La novela rota de Valero Cortadura

‘Y sin embargo vencidos. Una novela rota sobre la Guerra Civil’. Valero Cortadura. Colección Alumbre. Diputación Provincial de Cádiz. Cádiz, 2016.

Y no pudieron vivir de otra manera. Y no supieron contarlo luego. Y no creemos que algo así ocurriera por nuestras calles, en nuestros pueblos, sobre nuestro paisanaje. Se cumplen ochenta años. Hoy somos sus herederos.

Y sin embargo vencidos, compone Valero Cortadura (Cádiz, 1979). Vencidos, ¿quiénes? A lo peor la respuesta es sencilla; dolorosa en cualquier caso. Dice también Valero que esto es “una novela rota sobre la Guerra Civil”. Es, desde luego, una novela, y sí, su contenido, si no roto, rompe, resquebraja al lector sensible.

y_sin_embargo_vencidosRecibe uno el peso del tomo en sus manos y sube a la mente la cuestión sobre la necesidad de revisar una y otra vez la contienda en la que los españoles nos achicharramos unos a otros con el fuego del odio que parece mover el mundo (se escribe esta reseña y retumba el eco del atentado en Niza, se sigue en directo un intento de golpe de estado en Turquía). La respuesta llega rápido: nunca será suficiente. Me digo, también: tampoco nos sirve de mucho. Y al momento, después de acabar con sus páginas, unas trescientas —capítulos breves, precisos e intensos, justas pinceladas que hacen de la lectura una sentada—: Valero Cortadura se ha lucido con su primera novela, ¿qué no será capaz de ahora en adelante? Por lo pronto su relato sobre la Guerra Civil Española era necesario.

Pero no, nuestro autor hace trampas. Porque no escribe sobre una guerra —no lo hace—, así es, no de una guerra, escribe sobre criaturas y circunstancias, criaturas acosadas por el presente del año treinta y cuatro gaditano —en un primer tercio de historia— y las circunstancias que llevaron a esas mismas criaturas, antes o después, a perder la humanidad, ya fuera con la muerte ya con esa forma legal de asesinar que es hacer del hombre un soldado. Aquí no hay nada de ideologías, nada de bandos; leemos sobre hombres y mujeres que se mueven en la España que más debiera avergonzar al español. Y sin embargo vencidos es una novela rota sobre la Guerra Civil en la que el lector va a reconocer, no sin cierta inquietud, semejanzas con los tiempos que corren.

Y decía el año treinta y cuatro gaditano. Allí —es un Cádiz gris y convulso en la España siempre goyesca, de “Gimnastas Revolucionarios y Juventudes de Acción Popular” conocemos a Jacinto, personaje quiñonesco —nada aquí es gratuito— hasta los tuétanos, de oficio buscavidas, que es el oficio de esta tierra, el de siempre. Y también allí conocemos a Pepín, protagonista de esta historia. Pepín y Jacinto son el mismo bípedo implume bajo distintos paraguas. A uno el hambre lo lleva a equivocarse, al otro —que no conoce el hambre y que va para médico— es el mismo error de Jacinto lo que lo mueve a la confusión de creer que un hombre puede cambiar las cosas. Valero Cortadura nos retrata con eficacia a éstos y a otros muchos personajes destinados a la fatalidad. Jacinto y Pepín son los gaditanos de ese tiempo, pero también todos los españoles.

Valero Cortadura, junto al diputado provincial de Cultura, Salvador Puerto, el día de la presentación de la novela. Foto: Diputación de Cádiz.

Valero Cortadura, junto al diputado provincial de Cultura, Salvador Puerto.                                                          Foto: Diputación de Cádiz.

Los hechos y las descripciones no necesitan más que de la sobriedad y la calma del autor para dibujarse y contextualizarse en los diálogos, audaces en no pocas ocasiones, jugando peligrosamente con el habla, “onde más arte he visto yo no ha sío ni en las ventas ni en las fiestas de los señoritos. Onde más arte he visto yo ha sío en la entrá de las cuevas de María moco…”, pero acertando; se alternan narradores y puntos de vista, la fragmentación (bolañadas, que diría desafortunadamente Montero Glez; Valero Cortadura no elude las referencias, bravo por él, la reivindicación del legado del chileno de Los detectives salvajes es también un acto de justicia) se unifica en un relato fresco y sólido. No asistimos únicamente a una crónica bien documentada, la voluntad por hacer literatura nos acompaña en cada frase, en cada párrafo.

Un segundo tercio de Y sin embargo vencidos es eminentemente epistolar. Pepín nos habla de su guerra —él, un voluntario del bando que la Historia nos legó como vencedor—, de lo que siente y padece, de que nada de aquello puede ser bueno para nada ni nadie: “Desde ese día tengo asimilado que soy una bala perdida que de una u otra manera terminará clavada en el corazón de mi madre”. También aquí nos topamos con otros relatos, personajes que se cruzan jalonando con fortuna la narración: el “Mecha” Claudio Goas, el artista sádico y aviador Francesco Montanari, la maestra obligada a la prostitución y confidente Delmira. Todos interesantísimos y todos, en una espeluznante realidad —porque no hemos de olvidar que son Historia—, ahora que los descubrimos en plena campaña fratricida; es la vida truncada por la tragedia humana, la lección que nunca se aprende. Pepín está herido en el Hospital de la Cruz Roja de Zaragoza. Escribe a su familia; también podría decirse que escribe para la posteridad, grita en el desierto; y que lo hace ignorando —en esa sintonía que une en el conocimiento— lo que décadas más tarde escribiera Gil de Biedma: “De todas las historias de la Historia/ sin duda la más triste es la de España,/ porque termina mal…”. No nos es difícil empatizar con ese Pepín, hijo del tradicionalismo —el peor tradicionalismo, el que jamás abandonaría España—, y afectado por la cruel realidad y la lucidez adquirida por la vía del dolor. Todavía le queda guerra en este último tercio de novela, le queda Marruecos y unas postrimerías y una postguerra que tampoco fue paz: “Este ha sido el gran triunfo de estos malnacidos, que los muertos de hambre nos matemos entre nosotros mientras ellos se reparten lo que quede después de esta maldita guerra”.

Aciertan los responsables del Servicio de Publicaciones de la Diputación de Cádiz al incluir en la Colección Alumbre como primera novela Y sin embargo vencidos, de Valero Cortadura. Si bien se ha hecho honor a esta obra más que recomendable con el diseño también se hace notar la ausencia total de cariño —o sencillamente decencia, diría yo— en el trabajo de edición, del todo inexistente, y del que esperamos compensación con una pronta y eficaz distribución; tal vez no se pueda esperar más de las instituciones en lo que a cultura se refiere.

Por lo pronto Cádiz gana con la narrativa de Valero Cortadura; y la memoria y las letras con Y sin embargo vencidos, una novela rota sobre la Guerra Civil que no habla sobre una guerra, que habla de nosotros.

Imagen de portada: Estudio para Premonición de la Guerra Civil de Salvador Dalí.
Eduardo Flores

Autor/a: Eduardo Flores

Eduardo Flores (Cádiz, 1981). Autodidacta en el mundo literario ha sido soldado, estibador portuario y operativo de seguridad privada en África, entre muchos otros trabajos de lo más diversos. Es autor de los blogs literarios en internet 'La muerte del suspiro' y más recientemente 'La victoria de la carne'. En 2009 sus poemas formaron parte del libro colectivo 'Estrofalario' (Quorum Editores). Con la novela 'Una ciudad en la que nunca llueve' (Ediciones Mayi, 2013) hace su primera incursión narrativa en el mundo editorial.

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