“Cuando te responsabilizas de tu voz, eres más consciente del poder que tienen tus palabras”

Entrevista¦ Ellen Duthie

¡Pellízcame! es el cuarto título de la serie de Filosofía visual para niños de Wonder Ponder, un proyecto pensado, mimado y también disfrutado plenamente por Ellen Duthie y la ilustradora Daniela Martagón. Con esta nueva entrega, autora e ilustradora invitan a los niños (y también a los mayores) a preguntarse sobre la realidad, la imaginación y los sueños a través de una caja libro, cargada de sorpresas, para “abrir, mirar y pensar”.

En primer lugar, daros la enhorabuena por este cuarto título de la colección Wonder Ponder. Podemos empezar recapitulando sobre esta iniciativa de filosofía visual para niños ¿Cómo nace la idea y cómo ha ido evolucionando a lo largo de estos cuatro títulos?

El proyecto de Filosofía visual para niños empezó hace cinco años, en un aula de Educación infantil, con niños de cuatro años. Fue en el marco de un proyecto en una escuela pública de Madrid, “Filosofía a la de tres”, en el que acompañé a un mismo grupo dos años, desde sus tres hasta sus cinco años, con sesiones de diálogo filosófico cada dos semanas. Usaba muchos estímulos diferentes, pero principalmente usaba literatura, álbumes ilustrados, como detonante de preguntas y de diálogo.

Podemos decir entonces que el proyecto nace a partir de una experiencia concreta. No piensas que puede funcionar, sino que sabes que funciona y cómo funciona antes de empezar.

Exacto. Realmente fue una especie de experimento en el aula. Sentía que necesitaba algún mecanismo que permitiera a los niños y niñas comparar distintas situaciones. Y se me ocurrió una serie de escenas o situaciones que pudieran mirar, a las que pudieran reaccionar, sobre las que pudieran preguntar.

La ilustradora Daniela Martagón fue mi cómplice desde el principio en el experimento y cuando me enseñó las escenas y sobre todo cuando las llevé al aula, supe que había dado con algo que valía mucho la pena explorar.

Así que sí, el proyecto editorial surge de una experiencia exitosa en la práctica, entre otras cosas.

Si tuviéramos que definir qué son las cajas de Wonder Ponder resultaría complicado: libro, juego de mesa, herramienta educativa… ¿Cuál es su uso ideal? ¿Cómo crees que funcionan mejor?

No sé si hay que elegir. Puede ser todas esas cosas en distintos contextos y en distintos momentos. Son libros, que se pueden leer como tales. Puede plantearse como un juego de mesa. Y puede usarse también como herramienta en el aula. Esa idea de flexibilidad y de apropiación en el uso estuvo ahí desde el principio también. Son lo que los lectores hagan de ellas, en algunos sentidos.

Hace poco estuvimos dando formación a comerciales de la distribuidora. Y cuando acabamos, se acercó un señor de la plantilla, casi en edad de jubilación, y nos dijo, aliviado: “¡ahh! esto lo que son es ‘libros para hablar’”. Y sí, también son eso.

¿Crees que los adultos estamos preparados para acompañar a los niños a través de este interesante mundo de preguntas y reflexiones? Te lo pregunto porque muchos adultos no están acostumbrados a preguntarse y reflexionar sobre el mundo que les rodea.

Creo que los adultos, especialmente en su relación con los niños, se sienten más cómodos en el terreno de la certidumbre que en el de la incertidumbre, y requiere algo de relajación, algo de redefinir nuestra relación con las preguntas, algo de pensarnos como coinvestigadores y coexploradores del mundo, que requiere un poquito de práctica. Pero realmente lo principal es acostumbrarse a no tener las respuestas.

Esa es otra cuestión, acostumbrarse a que no todo tiene respuesta y que no es necesario responderse a todo. Hay algo lúdico en preguntarse y en investigar, pero también te ayuda a avanzar, ¿no te parece?

Sin duda. Ese aspecto lúdico de preguntarse sin presión de correr a contestar o de dar con la respuesta correcta ayuda y acostumbra a ir más allá de una primera pregunta. En el momento en que te permites ir a una segunda y a una tercera, estás avanzando en el sentido de que estás comprendiendo la complejidad de cualquier pregunta, el alcance de cualquier duda. Y es lo que hay que tener en cuenta para siquiera tratar de responder. En ese juego de ir de una pregunta a otra se profundiza en distintos sentidos.

Ellen Duthie con un ejemplar de ‘¡Pellízcame!’.

¿Crees que el sistema educativo (y, en general, la educación que reciben los niños, tanto en casa como en el colegio) actual propicia la compresión de la realidad desde la experiencia crítica?

Con pocas y preciosas excepciones de maestras y maestros y profesores concretos, el sistema educativo actual, a pesar de presentarse teóricamente con pretensiones en este sentido, no propicia en absoluto el espíritu crítico. Sigue siendo un sistema principalmente regurgitativo, donde la voz de los alumnos y el interés de los alumnos por el mundo, incluso por el temario que toca aprender, está absolutamente encorsetado y falto de flexibilidad.

A mí me interesan sobre todo las preguntas que reciben los niños en la escuela y la relación con la pregunta que se establece, en general, en torno al aprendizaje.

En este sentido, ¿qué le aporta a los niños tener la oportunidad de acercarse a la filosofía desde muy pequeños a través de iniciativas como las cajas de Wonder Ponder?

Una de las cosas básicas que le aporta es la sensación de tener voz. Y lo interesante es que cuando tienes voz de verdad, no solo se ve como un derecho, sino como una responsabilidad. Importa lo que dices, se tiene en cuenta, se critica, aporta y construye el diálogo con los demás. Esto resulta emocionante para ellos.

De algún modo, entonces, les ayuda también a asumir su relación con los demás desde el respeto al otro y a sí mismo, ¿no?

Sí, esto también es muy importante, y tiene que ver con esa responsabilidad de la que hablaba antes. Cuando te responsabilizas de tu voz, eres más consciente del poder que tienen tus palabras, de cómo pueden afectar a los demás y de qué pueden aportar a los demás.

Una de las láminas incluidas en ‘¡Pellízcame!

Esta cuarta entrega es una invitación a reflexionar sobre las múltiples facetas de la realidad. Puede ayudar a delimitar, o tal vez a aceptar, la débil barrera que, en ocasiones, separa esa realidad de lo soñado o imaginado. Creo que esta propuesta es especialmente interesante, dado el peso que ha alcanzado el contexto virtual (redes sociales, inmediatez de las comunicaciones, generalización de los dispositivos electrónicos…) en nuestras vidas. ¿Podrías comentar esta cuestión?

Sí, en ¡Pellízcame! queríamos invitar a pensar en la realidad, el mundo que damos por hecho, desde el máximo número de perspectivas diferentes. Además de los planteamientos más clásicos de la filosofía desde los que se ha cuestionado la naturaleza de la realidad (¿podríamos estar soñando? ¿nuestros sentidos nos muestran la realidad tal y como es o podría ser de otra manera?, etcétera), queríamos incorporar también escenas que hicieran pensar en asuntos especialmente actuales en ese sentido. Efectivamente, el contexto virtual se ha fundido en muchos sentidos con nuestro contexto real y esto plantea muchas preguntas interesantes específicas de nuestro tiempo. Al mismo tiempo, tratamos de evitar referencias a tecnología específica o muy de nuestra época porque queremos que los libros duren en el tiempo y que resulten interesantes también dentro de veinte años.

Por eso, por ejemplo, queríamos plantear una escena que hiciera pensar en la relación actual con la fotografía, con los selfies, etcétera, pero queríamos evitar referencias tecnológicas temporales o limitarlo a ese aspecto concreto. Así que tenemos una escena donde una pintora está retratando a un rey con modificaciones que digamos que le favorecen o le convierten en alguien que no es.

Siempre tratamos de incluir, pero también trascender, el momento concreto actual para que sea más universalmente interesante y que enganche desde distintas edades y por distintos motivos.

Sí, se nota que todas las escenas están cuidadas al máximo en muchos sentidos. También creo que se evita, de algún modo, caer en la tan trillada “corrección política”. La historia del póster-cómic incluido en la caja, por ejemplo, es realmente terrorífica, pero es que el miedo también forma parte de la realidad…

Sí, hacemos un trabajo de edición muy muy, minucioso, en el que lo leemos pensando en muchos tipos de lectores y tratando de encontrar siempre el tono que nos gusta, sin ser nunca paternalistas, sin ser tampoco nunca “colegas” de los niños, sin dulcificar, pero al mismo tiempo sin asustar innecesariamente. Para eso también usamos mucho el humor.

¡El póster es terrorífico pero también gracioso!

Sí, sin duda. Las dos cosas van unidas en muchas ocasiones.

Es gracioso porque a los adultos les asusta bastante más que a la mayoría de los niños con los que lo hemos leído. El humor es una de las claves, creo, en lo que hacemos. Lo usamos de muchas maneras diferentes y muy conscientemente.

Wonder Ponder es juego, es filosofía, pero también es literatura entendida de una manera muy particular porque requiere que el “lector” complete inevitablemente el relato. Desde este punto de vista, ¿cómo te has planteado la creación de estos títulos?

El aspecto literario de Wonder Ponder me interesa mucho, porque no siempre tenemos ocasión de hablar de ello (el aspecto filosófico y el educativo suele dominar las entrevistas).

Concebimos cada caja como un mundo literario, con un ambiente determinado, con un paisaje, con unos personajes que ocasionalmente reaparecen. Pero también cada una de las escenas es una escena literaria independiente, con su posible extensión en la mente del lector: el antes, el después, lo que hay más allá del marco de la página, de la tarjeta.

Me resulta fascinante ese trabajo literario tan peculiar, en el que hay que tener en cuenta todas las distintas direcciones en las que irá la mente del lector al mirar la imagen, pero nunca determinar la dirección en la que irá.

Me parece que se establece un juego poético muy interesante entre las diferentes escenas y lo que proponen… Estamos acostumbrados a una literatura para niños (y, en general, todas las propuestas culturales para ellos) que no parece dirigida a personas pequeñas sino a personas que no son capaces de entender o pensar por sí mismas.

Sí, una de las cosas que reivindicamos nosotras en la literatura infantil es que no es necesario que se entienda todo. Hay algo gustoso en casi entender pero no del todo, o en descubrir a los seis años que algo que estabas viendo de una manera con cuatro en realidad era esta otra cosa.

Por último, ¿cómo reaccionan los niños cuando se les proponen experiencias como éstas? ¿Hay alguna anécdota que te parezca especialmente interesante o reveladora?

Yo diría que la reacción más habitual, una vez que se dan cuenta de que no se les está pidiendo que acierten la respuesta (un impulso que tienen muy entrenado de la escuela y también de otros ámbitos), es euforia.

Que su voz cuente y que interese es muy estimulante y emocionante.

Mª Ángeles Robles

Autor/a: Mª Ángeles Robles

Soy periodista especializada en temas culturales. He trabajado en Diario de Cádiz, en la agencia de noticias Europa Press y he sido redactora y fundadora del periódico El Independiente Cádiz. Colaboradora habitual de diversas publicaciones culturales en las que he escrito de teatro, cine y literatura.

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