Ambas comparten un estatus de culto en el profundo territorio folk de los Estados Unidos y ambas han sido objeto de (re)descubrimiento por parte de generaciones posteriores que han ensalzado su música, más allá de visiones canónicas. Y es que tanto Karen Dalton (1937-1993) como Linda Perhacs (1943) supieron convertir sus respectivos discos de debut en cautivadores manifiestos de particulares, también diferentes, maneras de desentrañar el patrón folk, ninguneadas en ambos casos por público y crítica de la época. La primera conectada a una innegable impronta blues y la segunda más cercana a los efluvios hippies. Ambos trabajos son recuperados ahora en vinilo de 180 gramos por Elemental Music, gracias a su acuerdo con Universal Music Group para España y Portugal.
Karen Dalton: It’s So Hard to Tell Who’s Going To Love You The Best (Capitol; 1969)
Nacida en Oklahoma, de sangre irlandesa y cherokee, Karen Dalton lanzó solo dos álbumes de estudio durante su vida: nuestro It’s So Hard to Tell Who’s Going To Love You The Best” y el también fantástico In My Own Time (1971). Bastaron y sobraron para que iconos de la trascendencia de Bob Dylan la señalaran como su cantante favorita, comparando su voz a la de la mismísima Billie Holiday y su forma de tocar la guitarra al bluesman Jimmy Reed. No en vano, la música de los doce compases constituía la esencia de una propuesta donde jazz, folk y soul se canalizaban a través de una voz delicada y trémula, colmada de intensidad y sentimiento.
Fue el gran cantante y compositor Fred Neil quien la descubrió en el neoyorquino Greenwich Village, presentándola al productor Nick Venet. Además de cantar y componer, Dalton tocaba guitarra de doce cuerdas, banjo y violín, y ello le abrió aún más las puertas del Estudio A de The Record Plant en Nueva York para registrar en vivo esta conmovedora colección de canciones. Entre ellas, versiones de Jelly Roll Morton y Leadbelly, préstamos souleros de la disquera Stax –ese “I Love You More Than Words Can Say” de Eddie Floyd y Booker T. Jones que estrenara Otis Redding-, adaptaciones de partituras de blues de Meldon London y de oscuros autores como Major Wiley, y, por supuesto, un par de piezas de Neil –»Little Bit Of Rain” y “Blues On The Ceiling”– destinadas a abrir cada una de las caras del álbum. También se incluyeron dos adaptaciones propias del cancionero tradicional que evidenciaban el interés de Dalton por redimensionar las raíces. Secundada por una austera instrumentación, donde destacan el bajo de Harvey Brooks y la percusión de Gary Chester, la vibrante voz de Dalton es el factor que fundamenta y cohesiona tan rico repertorio. Tras publicar su segundo trabajo, Dalton desaparecería, sin apenas repercusión y empujada por una tormentosa relación con las drogas, para morir en 1993 a los 55 años. Su precoz ocaso y escueta obra no impidieron que nombres más contemporáneos como Devendra Banhart, Joanna Newsom o el mismo Nick Cave solicitaran años más tarde el ingreso en su club de admiradores.
Linda Perhacs: Parallelograms (Kapp Records; 1970)
En este caso fue el compositor cinematográfico Leonard Rosenman –autor de bandas sonoras de películas como Al Este del Edén (1955) o Barry Lyndon (1975)- quien dio visibilidad a una joven cantante asentada en Topanga Canyon llamada Linda Perhacs, de apellido real Arnold, y que trabajaba en una clínica dental de Beverly Hills, cuyos pacientes eran Paul Newman, Cary Grant o él mismo. Deslumbrado por una maqueta que le alentó a grabar, Rosenman abrió las puertas del estudio de grabación a sus composiciones para registrar, arreglar y producir Parallelograms, contando con la colaboración de John Neufeld, Milt Holland, o de reputados jazzman como Oliver Nelson o el baterista Shelly Manne. En realidad era la embriagadora voz de Perhacs, amiga del falsete y pronto asociada en sus formas a otras cantantes de la época como Joan Baez o la mismísima Joni Mitchell, la que campaba a sus anchas por estas once canciones de vocación acústica, bañadas en efluvios hippies e inspiradas en motivos naturalistas.
La combinación de deliciosas melodías, con una instrumentación que alternaba la omnipresente guitarra de nuestra protagonista con sutiles efectos electrónicos, bajos, arreglos de cuerda y viento de Steve Cohn, Rosenman y la misma Perhacs e incluso tabla hindú, deparó una obra de honda y misteriosa belleza, a veces incluso cautivadoramente fantasmal como en el caso del tema que lo bautiza o de su propia portada. Decepcionada por mezcla y prensaje del álbum así como por la escasa promoción que el sello independiente Kapp dio a la obra, Perhacs se limitó a reproducir su vinilo solo una vez y a guardarlo en su funda para volver, como si nada hubiese ocurrido, a su trabajo como higienista dental.
Pero el tiempo se encargo de reivindicar poco a poco un maravilloso disco, aupado por sucesivas reediciones en las que incluso se llegaron a recuperar demos y un tema inédito. La consecuencia más tangible fue que Linda Perhacs abandonó su consulta para reingresar en los estudios de grabación y plasmar, con la colaboración de valiosas seguidoras como Julia Holter, un segundo álbum -The Soul Of All Natural Things (2014)-, cuarenta y cuatro años después de que su ópera prima la instalara para siempre en el malditismo folk estadounidense.

