace siglos. Tengo el recuerdo de que me encantó.

¿Leer o escribir? No concibo lo uno sin lo otro, por ahora. Resulta más descansado, eso sí, leer. Y solo leer. Lo mismo hasta llega ese día…

Voy a encender la tele. Están rescatando etapas de la Vuelta y del Tour. De cuando Delgado e Induráin…

De E.F. a J.R. 10 abr. 2020 12:54

Interesante. De cuando Delgado e Induráin. Me voy a poner viejuno: el ciclismo antes del dopaje extremo y el daño que le produjo Lance Armstrong. De aquellas jugaba a las chapas. Sí, Induráin bien pudo ser nuestro Muhammad Ali a nivel pop. Qué será de él.

En la última nota se me pasó mencionar la banda sonora de la serie Tremè, de David Simmons (The Wire, es otra de su puño y letra, más conocida). Si no la has escuchado, apunta apunta. Ya me dirás.

¿Observo quizá una insistencia, una recomendación a cojones poco disimulada, de la peli de Emir Kusturica?

(Ya la coloqué en su lugar de mis deberes. Me da que voy a tener tiempo para verla en estos días.)

De Juan Madrid tengo en digital el guión de Brigada Central. También por motivos estúpidos. Sabes, el cine, su trabajo, me la pone como un litro de vino. Así es, al igual que aprender a tocar el violín, me gustaría llegar a estar algún día involucrado en le faena de hacer cine. Ah, estoy enamorado de Rodrigo Cortés, el director (no me gustó su última película, Blackwood en España y Down a dark hall para el resto del mundo, tal como la novela en la que se basa, de Luis Duncan). A veces creo que es amor, otras, envidia (forma de odio) y otras, sencillamente admiración. Una ecuación cuyo resultado no puede ser otra cosa que enamoramiento. Yo qué sé.

Tío, tienes unos huevazos. Que todavía tengas esa fuerza como para decir que te puede el escribir: mi interpretación de «no concibo lo uno sin lo otro». No es la primera vez que tocamos el tema, creo. O puede que solo haya ocurrido en mi imaginación. Te admiro por eso. Lo que no significa que te vaya a enviar una fotografía posando en tacones y labios rojo putón.

Ahora resulta que se va a hacer un apagón cultural como forma de protesta por la inacción del ministro del ramo en estas circunstancias. Pilar Vera ha publicado hoy una columna muy convincente en fondo y, como no puede ser de otra manera tratándose de Ella, en forma.

No puedo, sin embargo, estar de acuerdo. Mi concepción de la cultura está en una línea radicalmente opuesta a la, por otro lado, más común y, en cierto sentido, normal. Que yo diría normalizada. ¿Tú qué piensas?

Marcho en breve a trabajar. Es un entorno que me embrutece. Aunque siempre me he movido en entornos embrutecedores. A veces me siento La Bestia (sin Bella) del cuento. Eso sí, nunca me he sentido un intelectual. Lo aborrezco. ¿Tú te sientes un intelectual? ¿Lo soy yo, según tu punto de vista?

Me piro a mover contenedores. Literatura resiliente (qué risa).

De J.R. a E.F. 10 abr. 2020 20:29

He tenido amigos músicos, poetas, pintores, que me hablaban de lo embrutecedor de sus trabajos (la construcción, naves industriales, pescaterías…). Yo (que siempre he dado clases, de diferentes tipos, pero clases) me sorprendía, pues me resultaban todo lo contrario, exquisitos, sensibles. Inteligentes. Y la inteligencia nos acerca a lo intelectual. Dice la RAE, un intelectual es alguien que se dedica fundamentalmente a actividades o trabajos en los que predomina el uso de la inteligencia. Claro que, por otra parte, es un término muy maltratado, con una imagen —sí— ciertamente aborrecible.

No encajamos, querido, no encajamos.

#ApagónCultural.

El gesto me parece inane. No sé. Llevan días dándose gratis (conciertos, libros, teatros…) y, ahora, durante dos días ¿no se dan? ¿Para tocarle los huevos al ministro? ¿Tú crees? Y me parecen justas reivindicaciones, conste (hablo de cultura como negocio, infraestructuras, empleo, etcétera). Pero los muertos crecen. No creo que sea el momento ni el modo.

Qué desastre

todo

mires

o dejes

de

qué desastre de.

Tras estos versos que me he permitido intercalar te diré que no veo series (¡no veo series!), pero buscaré la banda sonora de Treme, of course.

La que sí he visto es O que arde (Oliver Laxe), deslumbrante, contemplativa, conmovedora.

¿Viste la de Kusturika?

Yo acabo de ver una etapa del Tour del 93. Induráin, sin inmutarse, ha dejado ganar en la cima (Tourmalet) a Tony Rominguer… Por cierto, escribí algo relacionado con todo esto para CaoCultura. «Una historia verdadera», se titula.

Me he descargado un ebook de A. G. Porta. Me llamo Vila-Matas, como todo el mundo.

De E.F. a J.R. 11 abr. 2020 13:55

Se ve que finalmente no hay apagón cultural. Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

Verdad verdadera: no encajamos, no podemos ser intelectuales. Tampoco queremos. Pretenderlo, tal vez, nos haría menos inteligentes. Pero, ¿somos escritores? ¡Ajá! Ahí sí que te pillé.

Induráin sí que era un ciclista inteligente. Además de ser un portento físico para aquello de los pedales. El ciclismo y el boxeo, pienso, tienen mucho en común con esto de darle a la tecla por oficio (oficioso en nuestro caso, o no). Ahí lo dejo.

(Prometo ver Underground de Kusturica este fin de semana. Palabrita.)

Leo en la prensa que al Anak Krakatoa le ha dado por decir un aquí estoy yo. He visto algunos vídeos. Qué belleza. No se han reportado víctimas. Si lo pienso detenida y fríamente, que el volcán se hubiese llevado a un buen puñado de humanos por delante, tampoco me habría importado. No más que el hecho de la erupción y de los volcanes como maravillas geológicas. A este respecto se me ocurre apuntarte por aquí el documental de Werner Herzog, Dentro del volcán. Está en Netflix. Todo un espectáculo. Cuando mencionaste O que arde, de Oliver Laxe, y antes de tener noticia de la erupción, recordé cómo, cuanto había leído sobre ella, me llevaba a pensar en Werner Herzog.

Fue la literatura la que me condujo a conocer a este extraño director. Me documentaba sobre otro «extraño», mi admirado Cormac McCarthy, al que en estos días se nombra mucho por su The road (La carretera), llevada al cine y protagonizada por otro «extraño», Vigo Mortensen (Una historia de violencia o Promesas del Este, por favor, de mi también muy admirado David Cronenberg).

Que cómo fue. Al individuo tras el autor McCarthy solo se puede llegar, y no demasiado cerca, a través de infinitos meandros. En un recodo con pendiente llegué a su voz en las ondas de un programa de radio de divulgación científica de la National Public Radio de Estados Unidos conducido por el periodista Ira Flatow. Conocimiento, humildad, arte. Ambos autores, McCarthy y Herzog, charlan sobre Ciencia y el mundo y la expresión artística con tanta comodidad como placer y en profundo. Una delicia.

También este hijo del Krakatoa (no olvidemos, su papá nos provocó el invierno que en 1883 —va de memoria— reunió a Percival Shelly, Byron, Polidori y, la más importante al caso, Mary Shelly, en lo que todos sabemos fue el parto de Frankenstein) me lleva a sugerir Bajo el volcán, novela en gran medida autobiográfica, de Malcom Lowry. Y por abundar, Detrás del volcán, que sin ser un making off de la primera, sí es clarificadora en muchos sentidos de lo que tiene que ver con el oficio de escribir.

Ya basta de volcanes.

El poema… no sé yo, querido amigo. Estamos de acuerdo en que es difícil. No he escrito un buen poema en mi puta vida. ¿Sabes que te quiero?

(«Una historia verdadera». Hay una peli de mismo título muy recomendable.)

Mi embrutecimiento es el único motivo por el que dejé de prestar atención a Me llamo Vila-Matas, como todo el mundo.

¿Sigues bien?

(Yo anoche me emborraché después del curro hasta quedarme frito en el sofá. Fue Mapachío quien en algún momento me llevó a la cama.)

 

José Rasero y Eduardo Flores

Autor/a: José Rasero y Eduardo Flores

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