Elección mortal

Todos tenemos un secreto inconfesable. Bien, yo voy a confesar el mío: me encantan los telefilmes americanos de los domingos a las cuatro en Antena 3. Sí, me refiero a esos que normalmente tratan una inmensa variedad de temas: vecino encantador que resulta ser un psicópata, novio encantador que resulta ser un psicópata, chicas a las que acosan en el instituto, chicas a las que acosan por Internet, madres posesivas, suegras posesivas, maridos posesivos, secta de amish malos malos, secta de mormones malos malos… Etcétera. El abanico de títulos también es infinito: Elección mortal, Obsesión fatal, Traición conyugal, Decisión trascendental, y tal y tal.

Uno se familiariza con los actores: el que ahora es el jefe chungo antes fue el esposo engañado (y mucho antes alguien que aparecía en Falcon Crest); y todo es tan maravillosamente previsible que no importa ir al baño todas las veces que haga falta o coger las pelis empezadas: en cualquier momento puede uno reengancharse sin problemas. A diferencia de la vida, en ellas siempre sabemos lo que va a pasar.

Una escena de 'Amor infiel', que ha pasado recientemente Antena 3.
Una escena de ‘Amor infiel’,  programado en Antena 3.

Hay que creérselas y vivirlas: ¿Cómo es posible que el malvado ponga esas caras de malvado y vaya acompañado de esa música inquietante y aún así todos sigan confiando en él hasta que, demasiado tarde, la lía parda? Y le gritamos a la pantalla mientras mordemos la pata de pollo: “¡Te está engañando, so tonta!”. Aunque es tranquilizador saber que finalmente morirá. Esto es un axioma: aquí nadie paga sus crímenes con la cárcel. Todos mueren en el último minuto a manos de la protagonista, que les dispara, herida, desde el suelo mientras se acercan a lo lejos las sirenas de la policía.

Bueno, la pregunta obvia es: ¿Por qué a un notorio cinéfilo le gustan las películas de fin de semana de Antena 3? Pues no lo sé. Quizá por la misma razón que un enólogo, tras una cata, se pide una caña de Cruzcampo y un pincho de tortilla o un poeta intenso dedica sus ocios a leer novelas baratas del oeste. Porque no se puede ser sublime sin interrupción, porque el cerebro necesita muy a menudo entrar en stand-by, porque a todos nos gusta que las cosas sigan a veces un orden prefijado, porque de sorpresas ya estamos bien servidos en esta vida, porque hay que reírse de uno mismo.

Lo malo, ya lo sé, es que siempre terminan. Y, tras esa última escena de la familia merendando feliz “seis meses después”, nosotros nos quedamos con nuestros mismos problemas, nuestro inminente lunes y nuestra impredecible existencia, apenas olvidada durante esa escasa hora y media de saludables crímenes de pega. Y con remordimientos por haber sucumbido un domingo más. Pero bueno, nadie es perfecto, como decían, creo recordar, al final de un telefilm de Antena 3.

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4 thoughts on “Elección mortal

  1. Vuelvo a conincidir contigo, aunque no en lo de las pelis. En mi caso y en el de muchos, es la música. Canciones inconfesables y que en principio no te pegan. Los móviles y sus sintonías están haciendo una labor impagable en este sentido. Nunca esperarías que al tipo que está sentado en la parada del autobús con aires de intelectual le suene de pronto el «Ave María, cuándo serás mía…»

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