Diez años no es mucho tiempo, pero sí lo es para un festival de cine que da un giro como lo dio Alcances hace una década. ¿Qué lugar ocupa ahora el festival en el panorama nacional?
Ahora mismo Alcances está en un lugar bastante destacado. Es el único festival centrado en el documental español hoy por hoy. Otros festivales tienen secciones dedicadas al documental, como ocurre con el Festival de Málaga, pero no todo el festival, como ocurre con el nuestro.
Nos ha ocurrido una cosa curiosa: cuando empezamos, en 2006, el cine documental estaba a punto estallar. Algo se movía en este género. Se produjo una gran eclosión de directores jóvenes que usaban el documental no solo para analizar el mundo, sino también para explorar nuevos lenguajes creativos.
Desde su punto de vista, ¿cree que el documental tiene una tradición sólida en España?
Siempre ha habido un fondo. Desde Las Hurdes de Buñuel hasta cierto cine documental que se hacía en España en los años 40, un cine que está bastante olvidado porque tiene la etiqueta de franquista, pero que quizás merecería la pena recuperar. En la Transición hubo una gran eclosión, como parece lógico. En los 80 se paró, y en los 90 se empezó a recuperar con cineastas como López Linares.
La diferencia es que ahora se hace un documental más creativo y más independiente gracias, en parte, al apoyo que ofrecen las nuevas tecnologías.

En los últimos años el festival ha pasado por momentos complicados en cuanto a la aceptación por parte del público
Hay que admitir que los primero años fueron difíciles. Los eventos que duran tanto como Alcances tienen que cambiar y adaptarse. El público que estaba acostumbrado al Alcances de antes es verdad que se va, pero poco a poco entra otro tipo de público más joven. La edición de 2008 tengo que reconocer que fue muy floja y en 2009 se fue recuperando, y creciendo hasta ahora. Estamos muy contentos. Bastantes directores que vienen a presentar sus películas se sorprenden de que haya tanta gente en la sala, porque en otras partes se las encuentran vacías.
Si tuviera que marcar un momento clave en la nueva andadura del festival, en estos últimos diez años, ¿cuál sería?
Sin duda el año clave fue la edición de 2009. Ya Carlos Muguiro, director de Festival Internacional de Cine Documental de Navarra Punto de Vista, me dijo que tenía que dejar pasar al menos cuatro años para que el modelo cuajase. Y así fue.
También tenemos que admitir que los primeros años fueron de ensayo-error. Luego nos centramos más en el documental de creación, que ahora está en la vanguardia con autores como Sergio Oksman. El público se empezó a enganchar.
¿Cómo le ha afectado la crisis económica al festival justo cuando se estaba reinventando?
Alcances nunca ha sido un festival de grandes presupuestos. Hemos tenido que adaptarnos. Hemos perdido cosas, como el ciclo de documental musical que hacíamos en el Baluarte de la Candelaria, pero era un pico y fue una de las cosas que se cayó.
Yo creo que el verdadero problema lo han tenido los festivales que tenían 800.000 euros de presupuesto y que de pronto se ven con 300.000. La crisis también ha tenido un lado bueno, si se le puede llamar bueno, y es que nos ha obligado a replantearnos el proyecto y ver cuál es la esencia, qué queremos que no se pierda.
Por otra parte, nosotros trabajamos con autores independientes. Vienen cineastas más conocidos como Saura Trueba, López Linares… Pero salvo eso, no trabajamos con grandes estrellas que necesitan más presupuesto.
Si tuviera que definir con una palabra el documental que se hace hoy en día en España, ¿cuál sería?
Inquieto. Sobre todo como lenguaje creativo. Hay niveles grandes de búsqueda. Lo que pasa es que las cosas van unidas. Hay inquietud temática y formal. Para mí es un movimiento crucial ahora mismo.
Por ejemplo, el cine industrial español no accede a los principales festivales. Pero en un festival como el de Locarno había cinco directores españoles de documental, tres de ellos que han pasado por Alcances. Y, además, ganan premios.
El documental español que se hace ahora tiene un valor impresionante, pero pasa desapercibido.
Personalmente, ¿qué balance hace de su responsabilidad al frente de Alcances Festival de Cine Documental?
Como ser humano ha sido una grandísima experiencia. Como cinéfilo que soy y seguiré siendo, acabe haciendo lo que acabe haciendo, me ha abierto una puerta a un cine al que, quizá, de otra manera me hubiese costado más llegar. Además, me ha dado la oportunidad de conocer gente con una ética impresionante, gente arrojada que cree en lo que hace. Es gente que sabe que no va a estrenar en la Gran Vía ni va a ver sus películas en televisión a las diez de la noche, pero, pese a eso, sigue haciendo lo que hace.
El cine documental es ahora mismo una bolsa inmensa de cultura, por decirlo de alguna manera. Pero parece que muchos no se dan cuenta.
Para los nostálgicos, ¿queda algo del Alcances Muestra Cinematográfica del Atlántico que inventó Fernando Quiñones?
Yo siempre he sido un “alcancero”, pero el festival tal como estaba era insostenible. Hoy en día las películas que se proyectaban entonces no las hay. Por ejemplo, se ponía mucho cine del Este, pero ahora el cine está mucho más globalizado con coproducciones. Lo que sí intentamos es mantener el espíritu del Alcances de siempre: proyectar el cine más inquieto que se hace en el momento y ese cine se hace ahora mismo en el terreno del documental.


