Carlos Pérez Merinero (Écija, 1950-Madrid, 2012) será recordado mañana en Jerez de la Frontera, una ciudad a la que el escritor y cineasta estaba unido por los lazos indisolubles de los años de la infancia y primera adolescencia que pasó allí. Nos lo cuenta su hermano, David, que ha sido el artífice y promotor de este homenaje póstumo en el que se hablará de su obra en dos mesas redondas y en el que se proyectará una película con guión suyo.
La amistad y el recuerdo de la vida y de la obra del autor serán los ejes centrales de este homenaje que surgió de una conversación entre David Pérez Merinero y un amigo de Carlos, que hizo con él el bachillerato durante sus años de vida jerezana, entre 1956 y 1966.
David asegura que en este encuentro en torno a la figura de su hermano ha intentado huir de los “paracaidistas” y por eso todas las personas que intervendrán están directamente relacionadas con la obra o con la vida del autor. Por eso, el homenaje de mañana será también, de alguna manera, un reencuentro de artistas y profesionales vinculados a la figura Carlos Pérez Merinero.
Entre ellos, el fotógrafo jerezano Carmona Otero, que era compañero de colegio de Carlos Pérez Merinero, y Rafael Utrera, “un viejo conocido” de cuando Carlos y David comenzaron a escribir “ensayos sobre el cine español” allá por los años sesenta. También caras conocidas del cine como Antonio Dechent, que protagonizó algunas películas con guión del homenajeado.

A ellos se unirán Francisco Javier Izquierdo, un veterano aficionado al cine que organizó el primer cine-club de Jerez, y José María Pérez, “que es el hombre que lo ha leído todo”, explica David Pérez Merinero.
Durante el homenaje se proyectará el cortometraje El esqueleto de Bergamín, de Ion Arretxe, un amigo muy querido de Pérez Merinero que ha ilustrado, además, el volumen de los cuentos completos del autor que se presentará también mañana y que ha sido publicado por la editorial Garaje Negro.
Carlos Pérez Merinero era licenciado en Ciencias Económicas, ejerció como profesor universitario entre 1973 y 1979. En la década de 1970 publicó diversos libros de cine. Participó con distintos relatos en libros colectivos, escribió novelas y trabajó como guionista en varias series de televisión, además de como argumentista en películas de distinto género.
En 1997 dirigió su primer largometraje Rincones del paraíso. Tras su muerte, en enero de 2013 se inicia la “Colección Carlos Pérez Merinero”, que recogerá toda su obra inédita, con la publicación del guión cinematográfico El grito enterrado de los muertos.
Carlos Pérez Merinero empezó a escribir “relativamente pronto”, cuenta su hermano David: “comenzó con ensayos cinematográficos, luego guiones que nunca se llevaron a la pantalla y, más tarde, se planteó escribir novelas de género negro. Su escritura es muy radical. Sus novelas rozan, incluso caen, en la pornografía más abyecta. Utiliza el género negro para romper con la novelística tibia que se hacía en los ochenta. Son abiertamente antifranquistas, incluso violentas”. Su primer novela, Días de guardar, se reeditó en 2014.
David se lamenta de que “siendo un novelista negro no haya figurado nunca en ninguna de las cientos de semanas negras que hay, salvo en una que se celebró el año pasado en Cuenca. No es casual”.
Como autor de relatos fue bastante conocido en los ochenta. “Escribía cuentos por encargo para revistas como Penthouse o Interviú”, apunta David. Ahora estos relatos y otros que permanecían inéditos se recogen en el volumen de más de cuatrocientas páginas que se presentará en el homenaje y que cuenta con ilustraciones de Ion Arretxe.
En el tramo final de su vida, Carlos Pérez Merinero “entró en una especie de desapego en cuanto a la publicación de lo que escribía, aunque siguió escribiendo todos los días”. Por eso sus obras inéditas ya llevan once volúmenes publicados y “quedan todavía como cuarenta, incluso algún libro de poesía». «Su primer libro de poemas fue premiado por un jurado en el que estaban los jerezanos José Manuel Caballero Bonald y Manuel Ríos Ruiz, que no conocían su vinculación con Jerez”.
Como guionista tuvo “una época muy intensa”, pero “éste es un trabajo desasosegante. Los directores son muy pesados. La mayoría de las películas que hizo eran muy comerciales, de encargo, pero también hacía sus proyectos personales, al margen de la industria, que luego nunca se estrenaron. Tenía una trilogía que se llama Franco ha muerto. Una de ellas, Valor facial, se puso una vez en un homenaje que le hizo el escritor Juan Madrid”, explica David.
“Era una persona que salía poco de casa. No quería saber nada del exterior. Recuerdo cuando llegamos juntos a Madrid el 18 de julio de 1966. Entonces era fiesta nacional ese día. Las calles estaban desiertas. Nunca volvió a salir de Madrid. Siempre durmió en la misma cama”, apunta el hermano de homenajeado.
“A él le hubiera gustado ser como esos guionistas del Hollywood a los que pagan por estar encerrado escribiendo. Se tomaba su trabajo muy a rajatabla. Trabajaba de nueve a dos. Siempre decía que no había diferencia entre ser escritor y oficinista”, añade David Pérez Merinero.

