El Carachucho

El Carachucho era un tío chungo chungo. Quería quedar siempre por encima de los demás y para destacar hacía cosas muy raras. En el barrio cuentan que una vez se comió una coliflor cruda a lametazos, como si fuese un chupa-chups, porque, al tener tanta mala baba, la saliva la iba corroyendo, como el hombre mosca de esa película tan asquerosa. Hay mucha leyenda a su alrededor, no digo yo que no, pero también un pedazo grande de verdad. En cierta ocasión, y esto lo vi con mis propios ojos, se sentó en las vías del tren a comerse un Bollycao, porque siempre estaba comiendo el Carachucho, y provocó la parada del Talgo procedente de Madrid. Que sí, que sí, que no sé cómo fue la cosa pero el tren se frenó a dos palmos de sus hechuras con un traquido que casi descarrila. Se bajó el conductor, se bajó el inspector, se bajó hasta el del bar, y en el tiempo que dedicaron primero a preocuparse por él y luego a enfadarse comprobando su pasividad, el Carachucho, que no debía tener más de quince años, se acabó el bollo, se levantó como si nada y se volvió para el barrio ante la mirada atónita de todo quisque. Así era el Carachucho, vacilón, y no le tenía respeto a nada ni a nadie. Siento decir las cosas en plata, pero estamos hablando de un pedazo de cabrón.

Al Carachucho lo conocía yo desde pibe porque vivíamos en el mismo edificio: él en el octavo A y yo en el séptimo A. Estoy seguro, por mucho que mi madre no quiera reconocerlo, que los escupitajos que manchaban día sí y día no nuestra ropa tendida salían de su boca hedionda. A su padre no lo traté porque murió muy joven, apenas instalados en el barrio, y éramos unos niños. Sé que trabajaba en la lonja y que tuvo la desgracia de pisar un boquerón espachurrado y caerse de tan mala manera que quedó insertado en un pez espada, mismamente como un pincho de aceituna, el pobre. A su madre sí la he rozado más, aunque me hubiera gustado rozarla de otra manera, no te voy a mentir, porque se parece a la Brigitte Bardot. Trabaja de cajera en el supermercado y se abre la camisa de tal forma que se empinan hasta los calabacines. Más de una vez me ha dicho: «ay, si mi hijo se hubiera parecido a ti, aunque fuera gay como tú, que a mí eso no me importa…». Y no sé por qué me dice esto, la verdad, porque a mí me han gustado siempre las mujeres, pero está empeñada en que soy de la otra acera. ¡Una vez hasta le regaló a mi madre unas bragas de su hija que decía eran de mi talla! A mí me da que el Carachucho, que era muy mentiroso, le calentó la cabeza con mi falsa homosexualidad y ella, por no contradecirle, se lo ha querido creer todo. ¡Con la de veces que me he tocado yo pensando en sus tetas! (escucha, esto no lo pongas).

¿Que cuándo fue la última vez que vi al Carachucho? Uy, hace ya mucho… Oye, no sé si estará bien que lo llame así, pero es que aquí siempre se le ha conocido como el Carachucho por lo perrísimo que era, aunque él se creía que el mote le venía por peleón: “como un pitbull”, decía siempre sacando los dientes, “soy un pitbull y al que muerdo no lo suelto”. A mí llamarle Vicente me suena raro, así que, si no te importa, ya lo pones tú luego en el periódico como quieras. Como iba diciendo, la última vez que hablé con él creo que hará cosa de seis o siete años, antes de que se le fuera la cabeza del todo y decidiera dedicarse al robo con corbata. Nos tomamos unas cervezas aquí mismo, en Casa Aurora, que por cierto la Aurora fue novia suya hace la tira de años, aunque entonces era mucho más fea. Para ti y para mí, el Carachucho le hizo un bombo, y, aunque dicen que abortó, yo creo que el hijo mayor de la Aurora es suyo. Bueno, pues ahí donde estás tú sentado estaba él, como si lo viera, y me dijo una cosa que no se me olvidará mientras viva:

-Luisito, amigo, dame fuego.

No se me olvidará en la vida, digo, porque se llevó el Zippo que le dejé para encender el Ducado; un mechero precioso que me había regalado en su lecho de muerte un tío mío al que yo quería mucho. Porque al Carachucho le faltaba la ética y le fallaba la moral, y le daba igual ocho que ochenta o que lloviera en Semana Santa. Si podía quitarle algo a alguien se lo quitaba, aunque fuera un pantalón remendado a un mendigo o las canicas a un niño, que las dos cosas las han visto estos dos ojos azules míos. En los bares no pagaba nunca porque no le daba la real gana y porque nadie se atrevía a decirle que apoquinara, que el Carachucho daba unos guantazos más gordos que los de Bud Spencer, el muy mamón, y tenía acobardados a los vecinos de los quince edificios del barrio.

Ilustración de Chencho Ríos "Zocar".
Ilustración de Chencho Ríos «ZOCAr».

¿Qué ideas políticas ni ideas políticas? ¡Si no sabía hacer la “o” con un canuto! Bueno, miento, con un canuto sí que sabía hacer la “o”, pero con la boca y de humo, porque le daba al hachís cosa mala. No, pincharse no se pinchó nunca, pero los porros se los fumaba de cuatro en cuatro. Era un porreta de categoría, las cosas como son. En eso tenía un doctorado, pero de política no le oí hablar nunca. El Carachucho terminó la EGB porque los profesores estaban hasta los huevos de él y se aliaron para aprobarlo y que se fuera al mismísimo carajo. Lo que ocurrió con lo de la política es que conoció en una borrachera a uno que le dijo que se apuntara al partido para trincar, porque por lo visto todo el que era avispado trincaba lo que quería, y él, que le gustaba la peseta cosa mala, fue a probar y se quedó. Cuando se afilió al partido dejó de venir por el barrio y durante meses no oímos mucho de él, aunque de pronto empezó a aparecer en el diario local, primero de a poquito y ya más tarde, tampoco demasiado más tarde, en la letra negra de los titulares. “Mira, mira, el Carachucho en la portada del diario” se escuchaba por todo el barrio. Me caí de culo al verlo repeinado, con traje y sonrisa profidén… El titular, que yo es lo único que leo, me dejó helado: “Vicente Pérez se presenta a la alcaldía”. ¡El Carachucho para alcalde! Un colgado, ladrón, putero y mala persona. Toma ya.

Sé muy buen que sacó mayoría absoluta en el barrio. Lo votamos todos. Sí, yo también, que sí, ¿cómo no iba a votar a mi vecino? Aunque supiera lo sieso que había sido, en definitiva se había criado en un barrio obrero y su programa electoral era muy completo, las cosas como son. Nos convenció al dedicarle a nuestro barrio un par de líneas más que al resto y al prometernos una cancha de fútbol, que eso aquí hace mucha falta, pero ¿tú la ves por alguna parte? ¡Al final no hizo nada! Cuando lo oíamos hablar en los mítines, de una manera tan educada y convincente, pensamos que había cambiado y le dimos toda nuestra confianza. En cierto modo estábamos hasta orgullosos de él. De hecho, cuando el Carachucho consiguió la alcaldía le hicimos una fiesta en el barrio con tablao, banderines y paella a tutiplén. Actuó la Chochonabo, una mariquita muy graciosa de aquí, y nos curramos una placa con la inscripción “Para un Alcalde del barrio”, pero ni acudió ni se disculpó. Se la entregamos a su madre, que emocionada la colgó en el rellano para que pudiera verla todo el mundo, pero la robaron. Dicen las malas lenguas que fue el propio Carachucho y que la vendió por Internet firmada y todo. Me lo creo.

No, no entiendo cómo llegó a presidente. Para esto sí que no lo voté, qué quieres que te diga, pero me imagino que se ganó al país mintiendo como siempre, que en eso era rey.  Además, ¿no es eso lo que hacen todos los políticos? A mí no me extraña que lo hayan detenido por el Caso Guarderías, porque, como te dije antes, le he visto robando a los niños. Ahora, que también mangan los demás, eh, y se han criado en barrios elegantes. Porque no digo yo que el Carachucho no tenga culpa, pero tampoco habrá robado más que otros… Sí, me enfado porque antes los periódicos lo alababais porque había salido de un barrio obrero y ahora le dais caña diciendo que es un ladrón precisamente por venir de un barrio humilde. Y sí, tenéis razón, pero contáis las cosas como os conviene, cojones, y a su madre, que es un pedazo de pan, la tenéis amargadita. Ella, que creía que su hijo había sentado cabeza, se encuentra cada dos por tres con las noticias de corrupción de su Vicente, y no la escupen a la cara porque aquí se la quiere mucho y se la protege de los indeseables que venís a darle por culo. ¿Que por qué hablo yo? Porque me estáis pagando, así de claro, y me hace falta el dinero para dos chiquillos que comen como pitones siberianas. ¡Yo qué cojones sé si existen o no las pitones siberianas! Es una forma de hablar… Pero mi nombre no lo pongáis, eh, que no quiero líos, y el dinero me lo dais en metálico que no quiero saber nada de los bancos… Ah, y si habláis con el Carachucho en la trena, como me habéis dicho, pedidle mi Zippo, aunque seguro que lo ha vendido ya.

Por cierto, ¿cuándo sale esto?

EL EXPRESIDENTE VICENTE PÉREZ,  DELINCUENTE JUVENIL CON UN HIJO SECRETO

Un vecino de Vicente Pérez afirma que el expresidente fue un conocido delincuente en su barrio, un drogadicto y que tiene un hijo secreto con la dueña de un bar de la zona.

Luis Sanz fue vecino y amigo íntimo del expresidente del gobierno Vicente Pérez, con el que insinúa pudo tener una relación íntima. Sanz, que conoce todos sus secretos, afirma que el expresidente, conocido en el barrio como el Carachucho “por lo perro que era”, fue un peligroso delincuente que quiso atentar contra el Talgo. En sus reveladoras declaraciones, Luis Sanz asegura que Pérez se drogaba y que tiene un hijo secreto con Aurora, la dueña del bar Casa Aurora, a la que entrevistaremos en exclusiva próximamente. Además, Luis Sanz, que ha sido pareja sentimental de la madre de Vicente Pérez, cuenta que cuando este ya era alcalde fue a casa de la madre para robarle… (blablablabla).

Autor

  • José Manuel Serrano Cueto

    José Manuel Serrano Cueto (Cádiz, 1976) es licenciado en Dirección de Escena. Es autor de numerosos artículos y libros sobre cine, entre ellos ‘Tod Browning’ y ‘Vincent Price. El villano exquisito’. En 2006 dirigió el cortometraje ‘Río seco’ y en 2012 estrenó su largo documental ‘Contra el tiempo’, nominado al Goya como Mejor Película Documental y a las Medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos. Es director también del conocido corto ‘Pelucas’ y acaba de dirigir ‘Yo quise hacer Los bingueros 2’. Es miembro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.

2 thoughts on “El Carachucho

  1. Ja ja. ..buenísimo y superada la ficción y lo real de q los periodistas finalmente tergiversan y magnifican para vender sin escrúpulos. Me ha gustado mucho. Gracias por compartirlo.

  2. Querido Mané, hermano, me he reído mucho con tu relato. Y hasta creo adivinar en quién te has inspirado para el Carachucho. Tu relato tiene un tono quiñonesco, sobre todo cuando Luis Sanz se dirige al periodista. La narración es ágil, atractiva, y la historia, un símbolo irónico y satírico de esta España nuestra. Enhorabuena.

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