Supe de ella gracias a José Luis Morante, quien hablaba elogiosamente de su labor como codirectora de una de las publicaciones culturales, en digital y en papel, que más está dando que hablar: ‘La galla ciencia’.
Primero, contacté con Samuel Jara, otro miembro del equipo de la revista. Pronto El Ático de los Gatos comenzó a colaborar con ellos. Gatos y gallos, hacen buenas migas. Y que dure.
Meses después, la propia Noelia me entrevistó con motivo de mi último libro de poemas. Y así, establecimos una amistad virtual, compartiendo poesía, inquietudes y muchos temas comunes, apoyándonos en todo momento.
Ella es una de esas personas que hay que tener en cuenta si hablamos de amor a la poesía, al activismo cultural, a la creatividad. Es una mujer admirable que ha sabido rodearse de un gran equipo. Pisa fuerte y gestiona bien su tiempo para emprender proyectos con eficacia y éxito. Vamos tras sus huellas. Nos asomamos, brevemente, a su vida.
Noelia Illán Conesa (Cartagena, 1983) es Licenciada en Filología Clásica y ha sido miembro de la Sociedad de Estudios Clásicos. En 2012 publicó el libro Calamidad y Desperfectos, reeditado un año más tarde con prólogo del poeta novísimo José María Álvarez. Sobre la obra de éste, publicó en 2015 la antología El oro de los tigres (Editorial Balduque). Ha participado en festivales de poesía y colaborado con prensa y revistas literarias, como El Ciervo, El Coloquio de los Perros, Ágora o Meca. Ha aparecido en varias antologías y recibido varios premios de poesía y micro-relato. En la actualidad, es codirectora de la revista de poesía La galla ciencia y prepara un libro de conversaciones con José María Álvarez.
¿Y si nos hablas de ti? ¿Cómo es el alma de La galla ciencia? ¿Cómo son tus días normales?
Pues soy una persona con muchos defectos pero alguna buena virtud, que exige honestidad como el máximo valor entre eso que llamamos “seres humanos” y que corresponde con lo mismo. Y luego también es una persona que lee poesía, tiene perros y bebe vino, pero es menos interesante esta respuesta.
Los días normales, por las mañanas, vivo rodeada de adolescentes, y por las tardes, de perros. Y cuando me dejan, en Estanbul, pero no tanto como me gustaría.

Recuerdo que me preguntaste que de qué me salvaba a mí la poesía, y en la misma línea, te pregunto, ¿para qué sirve la poesía?, ¿para qué te sirve a ti?
La poesía en realidad, si lo piensas fríamente, no sirve para nada y sirve para todo. El lector de poesía ya sabe para qué sirve. Es tan jodida la pregunta como aquello de “qué es la poesía y qué no”. Uno eso lo sabe; lo tiene interiorizado.
¿Y la cultura?
Supongo que la cultura –además, por su origen etimológico significa eso– es algo que debe cultivarse entre todos, y precisamente lo estamos abandonando en el mundo que hoy nos rodea.
La Galla Ciencia, ¿un proyecto personal?
Buscábamos hacer algo que no existía, y creo que lo hemos conseguido. A veces nos hemos podido equivocar, pero hasta la fecha creo que todos estamos cumpliendo la idea inicial que llevábamos. Para mí supone muchas cosas, entre otras, seguir leyendo sin parar, conocer autores jóvenes que están haciendo cosas muy interesantes, afinar mis gustos…, pero sobre todo, con la excusa de la poesía, hacer muy buenos amigos.
¿En qué cree Noelia Illán Conesa? ¿Qué es nutritivo? ¿Qué no lo es?
Pues supongo que ir más allá siempre es nutritivo, en todos los sentidos; no quedarse con lo básico nunca, con lo superficial. Alejarse de lo ilustrativo.
Para seguir, algunos referentes, algunos ejemplos.
Si hablamos no solo de Literatura, evidentemente, Grecia y Roma. Me refiero a los valores, no a todos los personajes, claro.
¿Qué autores te acompañan en el viaje?
Los Clásicos de Grecia y Roma, Ezra Pound, Biedma, José María Álvarez, Roger Wolfe… ¡tantos!
A corto plazo…
Continuar con esta andadura que es La galla ciencia, un libro de conversaciones con José María Álvarez, una antología de Catulo… ¡uf! Y lo que vaya viniendo y gestándose en mi cabeza.
La verdadera vocación…
Viajera. Libreta, un par de monedas en el bolsillo y ganas de ver mundo.
Un motivo para seguir. Una razón para la esperanza.
¿Viviendo? ¿Así, sin más? La vida. La curiosidad también: ¿qué pasará?, ¿cómo acabará esto? ¡Me muero de ganas de estar ahí cuando pase!

