‘Freaky’

Esta mañana, alguien que se ha enterado de que soy traductor me ha llamado freaky. Sí, porque me gano la vida traduciendo libros. Os excuso del retrato de una persona que ve la vida de ese modo: lo dejo enteramente a vuestra imaginación.

Aunque lo cierto es que soy un freaky. No por traducir libros, naturalmente, que a mí me parece una ocupación de caballeros, sino por muchas otras razones. Hace poco revelé en estas mismas páginas de CaoCultura mi pasión por los telefilms de fin de semana de Antena 3 y hoy voy a hacer otra revelación personal (si me llaman freaky, que sea con motivo): soy riperólogo. ¿Y qué es eso? Trataré de ilustraros sobre una especie de ciencia que muchos conoceréis hoy por primera vez.

La riperología (no encontraréis el término en Wikipedia) es la ciencia que se ocupa de los crímenes de Jack el Destripador. Ya oigo las risas. Pues la cosa tiene más enjundia de lo que parece. No es como esos fanáticos de los juegos de rol o esas reuniones de amantes de Star Trek. La riperología es una rama de la Historia y su objeto de estudio abarca no solo la crónica de los asesinatos sino también, y especialmente, el contexto social y económico de la era victoriana, los acontecimientos políticos, los usos cotidianos, la literatura del momento, etc. La riperología tiene sus propias revistas y publicaciones especializadas (suscribirse a las cuales resulta, por cierto, sumamente caro); también sus congresos internacionales, sus afamados expertos y, en fin, toda una industria erudita que no excluye escuelas y partidos y puñaladas traperas, los mismos fenómenos que se dan en las universidades por un quítame allá esa cátedra.

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Por supuesto, cada riperólogo tiene su propio candidato a ser Jack el Destripador. Uno de los alicientes de esta disciplina es que el caso nunca se resolvió y probablemente nunca se resuelva, con lo cual el terreno de las especulaciones es casi infinito. Pero que nadie piense que cualquiera puede llegar y presentar una estúpida teoría. Los riperólogos utilizan los mismos procedimientos de investigación que un historiador convencional y a menudo apelan a la ciencia forense (ADN, examen de documentos con microscopio estereoscópico, etc.) para apuntalar sus tesis sobre ese punto en particular (la identidad del asesino), que, repito, ni siquiera es la parte más importante de la riperología, con ser la más llamativa.

Pero ya sé que no os he convencido y que puedo considerarme a partir de ahora un freaky confeso, por más que, como riperólogo, no pase de ser un aficionado sin un solo libro, artículo o crédito académico. Aunque pensaba que, antes de revelar este secreto, podía considerarme un caballero que traduce alta literatura. Esta mañana comprobé que no.

Y, finalmente, adivino lo que os estáis preguntando: ¿quién es mi candidato? Aah…

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