La laboriosa paz de las hormigas

‘El amor es ahora’. Pedro Sevilla. Libros Canto y Cuento. Jerez de la Frontera, 2019. 200 pp.

La trayectoria literaria de Pedro Sevilla (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1959) se extiende a lo largo de más de treinta años y comprende poesía, artículos de prensa, novelas y tres libros de memorias. El primero de ellos es el titulado La fuente y la muerte (Renacimiento, 2011), magnífica combinación de testimonio íntimo y retrato de la vida en un pueblo andaluz durante la segunda mitad del siglo XX. El segundo, El pueblo, ya sabéis (Libros Canto y Cuento, 2017), dibuja estampas de recuerdos entrañables de su infancia en el pueblo durante cuatro periodos significativos: la Navidad, la Semana Santa, el verano y la Feria.  

En este tercer volumen, Pedro Sevilla repasa de nuevo acontecimientos de su vida mientras rinde un homenaje emocionado a su madre, enferma de Alzheimer: “Mi madre niña otra vez —qué privilegio, qué regalo del tiempo vivir la infancia de tu madre—, y mientras ella pierde recuerdos y datos, mientras la dorada aguja del dolor y la memoria se le arranca del corazón, de la cabeza, yo inicio estas memorias adultas, este regreso a la fuente y a la muerte”.

Aquí, el pueblo pierde protagonismo para dejar paso a reflexiones y vivencias personales. Pero aún lo encontramos en el sonido de las campanas que tocan a muerto, en las noticias de desgracias transmitidas por WhatsApp durante unas vacaciones en Noruega, en la contemplación de unas fotos antiguas, en la conversación con un ex alcohólico en un café, en un niño que come una naranja en la parada del autobús.

Veinte capítulos conforman esta obra, breve y profunda. En paralelo con la descripción de los momentos en los que acompaña a la madre en su enfermedad (juntos repasan fotos familiares, leen obras pías, pasean al atardecer, van a misa), aparecen diferentes evocaciones, nuevos intentos de fijar el pasado a través de la escritura. Por sus páginas desfilan un sinfín de poetas: Antonio Luis Baena, Emilio Durán, Francisco Bejarano, Juan Lamillar, Pepa Caro, José Luis Morante, Juan Bonilla, Pablo García Baena, Francisco Brines y otros muchos. De todos ellos, hay dos a los que reconoce una influencia capital en su vida: el también arcense Julio Mariscal (“Su poesía estremecedora, su vida lacerada y atormentada, me enseñaron el camino de la piedad, de la caridad, de la dignidad, de la bondad”), y, sobre todo, el jerezano José Mateos, de quien aprendió que la poesía es “una sagrada forma de estar en el mundo, de agradecer tanta gloria con la inútil ferretería de las palabras”.

También asoma la vivencia traumática de un cáncer que resurge al cabo del tiempo, con su rosario de pruebas médicas, operaciones, tratamientos agresivos, miedo a la muerte, entradas y salidas del hospital. Un sufrimiento al que los años han dotado de contenido: “Es verdad que el contacto con el dolor, el dolor mismo, me ha dignificado y me ha acercado a la belleza del mundo, a la indulgencia, a la bondad, pero ha de ser una bondad sin fines, una bondad doméstica, sin siglas ni preceptos. Una bondad anónima que es la que llevaba a las mujeres de mi infancia a auxiliarse unas a otras cuando las cosas venían mal dadas, y que no hacía falta que la predicara el cura en las homilías o la legislaran los Municipales”.

Pedro Sevilla retratado por Juan Mariscal.

Como se esboza en las líneas precedentes, hay en El amor es ahora la admiración constante a la capacidad femenina para la entrega, simbolizada en el apoyo incondicional de Josefa, su mujer. Junto a ella, la figura de su madre, esa que llenó de ternura su infancia y que ahora se va quedando sin recuerdos. Tras su muerte, Pedro Sevilla le escribe una última declaración de amor: “Si lo pienso bien nunca he hecho otra cosa, en verso o prosa, que escribirte cartas, recrear un mundo encendido por la luz de tus ojos que, aunque ya apagados, me estarán alumbrando para siempre. Toda mi escritura es eso, una agradecida y emocionada carta a la madre”.

Sin ápice de nostalgia (“Escribo de mí como si fuese un Notario que da fe de un documento”), Pedro Sevilla nos cuenta en esta obra su viaje por el dolor y la muerte de los seres queridos, por la infancia y juventud perdidas, por la militancia política, por la enfermedad:  “Así, he pasado de los grandes mítines y las palabras altisonantes, en las que predicaba la justicia solo por oírme, por justificarme, al callado ejemplo de las hormigas, a su laboriosa paz”.

Una paz conquistada mediante la negación de uno mismo, mediante el reconocimiento del milagro que existe en las pequeñas cosas, mediante la apertura al misterio del otro, que solo se revela a través del amor.

Elena López Torres

Autor/a: Elena López Torres

Elena López Torres es Doctora en Filología Inglesa. Ha sido profesora titular de la Universidad de Cádiz durante más de dos décadas. Ha publicado diversos libros para la docencia, y artículos de tipo académico en revistas nacionales e internacionales. En el campo de la creación literaria, es autora de 'El mueble oscuro y otros relatos' (Renacimiento, 2011), y de la novela 'El yacimiento' (en prensa).

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