Dieciocho alumnos, con la ayuda de Jesús Martín, intentan transformar en empresas de éxito sus ideas. Lo hacen a través del Programa de Creación y Consolidación de Industrias Culturales y Creativas de la Cámara de Comercio, que acaba de finalizar. Los alumnos cierran el curso con la opinión unánime de que han tenido una profesor magnífico en Jesús y le aplauden espontáneamente a mitad del reportaje. El admirado profesor destaca la riqueza que se esconde en las ideas de estos futuros emprendedores y pide para ellos más oportunidades, más ayuda para que sus ideas puedan convertirse en una realidad que cree empleo y riqueza de la otra, de la que se puede contabilizar.
Aunque el nombre del curso puede hacer pensar en proyectos muy ligados a la cultura, en realidad el criterio es amplio y da cabida a todo lo creativo. Son diecisiete proyectos, uno menos que alumnos porque hay dos trabajando en el mismo, en dar a conocer el antiguo astillero de Matagorda (Puerto Real). Según explica uno de ellos, Jesús Alfaro, director de comunicación de Navantia Bahía de Cádiz, quieren promocionar el Museo, la capilla… un patrimonio industrial que desconocen incluso muchos gaditanos.
En este curso de industria cultural no sólo la cultura quiere ser una industria, sino que el impulso creativo se mezcla con la industria de toda la vida, la de mono azul. No sólo piensan en los astilleros los alumnos que quieren poner en valor el antiguo dique, sino también Nadir Fernández, que desarrolla un proyecto de impresión en 3D que incluye la fabricación de piezas para esta factoría que tantas alegrías y disgustos ha dado a la Bahía de Cádiz y cuyo relanzamiento es un sueño colectivo. La impresión en 3D no tiene límite, destaca: es pura imaginación, diseño, ¿Por qué no ver qué se puede hacer para insuflar vida a los la industria que un día movió Cádiz? Y para lo que se tercie, por supuesto.

Si no fuera porque Nadir también diseña, este proyecto podría complementar perfectamente al de José María Fernández, de realidad virtual. Este arquitecto con experiencia en el área de Cultura de la Administración andaluza está buscando una nueva salida profesional en el diseño en 3D y la realidad aumentada, un sector con demanda pero que requiere una gran inversión; para empezar, un equipo de una veintena de personas. Lo necesario para introducir al visitante en el interior de unas ruinas romanas reconstruidas virtualmente, para dar servicio a la industria cinematográfica o a la turística. Lo que al principio era una idea pensada para dar un servicio a la administración, la recreación fiel del impacto de una edificación en un yacimiento arqueológico o en un paraje natural, por ejemplo, abre miras en la mente de José María. La realidad aumentada sirve para enseñar, para hacer guías turísticas o para lo que el cliente quiera.
Este arquitecto ha compartido aula con un colega en estas últimas cinco semanas. Gadidea es la empresa que está creando Rodolfo Morales con su mujer, diseñadora gráfica, y que se basa también en el diseño gráfico. En este caso, el negocio consistirá en crear regalos personificados de todo tipo, aunque están empezando por materiales de papelería y detalles para el hogar. ¿Y la arquitectura? Rodolfo muestra la libreta que trae consigo, una de las creaciones de la pareja, que tiene como motivo central la Torre Tavira, un detalle que muestra que ni mucho menos la ha olvidado.
Gadidea nacerá en internet, como venta online, con la idea de servir a particulares, a empresas o abastecer a tiendas de souvenirs. Pero no descarta tener en un futuro una tienda física que incluya un taller de manualidades.

Pocos son los proyectos que tendrán inicialmente una ubicación física. La mayoría se sirven de las ventajas de las nuevas tecnologías para ahorrar a los futuros empresarios los gastos derivados de un local. Por ejemplo, Mariana Virginia García, una artesana de origen argentino, está aprendiendo a crear una tienda online para sus productos: trabajo de bisutería, macramé, cuero, arcilla polimérica o almohadas térmicas rellenas de semillas, que también promocionará a través de las redes sociales. Angela del Favero tiene en mente una idea similar para sus productos, que van desde caleidoscopios a abanicos. Inmaculada Gómez Plana planea vender sus cuadros a través de internet, pero también quiere que el suyo se convierta en un portal de compra y venta donde expongan sus trabajos otros artesanos. El proyecto de Goretti Noguer, precisamente, se basa en la gestión de contenidos de blogs, el diseño web y el posicionamiento para pequeñas y medianas empresas.
Dos proyectos, sin embargo, están obligados a tener presencia física a pie de calle. Amanda Quintero ubica su proyecto en los Callejones, en pleno centro de Cádiz: se trata de una tienda-bar-cafetería, un lugar donde tomar un café al tiempo que se degustan dulces artesanales y se compran vinos, quesos o sales de Cádiz. La Juanadería, que es como se llamará el negocio, tiene como inspiración inicial la idea de fomentar la actividad de los empresarios artesanales de la provincia. El hostel que está proyectando Mónica para Alcalá de los Gazules, con capacidad para unas quince personas, no sólo ofertará actividades en la naturaleza, sino que también proporcionará a sus clientes clases de español para extranjeros.
El turismo está detrás de otros dos proyectos. El primero es la completa Guidy, una app que aúna los conceptos de red social y guía turística y en la que trabaja casi una veintena de personas, entre ellos Javier Mariscal, que explica que la aplicación permitirá saber dónde están y qué hacen otros usuarios en las cercanías, proporciona una guía interactiva que avisa cuando llega a algún lugar destacado e informa sobre él, permite hacer y compartir guías propias -es decir, con los comentarios del usuario- e incluye guías del ocio, de comercio, entre otras utilidades. Esta app se va a implantar en un buen número de localidades de varios países europeos, entre ellas Cádiz, y está al ochenta por ciento, explica Mariscal. El segundo es el proyecto de Juan Manuel García, que después de cinco años dando clase de español en Hong Kong volvió a Cádiz cansado pero con la cabeza llena de ideas. Su idea parte de la base de atraer unos visitantes activos, “a los que van a hacer turismo en una hamaca nos los quiero yo”, explica, y eso puede pasar tanto por complementar el español de jóvenes estudiantes extranjeros durante visitas a Andalucía durante el verano como por ofrecer actividades todo el año que persigan una experiencia activa y realmente intercultural.
Hay más proyectos, que pisan la escena y trepan por jardines verticales. “Estoy asombrado de la riqueza y variedad”, explica el profesor, quien señala que llegar a desarrollar las ideas emprendedoras generará actividad económica. “Hay que cuidarlos”, dice, y que el apoyo a este prometedor sector no se quede en un programa, sino que haya apoyo, una gestión de la administración que ayude a su desarrollo y financiación. El crecimiento económico, indica, ya no es un problema de falta de suelo. La tecnología tiende a reducir la necesidad de espacio.
Jesús Martín ha liderado esta formación a completa satisfacción de sus alumnos. Uno de ellos, Alfaro, desgrana un currículum que el profesor no quería desvelar: es presidente de la Asociación de Empresarios del Henares y vicepresidente de la confederación empresarial madrileña CEIM. Todo un lujo para un curso en el que sus alumnos reconocen haber aprendido muchísimo. “Entre él y los consultores nos han enseñado cómo se monta una empresa que puede ser de éxito”, indica el agradecido alumno. Porque la cultura, según se explica el programa del curso, “se ha convertido en un sólido activo estratégico de desarrollo social y en una importante plataforma económica”.


One thought on “Emprendimiento creativo: el tesoro escondido en la cultura”