Historias de vida efímeras

Esta semana pasada, Facebook ha anunciado su entrada en la guerra por dominar las historias de vida efímeras. Desde el año 2011, año de lanzamiento de Snapchat, millones de jóvenes y no tan jóvenes del todo el mundo, se han hecho adictos a esta forma extrema de fugacidad de la futilidad. Esta red social permite a sus usuarios compartir fotos y vídeos de una forma que otras redes sociales no ofrecían. Esto es, gracias a Snapchat, uno puede decidir durante cuánto tiempo están accesibles las imágenes o vídeos que comparte.

A ojos de muchos, esta facilidad puede parecer una niñería. Sin embargo, para los usuarios, conlleva múltiples ventajas. Por ejemplo, puedes actualizar las fotos y vídeos de las experiencias que estás experimentando sin riesgo de que tu perfil se llene de selfis y memes entre los que sea imposible navegar. Al no tener límites, uno puede compartir con tranquilidad lo más nimio y trivial que se le ocurra. Además, después de todo, lo compartido solo durará unos minutos o unas horas y, luego, nadie más podrá volver a verlas. Pues bien, solo un dato, más de cien millones de personas usaron Snapchat en los primeros dos meses de vida de la herramienta. El anuncio de Facebook supone, desde el punto de vista de quién escribe, una apuesta por la consolidación de esta forma extrema de fugacidad y trivialización.

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Una joven se autoretrata con un palo-selfie.

Al leer la noticia sobre las intenciones de Facebook de sumarse a este mercado emergente, no pude evitar acordarme de Paul Virilio y su Velocidad y Política (2009). El gran autodidacta francés nos lega en este libro una reflexión que ayuda a profundizar en el significado de la consolidación de la propuesta de Snapchat. Virilio nos enseña que toda forma de progreso tiene su reverso oscuro. Esto, que ya fue tema de debate en la escuela de Frankfurt, nos llega de vuelta fortalecido y ratificado por episodios recientes de nuestra historia como el 11-S o los atentados de Madrid de 2004. ¿Cómo un avión, epítome de la modernidad global, puede transformarse en un arma de destrucción y muerte?

No obstante, el gran legado de Virilio es su idea de tiempo accidental. Hasta la irrupción masiva de las tecnologías digitales y de los medios de comunicación globales y virales, existían dos tiempos. Por un lado, teníamos el tiempo de larga duración, la escuela de los Annales, o la historia que se preocupa por los procesos y la estructura de las sociedades. Por otro lado, teníamos el tiempo de los acontecimientos. Es decir, esos hechos que podemos llamar históricos por su trascendencia y alcance social, político o económico. Sin embargo, el tiempo accidental, dice Virilio, es un instante que no participa ni del pasado (está descontextualizado) ni del futuro (desaparecerá en poco tiempo). Un tiempo en el que los usuarios de Snapchat viven, y que se rige por la accidentalidad del presente más inmediato. La velocidad es el movimiento fundamental del tiempo accidental y las tecnologías digitales, añado yo, son el arma que hace eficaz ese movimiento.

El corolario del argumento de Virilio es que, al entender nuestras vidas como tiempo accidental, cedemos el poder de nuestra existencia a las máquinas. La velocidad del tiempo accidental no es la velocidad humana. Es una velocidad que solo controla la máquina. Las fotos que hacemos con el teléfono móvil y que compartimos fugazmente con la comunidad digital, no reflejan la experiencia vivida, sino los momentos sin pasado ni futuro que, herramientas como Snapchat, están imponiendo.

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Mujer contemplando obras de arte.

Las redes sociales, como parte de la modernidad tecnológica, tienen un reverso claro y otro oscuro. En la luz hay, esto no se puede negar, muchas cosas valiosas. Por ejemplo, gracias a las tecnologías digitales un ciudadano cualquiera puede ayudar a la liberación de un grupo de niñas que son retenidas contra su voluntad en un país olvidado como Nigeria.

No obstante, en su lado oscuro habitan monstruos voraces que frivolizan, entre otras, con la forma en la que narramos nuestra vida para los demás. Con la forma en que nos hacemos presentes a nuestros pares e iguales. Una cosa de la que los sociólogos estamos seguros es de que la forma en la que nos mostramos determina en gran medida lo que somos. Determina nuestra identidad y nuestro ser social. El tiempo accidental nos trasforma en personas parcializadas y con “historias de vida efímeras”.

En los días en que me acordaba de Virilio, estaba leyendo a Yves Bonnefoy. En su Le Nuage rouge. Dessin, coulour et lumière nos hace reflexionar, entre otras cosas, sobre la capacidad que tiene la pintura y la poesía para generar, también desde la inmediatez y la fugacidad, preguntas sobre lo eterno y lo universal. Ahora pienso en la diferencia entre la técnica pictórica y poética, y la técnica digital. A qué lugares tan distintos nos puede llevar una técnica y otra.

José Manuel Robles

Autor/a: José Manuel Robles

José Manuel Robles es profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Es doctor en Sociología, director del Máster Europeo en Estadísticas Oficiales e Indicadores Sociales y Económicos y subdirector de la Revista Internacional de Sociología (Revista JCR). Es experto en Sociedad, Internet y Política, cuenta con más de cincuenta publicaciones en revistas y editoriales de primer nivel nacional e internacional, ha impartido conferencias en más de quince países y ha realizado investigaciones para, entre otros, el CIS, el CSIC, el Gobierno de España o la Unión Europea.

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