La evolución de las calabazas

La próxima vez que alguien me pregunte dónde vivo le voy a dar mi dirección de Facebook. Estoy en esta red social mucho más tiempo que en mi casa, aunque gran parte del tiempo por motivos laborales, no por vicio. Ya sabe una hasta qué va a ocurrir en la red. Igual que sabes que en Navidades en tu calle pondrán lucecitas y que el sábado de Carnaval las calles se llenarán de borrachos, sabes que la proximidad del 31 de octubre es sinónimo de guerra en las redes. Halloween is coming, señoras y señores.

Tras largos estudios sobre este arduo asunto, he llegado a la conclusión de que los detractores de la fiesta extranjera se dividen en dos grupos:

1. Personas religiosas: son los que condenan la parte escabrosa de la fiesta porque creen que se hace una especie de culto al diablo. Empezaré aclarando que yo no soy partidaria de discutir con gente que cree en seres invisibles. Lo digo con todo respeto: para mi es una pérdida de tiempo razonar con los que siempre puede rehuir de la lógica sacando el comodín del acto de fe, de lo indemostrable.

Una vez aclarado esto, reconozco que no puedo entender sus razones. Realmente, los únicos que deberían creer en el diablo y los seres del averno son los que creen en Dios. No hay infierno para los ateos ¿Entonces, qué problema tienen? ¿La representación? La Iglesia ha representado al diablo en numerosas ocasiones. Si quieres ver monstruos, mira un antiguo bestiario hecho por monjes. ¿O es que temen que la gente le pierda el miedo a ese demonio con el que llevan asustándonos más de 2000 años?

2. Personas patriotas: son los que rechazan la fiesta aplicando una especie de xenofobia festera y para preservar la pureza de la fiesta de los Tosantos. Entre ellos hay algún gallego. Este dato es importante, porque el origen de la fiesta anglosajona se supone que está en Galicia. Hay quien dice que la celebrarán cuando vean una romería por el Mississipi, y cosas parecidas. Pues igual van a tener que ir afilando el cuchillo de vaciar calabazas. The Great Bull Run’ y Tomato Royale son las versiones americanas de los encierros y la Tomatina de Buñol (Valencia). Se celebran en Virginia.

Ermita del Rocío en Carolina del Sur.

Ermita del Rocío en Carolina del Sur.

Vale, eso no es una romería: pero lo que se hace en Carolina del Sur, sí. Dedicada a la Virgen del Rocío, para más señas. Aquí, el enlace de la hermandad. En 2013 construyeron una ermita que imita a la de la aldea almonteña. Vamos, que no les falta un perejil.  

Estas gentes, por cierto, practican un patriotismo festero selectivo que les impide protestar cuando se celebra la alemana y cervecera Oktoberfest.

Pero la cuestión es ¿por qué triunfa la fiesta de fuera frente a la de aquí? Vamos a reconocerlo: es mejor. Haced la prueba: decidle a un niño si prefiere comer castañas e ir al cementerio, o disfrazarse y que le den caramelos. Ni un segundo va a tardar en contestar.

La verdad es que ambas fiestas no parecen cosas incompatibles, y además se celebra básicamente lo mismo. Se pueden comer castañas y caramelos, visitar los mercados, pasar una noche de miedo y al día siguiente ir al cementerio ¿Qué problema hay? Digo yo que si evolucionan las especies, tendrán que evolucionar las fiestas. Hay como una selección natural. Me imagino que alguien lamentaría el fin de las saturnales romanas y se revelaría contra la ‘nueva’ celebración de la Natividad de Jesús que, ¡oh casualidad!, vino a anular la más importante fiesta romana. Lo mismo ocurrió a las lupercales y tantas otras.

Pues eso: mientras evolucionamos, vamos a divertirnos. Y a discutir por cosas más importantes que cómo hay que pasárserlo bien.

Ángeles Peiteado

Autor/a: Ángeles Peiteado

Ángeles Peiteado es periodista y editora de estrenacadiz.com. Ha trabajado en Diario de Cádiz, en diversos gabinetes de comunicación y ha sido codirectora y fundadora del periódico El Independiente de Cádiz.

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